Una catástrofe nuclear es una amenaza constante para el mundo. A diferencia de Chernóbil, los posibles accidentes nucleares actuales no responderían a fallas operativas, o de un desastre natural, como fue el caso de Fukushima. El verdadero peligro ahora es la guerra.
Desde hace cuatro años, las autoridades nucleares del mundo tienen la mirada puesta en Ucrania, país invadido por Rusia en febrero de 2022. Ucrania alberga 15 reactores nucleares y la mayor planta de energía nuclear de Europa: Zaporiyia.
La central nuclear de Zaporiyia, ubicada a las orillas del río Dniéper en el sureste de Ucrania, es la más grande de Europa, con 6 reactores VVER-1000 capaces de producir, en su conjunto, alrededor de 6000 MW de electricidad.
Hasta que la guerra con Rusia estalló en 2022, estos reactores llegaron a abastecer más de un 20% de la demanda de electricidad de Ucrania.
Sin embargo, los constantes bombardeos contra las instalaciones nucleares y la destrucción de la represa de Kajovka, que suministraba los volúmenes de agua necesarios para llevar a cabo el proceso de fisión, limitaron la capacidad de producción de los reactores, cuya actividad se volvió peligrosa al no contar con las garantías de funcionamiento necesarias.
Actualmente no produce electricidad, pero debe tener un suministro externo constante para refrigerar el combustible y evitar el riesgo de fusión de sus núcleos.
En octubre, la planta recuperó el suministro eléctrico exterior tras un corte de un mes que obligó a activar generadores diésel para las labores de enfriamiento. Este suministro externo ha fluctuado en la guerra, e incluso ha quedado suspendido por varias semanas.
“Sin un suministro eléctrico externo confiable, ninguna central nuclear puede operar con seguridad, ni siquiera estando parada”, dijo en enero Rafael Grossi, el director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
Desde el inicio del conflicto, la agencia de Naciones Unidas ha logrado cinco treguas locales para permitir la reparación de las líneas eléctricas dañadas. La más reciente fue anunciada el 26 de marzo.
Hasta que la guerra con Rusia estalló en 2022, la planta de Zaporiyia llegó a abastecer más de un 20% de la demanda de electricidad de Ucrania.(FOTO: Carl Court/Getty Images)
Chernóbil, de nuevo en la mira
Los riesgos no se limitan a Zaporiyia; Chernóbil , al norte del país, también ha sido alcanzada por la guerra
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Ucrania denunció en octubre de 2025 que un ataque de artillería rusa dejó sin electricidad a la estructura que protege parte de la planta nuclear parcialmente destruida en el accidente de 1986.
"Como resultado de las sobretensiones, el Nuevo Confinamiento Seguro, una instalación clave que aísla la cuarta unidad destruida de la central nuclear de Chernóbil y evita la liberación de materiales radiactivos al medio ambiente, quedó sin electricidad", indicó el ministerio en Telegram.
Esta gran estructura metálica se instaló en 2016 y se inauguró en 2019 con el objetivo de contener los restos radiactivos de la central tras el accidente nuclear de 1986, el peor de la historia.
Sin embargo, la agencia constata que no hay "daños permanentes en las estructuras portantes ni en los sistemas de vigilancia".
"Se han realizado reparaciones temporales limitadas en el techo, pero una restauración rápida y completa sigue siendo esencial para prevenir un deterioro adicional y garantizar la seguridad nuclear a largo plazo", declaró Grossi, citado en el informe.
La planta de Chernóbil, el lugar del peor desastre nuclear del mundo, fue cerrada para siempre el 15 de diciembre de 2000.(FOTO: Yuri Kozyrev/Getty Images)
Irán también vive en vilo
Además de Ucrania, hay otro país en medio de un conflicto bélico cuyas instalaciones nucleares están en peligro. Se trata de Irán.
En junio del año pasado, los ataques de Israel y Estados Unidos contra la república islámica apuntaron directamente a las instalaciones nucleares de Irán, país al que acusan de buscar hacerse de una bomba atómica.
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Irán niega estas acusaciones y asegura que su programa nuclear tiene fines civiles.
Desde el principio del conflicto, ha generado preocupación sobre los peligros potenciales de fugas de material nuclear.
“Quisiera subrayar que la situación actual es sumamente preocupante. No podemos descartar una posible liberación radiológica con consecuencias graves, incluyendo la necesidad de evacuar áreas tan extensas o incluso mayores que las grandes ciudades”, dijo Rafael Grossi del OIEA en una conferencia de prensa el 2 de marzo.
Los ataques israelíes y estadounidenses también han alcanzado la planta de Bushehr, con el único reactor operativo del país.
La planta nuclear de Busherhr ha sido objeto de ataques al menos cuatro veces desde el inicio de la guerra. (FOTO_ Yuri Kozyrev/Getty Images)
Desde el inicio del conflicto el 28 de febrero, la central, construida en parte por Rusia y en cuyo funcionamiento participan técnicos de la corporación estatal rusa de energía atómica Rosatom, ha sido objeto de ataques al menos cuatro veces.
El 4 de abril, un agente de seguridad murió en un ataque que no dañó la instalación, según un medio estatal iraní y un análisis de imágenes por satélite del OIEA.
Grossi declaró dos días después que los ataques a sólo 75 metros del perímetro de Bushehr, "constituyen un peligro real" y "deben cesar".
Los ataques cerca de la central "podrían provocar un grave accidente radiológico con consecuencias perjudiciales para la población y el medio ambiente en Irán y más allá", declaró Grossi, tras el bombardeo de Estados Unidos e Israel contra la planta, situada en el sur de Irán.
Bushehr, construida con ayuda de Rusia, es el único reactor nuclear de energía operativo en Irán, según el OIEA.