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OPINIÓN: El problema de Twitter no es a quién verifica, es el odio

Las reglas de la empresa respecto a las amenazas de violencia y acoso se violan impune y regularmente, a veces con la venia oficial de la misma plataforma social, apunta Kara Alaimo.
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Twitter Dar prioridad a la relevancia periodística al valorar si algo representa un abuso no sirve al interés público. (Foto: Lightcome/Getty Images/iStockphoto)

Nota del editor: Kara Alaimo es profesora asistente de Relaciones Públicas en la Universidad Hofstra y autora del libro Pitch, Tweet, or Engage on the Street: How to Practice Global Public Relations and Strategic Communication. Fue portavoz de la oficina de asuntos internacionales del Departamento del Tesoro de Estados Unidos durante la presidencia de Obama. Síguela en Twitter como @karaalaimo . Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

(CNN) — Esta semana, Twitter dejó de verificar cuentas luego de que le gente denunciara que la empresa le había otorgado la codiciada palomita azul junto al nombre de usuario a Jason Kessler, un supremacista blanco estadounidense. Sin embargo, en un esfuerzo por arreglar un desastre de relaciones públicas, la empresa está tratando de resolver el problema equivocado.

Según la imprecisa explicación publicada en su sitio web , Twitter certifica la identidad de las cuentas de personas de alto perfil como políticos, celebridades y periodistas cuando son "de interés público". Así, los lectores saben que son reales. Eso es importante porque los usuarios han tratado de hacerse pasar por personas como António Guterres, quien ahora es Secretario General de la ONU.

Sin embargo, Twitter recibió duras críticas por haber verificado la cuenta de Kessler porque la verificación da la impresión de que el gigante de las redes sociales podría aprobar sus puntos de vista.

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Sería indignante que Twitter insinuara que las posturas de Kessler son aceptables. Como se puede ver en su biografía en Twitter, Kessler ayudó a organizar la protesta Unite the Right que se llevó a cabo en Charlottesville, Virginia, en agosto. El evento suscitó una manifestación en contra y, cuando un auto arrolló a la multitud, murió Heather Heyer, una manifestante antiodio de 32 años. Otras diecinueve personas resultaron heridas. Además, en el perfil de usuario de Kessler se puede ver la bandera de la Confederación. Luego de que verificaran su cuenta, el miércoles 8 de noviembre, Kessler presumió en Twitter que se había ganado la marca de "distinción" de la plataforma.

Es imposible que Twitter apruebe las ideas de Kessler, ¿o no?

Hay una fina línea y aquí es en donde entra en juego el verdadero problema de la red social. Twitter no tiene un problema de verificación. Tiene un problema de odio. Las reglas de la empresa respecto a las amenazas de violencia y acoso se violan impune y regularmente… a veces con la venia oficial de la misma plataforma social.

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La palomita azul de Kessler generó tantas quejas que Twitter reconoció el jueves 9 de noviembre que "la verificación tenía la intención de acreditar la identidad y la voz, pero se interpreta como respaldo o indicador de importancia". Esa parte es verdad. Sin embargo, la empresa también anunció que "reconocemos que nosotros creamos esta confusión y que tenemos que resolverla. Hemos pausado todas las verificaciones generales mientras trabajamos y les informaremos pronto". Ahí es en donde la empresa se equivocó. En vez de reevaluar su proceso de verificación, deberían estar reevaluando su reacción al odio o a los abusos en su plataforma.

En las Reglas de Twitter se reconoce que uno de los factores que la empresa toma en cuenta cuando evalúa los abusos es si "la conducta tiene relevancia periodística y es de interés público genuino". Pero tomar en cuenta si algo tiene relevancia periodística al decidir si constituye un abuso no es de interés público. En septiembre, por ejemplo, cuando le consultaron a Twitter por qué no habían hecho algo respecto a uno de los tuits de Donald Trump, en el que se leía que el presidente y el ministro del Exterior de Corea del Norte podrían no "estar por aquí por mucho tiempo", la empresa señaló que dejó que el tuit permaneciera porque tenía relevancia periodística.

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Esto significa que si eres famoso y poderoso (y por ende, tienes relevancia periodística), es más fácil que te salgas con la tuya acosando a la gente en línea. En otras palabras, se inculca un sistema de explotación de parte de los poderosos.

Pero nadie debería tener permitido abusar de la gente en Twitter, sin importar cuánta "relevancia periodística" tenga. Twitter debería aplicar las mismas reglas a toda la gente. Lo que están haciendo ahora es nada menos que discriminación. Claro que agradeceríamos que nos aclararan más el proceso de verificación. Por ejemplo, la empresa ha negado repetidamente mis solicitudes de certificación de mi cuenta de Twitter sin explicación alguna pese a que cumplo los requisitos de su sitio web.

Pero ese no es el problema real. Si Twitter siguiera sus propias reglas sobre respaldar lo que es de interés público, no terminarían verificando cuentas de supremacistas blancos ni de otras personas llenas de odio porque esas cuentas no existirían, para empezar. El verdadero problema de Twitter es que las reglas oficiales permiten que la gente pregone el odio y el abuso… si son lo suficientemente importantes.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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