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OPINIÓN: Inseguridad, un sentimiento de malestar acompañado de la corrupción

México sigue siendo una economía con poca competencia porque siguen existiendo grupos que se oponen a reformar las instituciones y no quieren perder sus privilegios, opina Jorge Sánchez Tello.
La corrupción
La corrupción ha permeado a todos los partidos partidos políticos y también a parte de la sociedad. (Foto: Paolo Schorli/Shutterstock / Paolo Schorli)

Nota del editor: Jorge Sánchez Tello es investigador asociado de la Fundación de Estudios Financieros-FUNDEF A.C., centro de investigación independiente con sede en el ITAM. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) — La violencia crea un sentimiento de inseguridad ciudadana, que debe obligar al gobierno a tomarlo como una señal de alarma por parte de una sociedad en crisis. En México hay señales de que existe una estrategia para desestabilizar algunas zonas del país, es de llamar la atención que esta violencia se ha incrementado a partir de la aprobación de las reformas que el país necesita y sobre todo a partir de que ha iniciado el proceso electoral del 2018.

Hay que reconocer que a pesar de los avances que se ha tenido en el país, todavía falta mucho camino para que México sea un país desarrollado y sobre todo en paz, sería un error no analizar con rigor y profundidad las consecuencias de que siga creciendo ese sentimiento angustiante de inseguridad ciudadana.

Este sentimiento de malestar ciudadano viene acompañado por un tema que nos ha lastimado a todos como sociedad, la corrupción.

Lee: 4 claves para combatir la corrupción

La corrupción ha permeado a todos los partidos partidos políticos y también a parte de la sociedad. En el Reporte Global de Competitividad 2016-2017, estamos en el lugar 116 de 138 en el pilar de Instituciones; en desvío de recursos públicos, en el lugar 124 de 140; en el comportamiento ético de las empresas, en el 112 de 138. Es decir, tenemos un problema grave de corrupción.

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nullComo mexicanos ya tenemos de por sí tremendos desafíos en nuestra vida personal como para sumar la incertidumbre de vivir en un país donde un grupo de personas quieren mermar las instituciones que con tanto trabajo se han construido. Cuando el esfuerzo individual o social no encuentra respuesta proporcional, surgen, de manera natural, falsas alternativas. Está probado que la tensión entre lo deseado y la cruda realidad genera frustración, y ésta, a su vez, violencia.

Lee: México, ante reto de blindar la elección de actos corruptos

Es importante no despertar al “México bronco”, recomendaba Jesús Reyes Heroles. Para evitar despertar a ese país que mediante la violencia podía poner en jaque a las instituciones, habría que dar voz y voto a la disidencia política. Esta famosa frase la pronunció por primera vez hace casi cien años Porfirio Díaz, el 31 de mayo de 1911, a bordo del buque alemán Ipiranga, cuando partía de Veracruz rumbo al exilio francés: “Adiós Patria querida, no vayan a despertar al México bronco”.

Afortunadamente, en este México del siglo XXI existen las vías institucionales para manifestar inconformidades y si bien, no tenemos una democracia perfecta, permite que todas las expresiones ideológicas estén representadas en los diferentes partidos políticos.

Lee: Cómo perciben los mexicanos la corrupción

La impunidad es un fenómeno extendido y, junto a la corrupción, es un problema grave, en particular a nivel estatal, entre las fuerzas de seguridad y el sector judicial. Durante muchos años se gastó dinero en educación y seguridad, pero se conservaron y fortalecieron incluso las estructuras políticas y sociales autoritarias, corruptas y oligárquicas.

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Las instituciones son reglas de comportamiento humano que tienen arraigo en la ideología y los hábitos y son al mismo tiempo reglas de comportamiento económico que regulan el conflicto social y definen el acceso a la riqueza. El enfoque institucional que el economista Douglas North ha dado en la definición de los costos de transacción, los derechos de propiedad y en general en la configuración de la economía, la influencia del poder político es determinante.

No podemos culpar al modelo de economía de mercado para atribuirle el mediocre crecimiento económico en México y la persistencia de altos índices de pobreza e inequidad cuando en realidad estamos todavía muy lejos de ser una economía de libre mercado.

México sigue siendo una economía con poca competencia y una mala distribución del ingreso porque siguen existiendo grupos que se oponen a reformar las instituciones y no quieren perder sus privilegios. El proceso de creación de las buenas instituciones es un proceso histórico, complejo e indeterminado, pero en el cual la creciente participación de la sociedad empuja y presiona a las élites por políticas más incluyentes.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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