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OPINIÓN: Incertidumbre, la palabra que describe el panorama financiero en 2018

En este año se juntan muchos factores que afectarán el comportamiento de los mercados globales y un panorama complejo para México.
¿Crisis a la vista?
¿Crisis a la vista? La última gran crisis de México está cumpliendo 23 años, hoy tenemos un país muy distinto al de aquella época, pero corremos el riesgo de haberlo olvidado. (Foto: Ilyafs/Shutterstock / Ilyafs)

Nota del editor: Fernando Castro es actualmente director de Fondos de deuda en GBM. estudió Ingeniería Industrial en la Universidad Panamericana, tiene un diplomado en manejo de fondos en la Universidad de Pensilvania y un MBA en Administración en el ITAM. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) — En un mundo tan globalizado es imposible hablar de expectativas para un país sin analizar el entorno, por lo cual le tenemos que dedicar buena parte del análisis al contexto mundial.

Si quisiéramos describir el panorama financiero para el 2018 con una sola palabra sin duda sería “incertidumbre”. En este año se juntan muchos factores que afectarán el comportamiento de los mercados globales; siempre existen factores de riesgo, son parte inherente de estos mercados, pero particularmente en 2018 veremos un entorno distinto al que hemos visto en los últimos años.

A partir de la crisis financiera de 2008, los principales bancos centrales han estado apoyando a sus respectivas economías mediante políticas monetarias, en muchos casos nunca vistas como la recompra masiva de sus propios bonos u otros activos financieros. Los reflejos de esto han sido tasas anormalmente bajas, en muchos casos incluso negativas, un concepto difícil de entender, y que implica ciertas distorsiones que no son menores, pero vayamos por partes:

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En Asia no se ven cambios relevantes tanto en datos económicos como en políticas monetarias. Japón seguirá creciendo a tasas por arriba de 1.25% y su banco central seguirá buscando apuntalar crecimiento e inflación mediante recompra de bonos, aunque recientemente ha dado indicios de que sus políticas monetarias han surtido efecto y quizá sea el momento de soltar un poco el acelerador.

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China la dejaremos fuera del análisis porque aunque es una de las economías más importantes, deberá estar más enfocada a fortalecer su sistema financiero, y hasta ahora su política monetaria no ha tenido un efecto muy relevante en las tasas del resto del mundo

Del lado de Europa en cambio vamos a ver una economía con las mejores perspectivas en más de una década (crecimiento, empleo y consumo interno principalmente), y simultáneamente un banco central que dada su agresividad en apoyos cuantitativos durante los últimos años, tendrá que retirar estos de manera acelerada. Esto deberá tener un efecto significativo en los niveles de tasa para toda la eurozona y en cierta medida para el resto del mundo. Para poner las cosas en contexto, podemos mencionar el caso de las tasa de los bonos alemanes a 10 años que se encontraba alrededor de 4.00% en 2007 y hoy está en niveles de 0.30%.

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En Estados Unidos, la economía se encuentra en pleno empleo, y aun así el mercado de bonos no contempla alzas de tasa significativas para los siguientes años, esto en otras palabras quiere decir que las tasas de largo plazo se encuentran con premios o diferenciales mínimos respecto a las de corto plazo, e implica un riesgo para los inversionistas que poseen estos bonos por el ajuste que podrían sufrir al alza (recordemos que las tasas tienen una relación inversa con el precio, por lo que un alza de tasas implica pérdidas o minusvalías para los portafolios).

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Todo esto para México se traduce en un entorno complejo; el hecho de que los activos financieros a nivel mundial se encuentren en general sobrevalorados, (tanto los bonos como las acciones están en los precios históricos más altos o muy cerca de ello) obliga a los grandes manejadores de fondos a seleccionar cuidadosamente sus inversiones, y a reaccionar de una manera más rápida ante cambios en el entorno o expectativas, si agregamos la incertidumbre respecto al resultado final de la renegociación del NAFTA y las elecciones presidenciales, donde existe el riesgo de cambiar el modelo económico actual por uno sustancialmente distinto y menos propicio para la inversión (por decir lo menos), el resultado es un país con un panorama particularmente incierto.

A nuestro favor tenemos unas finanzas públicas sanas, una tasa de interés atractiva para capitales extranjeros, una divisa y mercados financieros internos muy líquidos y un banco central que goza de total independencia para cumplir su objetivo, pero todo esto no se construyó de la noche a la mañana y debemos ser muy cuidadosos en que así permanezca. La última gran crisis de México está cumpliendo 23 años, hoy tenemos un país muy distinto al de aquella época, pero corremos el riesgo de haberlo olvidado.

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