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OPINIÓN: La posibilidad de una mayor pobreza en 2018 es mucho más clara

El temor a perder la precaria estabilidad económica será un fuerte incentivo a favorecer políticas de continuidad, opina Rodolfo de la Torre.
dom 24 diciembre 2017 07:00 AM
Pobreza en México
Pobreza en México De acuerdo al Coneval, el ingreso laboral ha tenido una reducción de 2.1% del tercer trimestre de 2016 al mismo periodo de 2017. (Foto: Tercero Díaz)

Nota del editor: Rodolfo de la Torre es director del Programa de Desarrollo Social con Equidad del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) y profesor afiliado del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Maestro en Economía por la Universidad de Oxford, ha sido Coordinador de la Oficina de Investigación del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y miembro del Comité Técnico de Medición de la Pobreza, que antecedió al Coneval. Lo puedes seguir en Twitter como @equidistar . Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) — El día en que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) anunciaba a José Antonio Meade como su abanderado para las elecciones del 2018, el Wall Street Journal advertía signos de recesión en México y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) señalaba un aumento en la población con ingreso laboral menor al valor de la canasta alimentaria. Semanas atrás, el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) había dado a conocer la persistencia de una elevada desigualdad económica.

La fragilidad económica, la amenaza de una mayor pobreza y la falta de cohesión social son los elementos del desempeño reciente del país que se heredarán al 2018 como los más grandes retos sociales. Estos retos se verán afectados por el proceso electoral y a su vez afectarán el mismo. Las propuestas de los candidatos podrían modificar la estabilidad económica, mientras que la pobreza y la desigualdad predispondrán a ciertas estrategias electorales y a definir lo encarnizado de la contienda.

Aún no hay elementos para hablar de una recesión, pero si de una economía vacilante. La inflación es la mayor en más de una década y ha ocasionado que el Banco de México eleve las tasas de interés de referencia a sus niveles más altos desde 2009. Esto contribuyó a que, al tercer trimestre de 2018, el PIB creciera por debajo de las expectativas, las ventas minoristas se mantuvieran por debajo de las del año pasado y el Indicador Global de la Actividad Económica resultara sustancialmente inferior a los pronósticos.

La vulnerabilidad económica no parece estar ligada a la coyuntura política, por el momento, sino a debilidades que se han venido construyendo por años y que requerirán tiempo para resolverse, como el histórico nivel de endeudamiento gubernamental. El anuncio de la candidatura de Meade no cambió notablemente la cotización del peso ni el índice bursátil, y Standard and Poors anunció que mantendría la calificación sobre la deuda soberana del país incluso ante un eventual triunfo de López Obrador.

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La posibilidad de una mayor pobreza en 2018 es mucho más clara. De acuerdo al Coneval, el ingreso laboral ha tenido una reducción de 2.1% del tercer trimestre de 2016 al mismo periodo de 2017, y la tendencia ha sido negativa en los últimos tres trimestres. Lo anterior ha elevado el número de personas que no pueden comprar la canasta mínima de satisfactores en 1.8% en el último año. La falta de dinamismo económico y la elevada inflación no auguran una reversión pronta de esta tendencia.

Los movimientos de las cifras de la pobreza han sido históricamente pequeños y se han dado en largos ciclos. De 1996 a 2006 la pobreza por ingresos se redujo constantemente, para luego aumentar de 2006 en adelante. Ninguna acción gubernamental cambiará el panorama de la pobreza, pero sus niveles actuales continúan propiciando el uso clientelar de los programas sociales, particularmente a nivel local, lo que anticipa que este tema se convertirá en uno de los más disputados electoralmente.

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La desigualdad económica (medida por el índice de Gini) permanece en altos niveles y posiblemente ascendiendo. Según el Coneval, la desigualdad de los ingresos de los hogares aumentó en la primera parte de la presente administración para luego decrecer. De acuerdo a algunos investigadores de El Colegio de México, el ITAM y el INEGI, la desigualdad económica se encuentra severamente subestimada, pero lo más importante es que al corregirla se encuentra con que ha estado aumentando por años.

Una elevada y creciente desigualdad hace ampliamente atractivos para los electores planteamientos redistributivos, como el Ingreso Básico Universal propuesto por Ricardo Anaya, independientemente de su factibilidad financiera u operativa. Pero este contexto también favorece la polarización social, la cual puede expresarse en delincuencia común, en un desafío abierto a la legitimidad del gobierno, como ocurrió con el movimiento zapatista en 1994, o en un conflicto postelectoral mayúsculo.

El panorama social para el 2018 luce muy complicado. Así se ha construido por años y tal vez por décadas. El temor a perder la precaria estabilidad económica será un fuerte incentivo a favorecer políticas de continuidad, mientras que la creciente pobreza y desigualdad actuarán, con al menos igual vigor, promoviendo un cambio abrupto en la forma de ser atendidas. Quizás el único consuelo para el ciudadano será que en 2018 tendrá en su mano el instrumento para resolver o evitar ese dilema: su voto.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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