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OPINIÓN: El proteccionismo de Estados Unidos ya le pegó a México

México vivirá choques económicos tanto coyunturales como estructurales en el año 2018, opina Iván Franco.
México-Estados Unidos
Desacoplamiento La disensión económica entre México y Estados Unidos es estructural y provocará choques para nuestro país en el corto y en el mediano plazo, señalan expertos. (Foto: Devrimb/Getty Images/iStockphoto)

Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Síguelo en su cuenta de Twitter @IvanFranco555 .Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) – La economía mexicana vivirá este año los efectos tangibles del proteccionismo de Estados Unidos. Este se reflejará como el desacoplamiento entre ambas economías, originado por la reforma fiscal aprobada en Estados Unidos y por un resultado adverso de la renegociación del TLCAN.

Durante el año 2017, el desacoplamiento fue causado por el discurso y se reflejó en un cambio de expectativas y de confianza, acompañados de una desaceleración económica, medida por la tendencia del indicador industrial mensual, que, hasta octubre, registró siete meses de cambio porcentual negativo a tasa anual (INEGI).

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Sin embargo, la disensión económica entre ambos países es estructural y provocará choques para México en el corto y en el mediano plazo.

La reforma fiscal como antecedente

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La reforma fiscal implica un cambio de paradigma global. La primera señal que Estados Unidos envió al resto del mundo es la siguiente: si gozas del poder de endeudamiento desmedido gracias al monopolio de una moneda de reserva, sigue aprovechando esa ventaja y estira a tu economía al máximo. El problema es que esa economía llegó a su máximo.

No es raro que Donald Trump, un empresario convertido en presidente, mire con desdeño a la burocracia ortodoxa. Y, en cambio, pugne por un cambio sustancial en la forma en la que la economía debe manejarse, bajo el imperio del sector privado, del que él y sus colaboradores forman parte.

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Trump apuesta por una política económica desde la esfera privada, con menor participación del sector público. Un esquema tipo crowding out, pero al revés.

Los recortes a los impuestos propuestos en el tax bill equivalen a una ampliación del déficit de 1 trillón de dólares en 10 años. Cabe señalar que, esta cantidad es poco menos de una veinteava parte de la deuda pública total de ese país. Es decir, muy poco.

Sin embargo, para que el problema de la deuda pública no explote en sus manos, los líderes republicanos en el Congreso anunciaron que la segunda etapa de la reforma fiscal contiene importantes recortes al gasto, principalmente, de programas de salud. Este es el segundo mensaje clave que Estados Unidos envía al mundo: un achicamiento de las operaciones del sector público.

Un gobierno relativamente más pequeño

Por esta razón, la reforma es una bofetada al statu quo que reconoce la importancia del gasto público como suavizador de los ciclos económicos. Estados Unidos marca un camino que dicta que la política fiscal como impulsora del crecimiento se estará encareciendo en los años próximos.

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Hace un año, en este mismo espacio, delineamos las líneas estratégicas del plan de fondeo de Trump antes que se hicieran públicas. El objetivo de su gobierno siempre ha sido la repatriación y la retención de capitales. Esto, por medio de una agresiva política fiscal que recorte los impuestos corporativos, invitando a las empresas a repatriar, a invertir o simplemente, a quedarse en ese país.

La competitividad fiscal del resto del mundo, y la de México, quedan en jaque por la reforma fiscal estadounidense. La mayor parte de los países, incluyendo a México, son entidades sobre endeudadas y con un limitado margen de maniobra para alinearse con la política fiscal de Estados Unidos.

La diferencia es que México no es una economía too big to fail. Es decir, el sobre endeudamiento público no es, ni remotamente, una buena opción para nuestro país.

nullAlgunos analistas han previsto afectaciones menores para México por el tax bill, pero su análisis de estrategia financiera y contable está incompleto, si se mira integralmente.

¿Cómo le afecta a México?

La reforma fiscal y un posible revés del TLCAN son estrategias proteccionistas que desintegran de forma estructural a ambas economías.

Estados Unidos ya está desacoplándose de la economía mexicana. Recordemos que el vínculo más importante entre ambos países es el comercio bilateral, que se refleja en la integración serial de los ciclos industriales de ambos países.

Aunque Estados Unidos se encuentra dentro de un ciclo industrial expansivo, nuestro país entró en fase de desaceleración en el año 2017. Esta es la razón por la que México podría caer en una recesión en los próximos meses.

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Una recesión puede tener diversos orígenes, desde la economía financiera, o desde la economía real. En el caso mexicano, todo indica que ambas resentirán la reforma fiscal y el porvenir del TLCAN.

De perpetuarse la política proteccionista de Estados Unidos, nuestro país tendría que buscar alternativas para amortiguar las nuevas reglas del juego.

Desde el punto de vista fiscal, debemos ser creativos y proponer medidas menos ortodoxas y regresivas. México no puede aumentar impuestos -como la homologación el IVA- cuando Estados Unidos está marcando la nueva pauta de achicar al gobierno sobre endeudado.

En todo caso, México tendría que reducir su tasa (nominal y efectiva) de ISR como lo hizo Estados Unidos e instrumentar agresivos recortes al gasto público. En otras palabras, reducir el tamaño del gobierno.

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México vivirá choques económicos tanto coyunturales como estructurales en el año 2018. Los primeros son manejables -aunque con consecuencias negativas- gracias al tipo de cambio y a la tasa de interés como dos mecanismos de defensa. Pero los choques estructurales que mencionamos son más dañinos por su carácter permanente.

Difícilmente Banxico resistirá la exigencia de aumentar la tasa de interés en varias ocasiones durante el año. La tasa de referencia no solo funciona para restringir indirectamente la liquidez en el sistema, sino también para mandar señales al mercado ante los diversos choques que se avecinan.

La verbena electoral de 2018 empañará la necesidad de adaptarnos a un nuevo entorno de política económica. Pero, pasando la elección, la cruda realidad y una recesión obligarán a un cambio de paradigma interno: o se reduce el tamaño del gobierno, o se reduce. No habrá opción.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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