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OPINIÓN: Nada afecta más a Trump que lo que la gente dice de él

Tras casi un año de su presidencia, podemos estar seguros de que el Trump obsesionado con su imagen que vimos durante décadas en Nueva York y en televisión es el real, opina Michael D'Antonio.
Donald Trump
Donald Trump Donald Trump (Foto: Jim Bourg/REUTERS)

Nota del editor: Michael D'Antonio es autor del libro Never Enough: Donald Trump and the Pursuit of Success (editorial St. Martin's Press). Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — En su más reciente tormenta en Twitter, en la que habló de todo, desde la amenaza nuclear de Corea del Norte hasta el mítico "Estado profundo" en el Departamento de Justicia, Donald Trump pasó de la comedia a la tragedia.

El clímax de la tormenta llegó con la respuesta oficial de Trump a los comentarios de Steve Bannon respecto a los hijos de Trump —Donald hijo e Ivanka— que se publicaron en el nuevo libro del periodista Michael Wolff, Fire and Fury: Inside the Trump White House.

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Bannon dijo que las reuniones de Donald hijo con los rusos, en los que le prometieron información comprometedora sobre Hillary Clinton, pudieron haber sido "traicioneras" o "antipatrióticas" y que Ivanka tenía la intención de ser presidenta algún día.

Trump respondió : "Cuando lo despidieron, no solo perdió el empleo, sino la cabeza". Las declaraciones de Trump sobre Bannon confirmaron la impresión generalizada de que es temperamental y no apto para el cargo que ostenta. De hecho, lo último que un presidente debe hacer cuando un antiguo asistente lo critica es dignificarlo con una respuesta. Sin embargo, la dignidad nunca ha sido el fuerte de Trump.

Tras casi un año de su presidencia, podemos estar seguros de que el Trump obsesionado con su imagen y exageradamente emocional que vimos durante décadas en Nueva York y en televisión es el real… y que nada le afecta más que lo que la gente dice de él.

nullDesde el principio de su carrera, cuando se moldeó como personaje digno del escenario, se dejó guiar por sus impulsos dramáticos. Trump se refirió a su vida como un " cómic " y un " espectáculo ", catalogó de enemigos a personajes públicos y creó batallas que se libraron en la prensa. Nadie era inmune a sus críticas, ni siquiera Ronald Reagan .

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Además, sus actividades empresariales diversas, incluidas sus bancarrotas colosales, se volvieron parte del espectáculo. Entonces, como ahora, buscaba la atención y su vida dependía de ello; lo movía tanto con la prensa negativa como con la positiva.

Esta dinámica se volvió tan esencial para su ser que aparentemente solo existe en relación con lo que los demás dicen de él. Las palabras, ya sea escritas, publicadas o tuiteadas, lo hacen sentir vivo. Le duele que lo ignoren.

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Un desarrollador inmobiliario y conductor de programas de telerrealidad podría tener éxito al buscar la atención por la atención misma. De esto se trata la autopromoción. Sin embargo, la investidura presidencial exige un poco más de dignidad y de fuerza discreta. Según el extracto del libro de Wolff, Trump nunca tuvo la intención de ser presidente, sino que quería ser "el hombre más famoso del mundo".

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Durante décadas, los líderes estadounidenses pusieron en práctica la doctrina de Theodore Roosevelt: "usa palabras suaves y lleva un palo grande". Pudieron hacerlo porque se conocía a Estados Unidos por su poderío económico, moral y militar. Sin embargo, para Trump, esta forma de diplomacia tradicional es una debilidad y se quejó de que el mundo se estaba "riendo" de Estados Unidos.

Tomemos por ejemplo su pleito con Kim Jong Un, de Corea del Norte. Trump permitió que un líder que usa sus propios métodos para llamar la atención (pruebas de misiles y ambiciones nucleares) lo burlara con el fin de lucir más poderoso de lo que es. Las sanciones económicas que impuso la presidenciade Trump coincidían con las políticas estadounidenses tradicionales, pero Trump interfirió y socavó su trabajo con sus respuestas aKim en Twitter.

nullHace poco, en respuesta a que Kim declarara que tiene un botón nuclear, tuiteó: "Yo también tengo un botón nuclear, pero es mucho más grande y poderoso que el suyo, ¡y el mío funciona!". El tuit fue más que imprudente o tonto. También fue irresponsable porque minó la autoridad del presidente.

Mientras tanto, Kim reaccionó con dignidad y abrió una línea de comunicación con Corea del Sur para hablar de la posibilidad de enviar un equipo a las Olimpiadas que se llevarán a cabo en Corea del Sur. Con unas cuantas palabras, Kim demostró que podía conservar su arsenal y maniobrar entre Estados Unidos y uno de sus aliados en la región.

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Desde entonces, Trump no se ha abstenido de tuitear ni ha moderado su retórica dura. De hecho, Sarah Sanders declaró, en la conferencia de prensa de los miércoles, que la Casa Blanca respalda los tuits de Trump sobre Corea del Norte.

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Sin embargo, no es gracioso no poder confiar en que tu presidente guardará silencio para no incitar una guerra. Es aterrador. ¿Por qué Trump lo hace? Vladimir Nabokov escribió un cuento, Señales y símbolos, sobre un hombre que tenía un problema parecido. De acuerdo con Nabokov, un hombre como Trump sufre de una manía que lo hace creer que todo en el mundo tiene qué ver con él a nivel personal: el crujir de las hojas, las nubes surcando el cielo, las olas del mar… todo dice algo sobre Trump.

La manía que Nabokov describe es tan buena evaluación de Trump como cualquiera. Además, este trastorno podría ser genético. Eric Trump tuiteó el martes 2 de enero que la estrella de televisión Ellen DeGeneres podría ser parte de una conspiración del "Estado profundo".

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