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OPINIÓN: La montaña inflacionaria de dinero

En México se dejó crecer y crecer la cantidad de dinero, al margen de una política fiscal expansionista con déficit y con endeudamiento sin un precedente reciente.
Inflación
Inflación Llenar de dinero nuevo a una economía de forma desproporcional es contraproducente. (Foto: tusumaru/Getty Images/iStockphoto)

Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Síguelo en su cuenta de Twitter @IvanFranco555 . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) — Quién no recuerda la coloquial frase “la máquina que imprime los billetes”, como una de las más usadas en el pasado para explicar un fenómeno monetario generador de inflación. Dado que la economía ya no está monetizada con dinero físico como lo estaba antes, esta frase ha ido perdiendo relevancia.

Sin embargo, durante gran parte de este sexenio México experimentó una importante inyección de efectivo que originó el fenómeno inflacionario que estamos viviendo. Porque estamos claros que, la inflación nunca viaja sola.

Los mecanismos de provisión del dinero nuevo de la economía los gestiona el sistema bancario a través del crédito y su efecto multiplicador. Pero, el monopolio de la impresión de los billetes es del banco central.

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Más aún, la política económica que origina la creación de nuevo dinero es la monetaria. Y, por su puesto, una política fiscal expansiva contribuye al crecimiento del dinero. La primera, utilizando bajas tasas de interés, y la segunda, con incrementos de la deuda pública fincada en nuevo dinero.

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Llenar de dinero nuevo a una economía de forma desproporcional es contraproducente. Porque eventualmente, la resaca será más intensa que los beneficios cortoplacistas de la medida.

Durante el periodo 2014-2016, la base monetaria compuesta del dinero en efectivo más los depósitos bancarios, creció a tasas de hasta más de 20% a tasa mensual en términos nominales; cuando el crecimiento de la economía registró desde 2.1% hasta un máximo de 3.9% en una base de comparación trimestral. Es decir, la inyección de dinero multiplicó varias veces al crecimiento de la economía.

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Por su parte, el crecimiento de los billetes y monedas en circulación, que representan aproximadamente un tercio de la base monetaria, llegó a crecer hasta 23% en julio de 2015 (Banco de México). La forma de la curva de crecimiento del efectivo asemeja, literalmente, a una montaña de dinero. Si ese exceso de dinero no se vincula con el crecimiento productivo, entonces, ¿a dónde fue a parar? A generar inflación.

El crédito bancario al sector privado, que es el catalizador de los fondos hacia el sistema, aumentó a una tasa acumulada de 38.1% en el periodo de referencia (2014-2016).

Sabemos que el empleo creció de forma inercial, y que los salarios se mantuvieron a raya, es decir, con incrementos muy consistentes con la baja inflación del periodo que convergió por primera vez al objetivo del banco central.

El gobierno federal, por su parte, incrementó el gasto corriente no contingente a tasas de 10.3%, 12.2%, 11.5% y 11.5% en los años que van de 2014-2017 (Banco de México). La deuda pública llegó a representar el 48.7% del PIB en 2016.

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El punto es, que el crecimiento del dinero de la economía mexicana no se frenó cuantitativamente, sino solo a través de la tasa de interés, lo cual no fue suficiente en tiempo y forma. Se dejó crecer y crecer la cantidad de dinero, al margen de una política fiscal expansionista con déficit y con endeudamiento sin un precedente reciente.

Después, vino el inoportuno gasolinazo y todo el exceso “escondido” salió a la luz en forma de inflación.

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Si la regla monetaria de Taylor sobre la tasa de interés es poco operante con tasas nominales muy bajas, como las habidas en ese periodo, existe una para guiar la cantidad de dinero provista al sistema, conocida como la regla de McCallum, que ayuda a ajustar los excesos de liquidez. Pero, parecería que hoy ya es un poco tarde.

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La pregunta relevante que debemos formularnos es si la inflación actual es realmente mala. Por supuesto que lo es, y bastante.

Cuando en México se tienen 43.6% de personas en pobreza, la inflación es más impactante aún. Incluso, una inflación de solo 3%, puede ser lastimosa en este contexto. Y, una inflación de 6% es doblemente mala.

Control de salarios para mantener la inflación baja

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El control de salarios es un caso particular del control de precios, una de las políticas más distorsionantes (y generadora de pobres) de la economía en el caso mexicano.

Milton Friedman lo dijo así: “el control de precios y salarios es una política que los gobiernos han usado como una cura para la inflación… es como una tetera en la lumbre. Cuando el agua está hirviendo y amenaza aventar la tapa de la tetera, puedes hacer dos cosas, bajar la intensidad de la lumbre de la estufa, o bien, tomar un ladrillo y ponerlo encima de la tetera y al mismo tiempo, subir el fuego al máximo”.

En buena medida, esta es la política económica de este sexenio.

El ladrillo representa al control de salarios y el fuego de la estufa representa una política fiscal y monetaria expansionista.

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Pero el control de salarios liderado por el salario mínimo no viene de esta administración únicamente, sino que viene rezagado desde hace años, bajo el argumento del “estancamiento de la productividad”.

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Reviviendo el pasado

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Esta administración revivió varias de las políticas erróneas de años pasados. Es decir, gasto público descontrolado, control de salarios y el uso de la máquina de imprimir billetes, que ya mencioné como opera.

Pero más que otra cosa, esta administración pecó de inocente o de muy negligente al combinar estas fuerzas del mercado.

Debemos ser más cuidadosos que ortodoxos con las políticas económicas. A mi entender, esta administración claudicó el orden macroeconómico y contribuyó a deteriorar los fundamentales de la economía sin un beneficio tangible.

Quizá en otro país o en otra época no habría mayor problema. Pero en un país con tantos pobres y a punto de la ebullición, es inaceptable.

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