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OPINIÓN: Qué nos dice realmente la muerte de un rinoceronte blanco

La muerte del gigante amable Sudán es una pérdida para el mundo, pero podemos empezar protegiendo a otros animales y buscando una forma de ayudar a los muchos humanos que también sufren.

Nota del editor: Jill Filipovic es periodista y trabaja en Nueva York y en Nairobi, Kenia. Es autora del libro The H-Spot: The Feminist Pursuit of Happiness. Síguela en Twitter . Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

(CNN) — Sudán, el último rinoceronte blanco del norte macho del mundo, murió a los 45 años en Kenia el martes 20 de marzo. Solo quedan dos rinocerontes blancos del norte: la hija y la nieta de Sudán. Esta especie majestuosa ha quedado casi eliminada a causa de la caza furtiva y pronto podría correr la misma suerte que el rinoceronte negro del norte: la extinción.

Sudán vivía en el centro de conservación Ol Pejeta, en Kenia, una reserva privada a la que he ido varias veces. Sus cuidadores trabajan incansablemente para proteger a los elefantes, los rinocerontes y otros animales (pero especialmente a los rinocerontes) de los implacables cazadores furtivos. Se salvó de la muerte a manos de estos contrabandistas. Sin embargo, su situación protegida es un recordatorio importante.

Es fácil que los forasteros vean una foto de Sudán y lean sobre su escolta armada y se pregunten por qué la necesitaba. ¿Por qué alguien se pondría en riesgo para evitar que alguien intente matar a un ser amenazado espectacular? ¿Por qué la aniquilación de una especie entera no sirve para disuadir a los cazadores que los cazan hasta el olvido? En el caso de algunos cazadores, la respuesta podría ser simple codicia, pero para la mayoría es una cuestión de supervivencia. El destino de una especie de rinoceronte no es muy importante si tu familia pasa hambre y tu futuro es sombrío.

Después de todo, la demanda de cuernos de rinoceronte (especialmente en China y en Vietnam, en donde se han usado desde hace mucho en la medicina tradicional) persiste y crea incentivos económicos considerables para el contrabando que los lugareños empobrecidos difícilmente pueden rechazar.

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Claro que los gobiernos y las reservas privadas como Ol Pejeta tienen que proteger a la fauna vulnerable dentro de sus confines. Pero el problema los trasciende. La reacción a la caza furtiva tiene que ser integral y mundial; deben abordarse, entre otras cosas, las necesidades económicas y la falta de oportunidades.

En Kenia, por ejemplo, consiste en reorganizar al Servicio de Fauna de Kenia, la organización que administra los parques nacionales (Ol Pejeta no está bajo control de esta dependencia) y a la que Human Rights Watch y las comunidades locales han acusado de perpetrar asesinatos extrajudiciales y de desaparecer personas , usualmente de minorías, con el pretexto de la lucha contra el terrorismo y la caza furtiva. La dependencia ha negado las acusaciones. La corrupción del gobierno keniano también compromete su capacidad de luchar productivamente contra el azote de la caza furtiva y contribuye a la inestabilidad nacional y a la pobreza generalizada, lo que a su vez genera más caza furtiva.

Sin embargo, este no es un problema exclusivo de Kenia. China ha sido uno de los principales factores en la desaparición de las especies preciadas porque ha sido el principal motor de la demanda de marfil. China prohibió finalmente el marfil a finales de 2017, tras décadas de esfuerzos de los conservacionistas, pero ese país podría hacer más para proteger a las especies, particularmente ahora que crece su huella en África.

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Los proyectos chinos de infraestructura en ese continente llevan algunos trabajos a sitios en los que la caza furtiva abunda, como Kenia (además de que benefician a la economía china y a sus intereses a largo plazo, especialmente la extracción); sin embargo, los proyectos chinos de asistencia son poco transparentes y usualmente egoístas. China está rezagada en cuanto a la asistencia sanitaria directa o al alivio de la pobreza.

En cuanto a Estados Unidos, la estrategia de "Estados Unidos es primero", del presidente Donald Trump, está haciendo que el país vuelva su atención hacia adentro y descuida no solo a la gente africana que tiene necesidades inmediatas, sino a las economías emergentes de todo el continente (desafortunadamente, en la cuestión del desarrollo y la ayuda a África, Barack Obama también fracasó).

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Estados Unidos está dejando pasar oportunidades cruciales para generar buena voluntad y mantener su influencia en los países africanos, a menudo ignorados, que tienen el potencial de volverse potencias de innovación y oportunidades. Al hacerlo, permite que la caza furtiva crezca en las poblaciones que la practican, usualmente por falta de mejores opciones.

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El cruel pasatiempo de los hijos de Trump, cazar animales africanos silvestres grandes, tampoco ayuda. Las fotos en las que se ve a Eric y a Donald Jr. (por separado y juntos), sosteniendo sus trofeos africanos, no representan caza furtiva, desde luego, y las comunidades de conservación debaten si la caza controlada ayuda o perjudica. Sin embargo, la glorificación de la cacería de especies grandes profundiza la percepción de que los animales silvestres son poco más que trofeos deseables, objetos de consumo llamativo para los ricos y no seres que sienten.

Hay muchas razones para creer que esta ideología es la base de las políticas en Estados Unidos. La nueva junta asesora que moldea las leyes estadounidenses sobre la importación de partes de animales africanos está llena de personas cuya idea de diversión es viajar a países sumamente pobres para gastar miles de dólares masacrando a seres majestuosos. Los científicos, investigadores y ambientalistas que no creen que permitir que los extranjeros ricos cacen especies amenazadas es clave para salvarlas seguramente no tendrán una oportunidad justa de hacerse oír por este grupo. Por eso, como ha ocurrido con otros esfuerzos del gobierno de Trump, una minoría egoísta y poco cualificada dictará las políticas que afectan al resto del mundo.

La muerte del gigante amable Sudán es una pérdida para el mundo. Pero no tenemos que dejar que sea en vano. Podemos empezar protegiendo a otros animales y buscando una forma de ayudar a los muchos humanos que también sufren.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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