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OPINIÓN: ¿Qué hay en un apretón de manos histórico? Expertos de CNN lo explican

Siempre hemos sabido que sin importar qué diga el papel, la verdadera apertura y desnuclearización de Corea del Norte será cosa de ejecución, opina S. Nathan Park.

Nota del editor: CNN Opinion le pidió a un grupo de analistas expertos que dieran su opinión respecto a la reunión histórica de Donald Trump con Kim Jong Un. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente a los autores.

Al menos no vamos camino a una guerra nuclear

S. Nathan Park es abogado y ejerce en Washington, D. C. Sus comentarios sobre la península de Corea se han publicado en el Wall Street Journal, el Washington Post, el Financial Times, el Atlantic, Foreign Policy y otras publicaciones. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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Lee: Corea del Norte se desnuclearizará "muy rápido", dice Trump

(CNN) — Primero, sería prudente centrarse en la escena completa. Hace apenas unos meses, Corea del Norte y Estados Unidos iban rumbo a una guerra nuclear. Hoy ya no estamos en esa situación.

Habiendo dicho lo anterior, el Acuerdo de Singapur entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente Kim Jong Un pudo haber sido mejor. Suspender los ensayos bélicos de Estados Unidos y Corea del Sur fue una concesión considerable y recibir a cambio solo una desnuclearización "completa" —y no la desnuclearización completa, verificable e irreversible de la que la presidencia de Trump estuvo hablando antes de estas negociaciones— no es suficiente, al menos en el plazo inmediato.

Sin embargo, siempre hemos sabido que sin importar qué diga el papel, la verdadera apertura y desnuclearización de Corea del Norte será cosa de ejecución. El acuerdo contiene suficiente para que sea un punto de partida, particularmente la incorporación de la Declaración de Panmunjom entre Corea del Norte y Corea del Sur, que se hizo en la cumbre entre ambas Coreas en abril.

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Idealmente, el siguiente paso sería la integración del Acuerdo de Singapur y la Declaración de Panmunjom con el comienzo de una negociación trilateral entre Estados Unidos, Corea del Sur y Corea del Norte para crear un sistema duradero de desnuclearización e intercambio económico.

El acuerdo de Trump con Corea del Norte probablemente no sea tan bueno como el de Obama con Irán

YJ Fischer trabajó en el Departamento de Estado de Estados Unidos de 2012 a 2016. Fue una de las creadoras de la plataforma del Partido Demócrata para 2016 y trabajó en el equipo de transición Clinton-Kaine. Síguela en Twitter como @yjfischer .

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(CNN) — A final de cuentas, la reunión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con el líder norcoreano, Kim Jong Un, resultó ser un asunto modesto. Pese a todo lo que se hablaba sobre el premio Nobel, ambos líderes hablaron cara a cara por unos 20 minutos, dejando fuera el tiempo que tomó la traducción consecutiva. La reunión fue visualmente dramática, pero superficial.

No sorprende que el avance haya sido mínimo si pensamos que China, que tiene la mayor influencia sobre Kim, no estuvo presente. También hay una moraleja sobre las dificultades de lograr un acuerdo nuclear completo y verificable con un régimen rebelde. Trump y Kim todavía no se han puesto de acuerdo sobre los principios del desarme ni han creado un programa para la implementación y el desarrollo de medidas estrictas de verificación.

Lee: Kim pasea y se toma selfies antes de reunirse con Trump

El último obstáculo será particularmente complicado. Trump creó grandes expectativas cuando declaró que las inspecciones invasivas del acuerdo nuclear con Irán serían insuficientes. El gobierno de Obama negoció la vigilancia las 24 horas de todos los sitios nucleares de Irán, el derecho al acceso no declarado a sitios civiles y militares y la reimposición instantánea de sanciones al primer indicio de violación. Será difícil lograrlo con Corea del Norte, sin importar lo buena que sea la dinámica entre Trump y Kim. Superarlo será casi imposible.

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Lee: La UE y China aplauden la histórica cumbre entre Kim y Trump

Esta cumbre fue un buen paso, pero es el primero de un proceso largo. Lo que venga después será aún más importante. A lo largo de la historia, Corea del Norte ha sido menos beligerante en la mesa de negociación. Esa es razón suficiente para mantenerlo allí. Pero en cuanto a un acuerdo significativo y sustancial, Trump deseará obtener condiciones tan buenas como las del acuerdo con Irán que echó abajo.

¿Quién ganó el juego de las apariencias en la primera reunión?

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Juliana Silva es asesora de comunicación estratégica de Clarity Media Group, un despacho neoyorquino de asesoría en comunicaciones mundiales. Bill McGowan es fundador y director ejecutivo de Clarity Media Group. Escribió el libro Pitch Perfect: How to Say it Right the First Time, Every Time. Síguelo en Twitter como @BillMcGowan22 .

(CNN) — Si la historia nos sirve de guía, es improbable que una sola reunión entre los líderes de dos países rivales genere avances sustanciales. Ronald Reagan y el líder soviético Mijaíl Gorbachov tuvieron que reunirse en tres ocasiones diferentes para llegar a un acuerdo; el entonces presidente de Egipto, Anwar Sadat, y el entonces primer ministro de Israel, Menachem Begin, estaban listos para largarse de Camp David sin haber logrado nada cuando el entonces presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, medió para lograr los Acuerdos de Medio Oriente.

Dejando a un lado la bravuconería y la retórica, ¿cómo podemos determinar si Donald Trump o Kim Jong Un salieron airosos? A falta de noticias o revelaciones auténticas, podría reducirse a quién ganó el juego de las apariencias, batalla que preocupa a estos hombres más que nada.

Kim salió de su limusina con una expresión definitivamente sombría; su postura transmitía cierto derrotismo. Trump salió de la suya acomodándose el saco, tenso. Luego, emergiendo de lados opuestos del escenario, se reunieron. Trump extendió la mano ligeramente hacia Kim. En el momento en el que sus manos se estrecharon, Kim logró lo que su padre y su abuelo no pudieron: estar de pie como igual del presidente de Estados Unidos, con las banderas de los respectivos países desplegadas tras de ellos.

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OPINIÓN: El régimen de Kim es brutal, pero racional

Esta fue la foto con la que los norcoreanos habían soñado. Al parecer, el lenguaje corporal de Trump transmitía la intención de congeniar. En vez del apretón de manos beligerante, de macho, que le dio al presidente de Francia, Emmanuel Macron, inició un toque breve en la parte superior del brazo… Nada demasiado agresivo ni pretencioso.

Tras el apretón de manos inicial y la pose ante las cámaras para la foto obligada, Trump quiso establecer su autoridad mostrándole a Kim el camino para salir del escenario, como si lo estuviera guiando a su mesa en el comedor de Mar-a-Lago.

Ya tras bambalinas, pareció que Kim se relajó, se tranquilizó y emuló por primera vez el toque de su adversario en la parte superior del brazo. De repente, Kim empezó a sonreír más, tal vez consciente de que iba camino a la parte de la sesión de fotos en las que estarían sentados, en donde el campo del juego de las apariencias estaría parejo por primera vez.

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Entonces Kim sonrió más que Trump, especialmente cuando estaban sentados, porque la estatura de Trump ya no representaba una ventaja.

Parecía que Trump tenía sueño, sus párpados se veían pesados. Por otro lado, Kim parecía muy animado, brillaba como un hombre que acaba de lograr lo que nadie creyó posible: legitimación en el escenario mundial.

La histórica reunión entre Trump y Kim en imágenes

Isla Sentosa

Sentosa

La isla de Singapur será testigo de la histórica reunión entre Trump y Kim.
EDGAR SU/REUTERS
La cumbre acapara la prensa

Reunión

La histórica cumbre acapara espacio en los medios de comunicación de Singapur.
Tyrone Siu/REUTERS
Trump llega a Base Aérea Paya Lebar

Llegada

El presidente estadounidense desciende del avión presidencial en la Base Aérea Paya Lebar.
KIM KYUNG-HOON/REUTERS
Kim Jon Un

Kim Jon Un

El líder norcoreano visita el hotel Marina Bay Sands en Singapur.
Edgar Su/REUTERS
Comitiva de Trump

Comitiva

La caravana del presidente Donald Trump en Singapur
EyePress News
Trump se reúne con el primer ministro de Malasia

Encuentro

El presidente de EU tuvo una reunión con Lee Hsien Loong, primer ministro de Singapur.
EyePress News

Kim parecía satisfecho consigo; Trump parecía un hombre al que habían obligado a tomar una cucharada de aceite de castor, tal vez porque Trump necesita regresar con algún indicio de progreso, algún símbolo de logro. Kim no lleva una carga como esa.

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Kim puede sonreír porque gana simplemente al presentarse, como dijo el colaborador de CNN y exdirector de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, James Clapper, "no suplicante", sino como igual.

En la escala del lenguaje corporal, parece que Kim Jong Un ganó la primera ronda (sabemos que habrá otras), simplemente con base en su ansia y su disposición a participar en estas pláticas. Kim parecía un hombre que recibía exactamente lo que esperaba. Por otro lado, Trump parecía un hombre al que habían llevado a rastras a la mesa de negociación.

Sin embargo, hay una categoría en la que el empate fue seguro, una en la que ni Trump ni Kim pueden reclamar la victoria sin que todo Singapur se muera de risa: la guerra de los peinados. En la batalla entre el mohawk extra-ancho de Kim y el peinado multidireccional de Trump, no hay un vencedor indiscutible.

Quien diga que no está confundido, miente

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Euny Hong es autora de los libros The Birth of Korean Cool: How One Nation is Conquering the World through Pop Culture y Kept: A Comedy of Sex and Manners.

(CNN) — La cumbre me tiene confundida, igual que a todos. No tengo conclusiones absolutas, solo ideas incompletas:

1) Kim está siguiendo las reglas de las citas a ciegas: cuando te reúnas con alguien por primera vez, afirma desde el principio que te tienes que ir a cierta hora.

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2) La foto de Trump y Kim estrechando manos pareció una escena de un acto de SNL. Definitivamente puede haber demasiadas banderas.

3) Me siento reivindicada y presuntuosa porque traté de decirles a todos que esto no eran los acuerdos de paz de Camp David. Que no pasaría nada. No me creyeron.

4) Hay una línea tenue entre la inteligencia y la estupidez —citando a Spinal Tap— y es imposible saber quién estuvo de qué lado.

5) Estoy más convencida que nunca de que Trump y Kim no están a cargo en esto. Este es un trabajo para los profesionales de la realpolitik y ni Trump ni Kim cumplen los requisitos, razón por la que ambos lucían tan cómodos en la cumbre.

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6) La prensa se burló de Trump porque antes de la cumbre dijo que no se había preparado, que descifraría a Kim con base "en mi toque, en mi instinto". ¿Soy la única que piensa que no es la peor idea del mundo? Porque a final de cuentas, el toque y el instinto fueron un método tan bueno como cualquier otro. No necesitaba saber nada para esta cumbre. Kim tampoco.

7) Pero ¿yo qué sé? Quien diga que sabe exactamente qué está pasando entre Estados Unidos y Corea del Norte está mintiendo descaradamente.

¿Quién está aislado ahora?

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Michael D'Antonio es autor del libro Never Enough: Donald Trump and the Pursuit of Success (editorial St. Martin's Press).

(CNN) — En sus palabras —"honrado" fue como dijo que se sentía—, en sus muchos intentos por tocar al déspota norcoreano y en su predicción optimista, detecté a un Donald Trump muy contenido en un momento en el que todo lo que importaba era dar cierta impresión.

Como he estudiado al hombre muy de cerca durante muchos años, me pareció que estaba complacido de estar por fin en presencia de Kim y que tal vez no se da cuenta del precio que tuvo que pagar para lograrlo.

Kim habló del camino arduo que llevó a la cumbre. Siguió una vía arriesgada de provocaciones nucleares para llegar a este momento de igualdad con el líder más poderoso del mundo.

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nullAunque fue dueño de casinos —y los llevó a la quiebra— , Trump nunca ha sido un apostador. Antes de la cumbre, parecía que no estaba consciente de que el objetivo último de Kim son la legitimidad y el prestigio y se los ofreció para llevarlo a la mesa de negociación.

En la sesión de fotos previa a las pláticas, Kim demostró que se había preparado. Manifestó que estaba complacido de reunirse con Trump en Singapur. Seguramente estaba complacido de que Trump se le acercara para tocarlo al menos dos veces. Estos gestos podrían funcionar en el primer encuentro entre empresarios estadounidenses, pero en una cumbre en la que cada gesto se usará con fines propagandísticos, fueron un regalo para el aparato mediático estatal de Kim. Servirá para hacer ver que Trump anunció que tendrán, sin duda, "una relación maravillosa".

Si al cálido acercamiento de Trump a Kim sumamos su crueldad con los aliados más cercanos de Estados Unidos a últimas fechas (Canadá, Francia, Alemania, etc.), puedes ver que Corea del Norte está dando nueva forma al mundo. Trump quería ser el tipo rudo de cara a la cumbre y lo hizo aplastando a los amigos de Estados Unidos.

Antes de que Kim empezara a negociar la cumbre, a Corea del Norte le decían el reino ermitaño porque estaba aislado de los asuntos mundiales. Con sus toques cálidos, Trump sacó a los norcoreanos de su gélido aislamiento. Con su conducta previa a la cumbre, metió a Estados Unidos a un lugar más gélido del que ocupaba cuando empezó la crisis nuclear.

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La cumbre, un nuevo modelo para los dictadores

Samantha Vinograd es analista de seguridad nacional de CNN; trabajó en el Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos durante la presidencia de Barack Obama, de 2009 a 2013, y en el Departamento del Tesoro en la presidencia de Bush.

(CNN) — Mientras esperamos a que los libros de historia determinen si esta fue otra misión inútil o un punto de inflexión hacia una mayor estabilidad y la no proliferación, solo podemos estar seguros de una cosa: tenemos un modelo norcoreano.

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Todos los estadounidenses deberían esperar que el presidente Donald Trump sea capaz de iniciar un proceso que lleve no solo a una desnuclearización completa, verificable e irreversible, sino también a un cambio estratégico de la postura de Corea del Norte que lo lleve a respetar los derechos humanos y el derecho internacional.

Sin importar cuál sea el resultado, la Cumbre de Singapur será un mapa para los dictadores y los partidarios potenciales de la proliferación en todo el mundo: desarrolla capacidades nucleares, aterroriza a tu pueblo, llega al borde de la guerra nuclear y recibirás fotos y cumbres a cambio.

Trump debería darle una oportunidad a la diplomacia, pero la calibración de lo que vimos apenas en Singapur favorece a los sádicos de todo el mundo. Kim Jong Un recibió una recompensa por rebasar el límite lo suficiente como para que su bandera ondeara junto a la de Estados Unidos y legitimar su reino de terror.

Si fuera de cámara Trump tocó el tema de los derechos humanos o si le dio a entender a Kim en privado que este acercamiento tiene fecha de caducidad, entonces le hizo entender a Kim que su mala conducta tiene un precio. Sin embargo, sin esas advertencias, nada más le dimos a un sociópata lo que quería en una bandeja mundial.

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Qué nos dice el entusiasmo excesivo de Trump por un tirano

Frida Ghitis, columnista de asuntos mundiales, fue corresponsal y productora de CNN. Colabora frecuentemente con CNN, el Washington Post y World Politics Review.

(CNN) — Hay dos Trumps. Los vimos a ambos a lo largo de poco más de 48 horas. Fue un espectáculo contrastante y preocupante. Trump pasó de atacar verbalmente al primer ministro de Canadá, electo democráticamente, vecino de Estados Unidos y aliado leal, a alabar innecesariamente a un tirano cruel.

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Definitivamente es bueno que Trump esté usando la diplomacia con Corea del Norte en vez de declararle la guerra. Todos esperamos que el proceso tenga éxito, aunque hay muchas razones para ser escépticos. Sin embargo, no hay excusa para halagar a un hombre como Kim Jong Un.

"Para mí es un honor", dijo efusivamente Trump, sentado junto al joven dictador, "tendremos una relación maravillosa, no me queda duda". No había necesidad de hacer eso y fue terriblemente imperdonable. A veces el camino a la paz exige llegar a acuerdos con personas desagradables. No exige decirle al mundo que es un honor sentarse a su lado. De hecho, Kim no quería congraciarse con Trump cuando dijo simplemente que ambos países superaron obstáculos para llegar a este momento.

Kim preside un país que tiene un sistema de campos de concentración para cualquier persona que sea desleal a ojos del régimen, y eso incluye a sus familiares. Los prisioneros mueren de hambre, por la tortura o de frío. En un informe de la ONU se describe todo con horripilante detalle. Todo su país es una prisión, una prisión custodiada por un régimen con armas nucleares que ha atacado repetidamente a su vecino y que ha amenazado a Estados Unidos. Trump elevó y dio fuerza al régimen y a su líder al concederle esta sesión de fotos. No era necesario agregar ese efecto secundario indeseado halagando al dictador.

Trump pensó que le convenía insultar a un líder democrático —que responde a sus electores— y aceptar a un tirano que no le responde a nadie. Un Trump es petulante y hosco; el otro, encantador y cálido. Trump ha demostrado una vez más que se siente más a gusto con los líderes autoritarios que con los democráticamente electos. Ha demostrado a quiénes admira más.

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