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OPINIÓN. Energía en México: la reforma que hoy nada “de muertito”

Si se muere la madre energética, ¿quiénes serán sus huérfanos? Clara y obviamente las empresas que México invitó a invertir y que son nuestros huéspedes, plantea Miriam Grunstein.

Nota del editor: Miriam Grunstein es profesora e investigadora de la Universidad Panamericana. Es académica asociada al Centro México de Rice University, coordinadora del programa de Capacitación al Gobierno Federal en materia de Hidrocarburos que imparte la Universidad de Texas en Austin y socia fundadora de Brilliant Energy Consulting. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

(Expansión) – En días de muertos, el anuncio de la cancelación del aeropuerto fue un “te hablo, Juan, para que me oigas, Pedro”. Así, no es sorpresa que los medios hayan reportado que el consorcio de Talos Sierra y Premier, el primer operador petrolero en México, cederá casi un 50% de su contrato a una empresa argentina llamada Hokchi. La Comisión Nacional de Hidrocarburos ya dio su beneplácito a esta cesión, que debemos prever no será la primera.

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Tampoco es sorprendente, dado que con la revisión de este contrato inició el ciclo aparentemente persecutorio que advirtió sucedería el presidente electo Andrés Manuel López Obrador, desde el mes de septiembre de 2018.

Lo que sí es inconcebible son las razones por las que se ha empoderado al gobierno entrante a mandar desde ahora. Según recuerdo, Felipe Calderón fue el presidente Calderón hasta el último día de su mandato, nos gustara o no.

Lo que se ve en México es un clima sumamente enrarecido en el que existe una abdicación del poder, una renuncia a la obligación de gobernar, hasta la exacta terminación del encargo. Esto es especialmente importante cuando se han hecho cambios tan importantes a una industria de la mayor importancia como es la energética. Sin embargo, el gobierno saliente ha asumido su derrota con una mansedumbre avasalladora. Aun con inversiones comprometidas que sobrevuelan las nubes en muchos sectores priva la sensación justificada de que esta administración, como muchas otras, “nada de muertito” anticipadamente.

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Tal vez eso se valía cuando en este país nada cambiaba en la energía. Gobernara melón o sandía, los monopolios de CFE y de Pemex quedaban igual, o peor, de viejos. Cuando a Calderón se le ocurrió impulsar una reforma energética, que al final no rebasó la segunda dimensión del papel en que fue impresa, nadie se sorprendió.

Sabíamos que nada cambiaría y, en efecto se hizo de todo, y nada cambió. Por eso, cuando se rumoraba que con Enriqe Peña Nieto venía la reforma grande, nadie lo creía hasta que del cielo descendió la que algunos cómicamente llamaron la “madre de las reformas.” Ahora, que apenas se le siente el puso a la “madre”, habrá quién le llore, aunque para muchos haya sido 'desalmada'.

Si se muere la madre energética, ¿quiénes serán sus huérfanos? Clara y obviamente las empresas que México invitó a invertir y que son nuestros huéspedes. México, por muchas décadas, fue respetuoso de los derechos de los inversionistas. Por esta buena conducta las empresas han llegado a invertir en actividades de alto riesgo como exploración y extracción de hidrocarburos y de menos como construcción y operación de ductos, plantas de generación eléctrica, estaciones de servicio, amén de una miríada de instalaciones muy costosas en las que el Estado ya no puede invertir; menos ahora que hay bajones en la producción de crudo nacional.

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A esa barranca fiscal ahora hay que sumarle que la ocurrencia de terminar con los contratos de Texcoco nos han causado un tronadero en nuestras calificaciones crediticias por Fitch, Moodys y los que se sumen. ¡Tenemos vocación de pobres! Déjenos realizarla.

Como la violación a los derechos de las empresas en México hoy tiene una amplia aceptación social (incluso de las mismas empresas), no es políticamente correcto señalarla como algo reprochable. Entonces, mejor pensemos en los verdaderos huérfanos de la reforma que somos los mexicanos. ¿Queremos energéticos abundantes y mejor precio? Hay que aceptar que ni Pemex ni CFE ya no nos los pueden brindar porque están agotados. Y es así, no por la “hegemonía neoliberal” (lo que esto quiera decir) sino por la terquedad estatista de este país.

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Las ubres del gobierno están secas y solo la iniciativa privada, debidamente regulada para evitar abusos, puede colmar nuestras necesidades y para eso mismo no es debido maltratarlas ni mucho menos sacarlas a patadas. En la medida en que México se vuelve un país adverso para la inversión, más necesitaremos al Estado y este ya tiene las manos muy llenas con las tareas realmente irrenunciables: seguridad y educación públicas, salud, cuidado del medio ambiente, combate a la pobreza y muchas más.

No hay que pedirle al Estado cosas que no puede dar. Hay que buscar a los ofertantes más diestros y eficientes, que son las empresas privadas. Es una pena que algo tan sencillo el gobierno saliente no lo haya podido plantear y que así haya sentenciado a su propia reforma a la pena de muerte.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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