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Nuestras Historias

OPINIÓN: ¿Por qué hay tanto interés de compañías asiáticas en México?

La aversión natural al riesgo y los incentivos corporativos limitan la velocidad de inversiones multimillonarias, opina Adán Sierra.

Nota del editor: Adán Sierra se unió a Seale en 2010 como analista y actualmente es Director Ejecutivo de la firma. Tiene experiencia en acuerdos fronterizos entre EU, México y América Latina. Se graduó en Finanzas y Contabilidad en el Tec de Monterrey y actualmente está inscrito en el programa Executive MBA de Northwestern Kellogg. Las opiniones en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

(Expansión) – En los últimos meses hemos observado un sorprendente aumento en el interés de las grandes multinacionales asiáticas por crecer e invertir en México.

Un análisis superficial a la pregunta concluiría que este interés es una respuesta a las nuevas condiciones comerciales y políticas que se encuentran en la región. La renegociación del TLCAN, rebautizado T-MEC (USMCA por sus siglas en inglés), le ha dado nueva certidumbre económica a la región.

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La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha obligado a muchos a considerar nuevas estrategias de inversión. Por último, el cambio de administración en México rompió con el molde político de los últimos 20 años. Tratar directamente con inversionistas asiáticos nos ha dado la oportunidad de conocer y aprender de un perfil de inversión muy distinto.

Durante los últimos meses sostuvimos reuniones con diversos conglomerados japoneses y coreanos, con el motivo de asesorarlos en su estrategia de crecimiento vía fusiones y adquisiciones en Latinoamérica, principalmente en México. Como es típico en estas reuniones, siempre destinamos tiempo a contestar inquietudes sobre las dinámicas económicas internas en el país, así como el contexto político actual. Prácticamente esta conversación sucede cada semana con inversionistas de todo el mundo – incluyendo inversionistas mexicanos interesados en invertir o desinvertir en otros mercados.

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Con tanto ruido en los medios, es común que las grandes compañías estadounidenses o europeas actúen de forma conservadora en cuanto a decisiones de inversión que consisten en varios millones de dólares. Donald Trump, las tarifas, las elecciones en México, el aeropuerto y ‘lo típico’ invariablemente es tema de conversación y orilla a sus ejecutivos a no poner en riesgo la habilidad de alcanzar su presupuesto y/o cumplir con sus metas de desempeño a corto y mediano plazo, sobre todo aquellas metas/promesas que puedan afectar su esquema de compensación o bonos anuales.

La aversión natural al riesgo y los incentivos corporativos limitan la velocidad de inversiones multimillonarias. Es muy normal escuchar frases como “esperaré al próximo año ya que se calmen las aguas”, “preferimos enfocarnos en otros mercados”, o “no nos sentimos cómodos en este momento”. En la mente de muchos ejecutivos, es mejor no arriesgar la estabilidad laboral y decidir no invertir. Pero al platicar con conglomerados asiáticos ha sido diferente.

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El tono de estas conversaciones ha girado alrededor de su marca, de su cultura, de su compañía y de cómo sus negocios van a evolucionar hacia los próximos 50 años. Para ponerlo en perspectiva, están pensando (por lo menos) más allá de los siguientes 12 mundiales y olimpiadas, 8 presidentes mexicanos, y la próxima rotación del cometa Halley. Desde luego tenían las mismas inquietudes macroeconómicas, pero al dar nuestra perspectiva económica y opinión sobre la situación actual, estos gigantes -sin temerla ni deberla- reiteran su intención de invertir y crecer en México, e inclusive dispuestos a explorar negocios o tecnologías que no tienen nada que ver con su operación actual.

Consideremos el ejemplo de Fujifilm, quien correctamente predijo desde los 80s que su negocio principal – la película fotográfica – seria destruido por las cámaras digitales. En 1992 sus ventas ascendían a 10 trillones de dólares y consistían principalmente en película fotográfica. Hoy por hoy, el negocio es sumamente rentable y sus ventas ascienden a 22 trillones de dólares, y consisten en servicios, equipo y soluciones informáticas. Para llegar a estos niveles, Fujifilm se aventuró (y fracasó) en negocios de cosméticos, químicos, y medicina regenerativa. Distingo fracasar, dado que su capacidad de errar y corregir frecuentemente facilitó que Fujifilm sea quien es hoy en día.

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Es menester inspirarnos en nuestros amigos asiáticos y promover una cultura laboral alrededor de nuestras marcas y compañías en México, que empodere a sus ejecutivos a ver más allá del potencial económico individual que limita la toma de decisiones y su habilidad de errar y corregir. “No hay que perdernos del bosque por enfocarnos en los árboles”.

Por último, esta misma máxima aplica para nosotros los mexicanos y nuestra actitud -optimista o pesimista- ante este nuevo sexenio. Mientas internamente estamos incendiados (o felices) por la nueva administración, la política económica, o el nuevo TLCAN, grandes multinacionales están pensando en México como excelente destino de inversión hacia el 2069. Reflexionemos individualmente (o en nuestras compañías) donde vamos a estar y como nos va a encontrar el 2069.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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