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OPINIÓN: Qué dice sobre nosotros el caso de fraude en universidades de EU

Aunque algunos de estos muchachos no fueron cómplices, todos estaban bajo la influencia de sus padres y de los adultos que presuntamente participaron en estas tramas corruptas, opina Shan Wu.

Nota del editor: Shan Wu fue fiscal federal de Estados Unidos: es analista jurídico de CNN y representa a universitarios. Es miembro de la Junta Fiduciaria del Sarah Lawrence College. Puedes seguirlo en Twitter como @ShanlonWu . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no reflejan las del Sarah Lawrence College.

(CNN) — En un caso que revela el lado oscuro de nuestro enfoque hipercompetitivo y basado en la imagen respecto a la educación superior, las denuncias penales que acaban de darse a conocer en Boston y que llevan el nombre clave de Operación Varsity Blues dejan ver a padres acaudalados que sobornaron a administradores de exámenes, a entrenadores universitarios y posiblemente a administradores universitarios para que aceptaran a algunos estudiantes en instituciones de prestigio como Yale, Stanford y la Universidad del Sur de California (USC).

CNN se puso en contacto con varios de los demandados para pedirles comentarios, pero no ha recibido respuesta.

OPINIÓN: Escándalo por fraude en universidades de EU, la punta del iceberg

Yale, Stanford, Wake Forest, la Universidad de California en Los Ángeles, la USC, la Universidad de Texas y Georgetown emitieron comunicados en los que en gran medida se presentan como víctimas de estas presuntas conspiraciones criminales y en algunos casos anuncian investigaciones, una suspensión (en Wake Forest) y despidos (en la USC y en Stanford).

William Rick Singer, el propietario y administrador de la empresa que está en el centro de la presunta conspiración, se declaró culpable de varios cargos y dijo el martes, 12 de marzo, a través de su abogado, que "tenía mucho remordimiento". El exentrenador del equipo de remo de Stanford, John Vandemoer, se declaró culpable de delincuencia organizada también el martes.

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Estas acusaciones y las investigaciones relacionadas que se llevarán a cabo en los próximos días seguramente dirán mucho sobre el atletismo universitario, los mecanismos de privilegio, los extremos a los que llegan los padres y el valor de la educación universitaria en general. Pero en este momento, ¿qué dice de nosotros la existencia de un escándalo como este?

En mi despacho jurídico represento a muchos estudiantes universitarios a los que han acusado de mala conducta académica, incluso he llevado casos de estudiantes extranjeros acusados de haber falsificado sus boletas e incluso sus diplomas para que los aceptaran en universidades de Estados Unidos. En algunos casos me he dado cuenta de que las "agencias" de admisiones depredadoras de otros países cobran grandes sumas a los estudiantes y a su familia para ayudarlos a preparar una solicitud que el aspirante pocas veces revisa.

En mi ingenuidad pensé que esa conducta se limitaba a otros países, pero conforme se revelaron las denuncias, el martes por la mañana, pareció que esas creencias estaban terriblemente infundadas. Estadounidenses ricos y poderosos (abogados como Gordon Caplan, codirector del despacho Willkie, Farr & Gallagher, y personalidades de Hollywood como Lori Loughlin y Felicity Huffman ) presuntamente cometieron actos que ponen de relieve la oquedad de la ideología de la meritocracia en la educación superior estadounidense.

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En mi experiencia representando a estudiantes universitarios y como profesor adjunto, he reconocido signos del estrés creciente que generan en los estudiantes los procesos de admisión, los padres de familia y las instituciones mismas.

La atmósfera competitiva puede manifestarse en una ansiedad profunda , incluso en estudiantes de secundaria y ciertamente en los preparatorianos, quienes están bajo presión para rendir exámenes de colocación avanzada y cursos avanzados mientras buscan construir un "currículum" de logros extracurriculares.

Esa presión puede llevar a errores (muchos accidentales, otros, deliberados) cuando los estudiantes toman atajos para terminar sus tareas, sus ensayos y sus exámenes en un esfuerzo por no solo estar al día con la carga de trabajo, sino con las expectativas de los padres y la sociedad.

Antes de que este escándalo estallara, no me había dado cuenta a qué grado la presión podía provocar que los padres de familia racionalizaran los actos de franca corrupción de uno de los ideales más queridos: la justicia con base en el mérito en las admisiones universitarias.

Pero eso es justamente lo que esas denuncias penales revelan. Las acusaciones incluyen sobornar a los administradores de los centros aplicadores de exámenes para que hagan concesiones razonables a los estudiantes (tales como darles más tiempo para terminar los exámenes estandarizados) cuando los estudiantes no tienen derecho a dichas concesiones, según la Ley de Estadounidenses con Discapacidad. Entre las otras acusaciones están el soborno para categorizar a los estudiantes como atletas-estudiantes cuando existe la posibilidad de que los logros atléticos de los estudiantes y sus expedientes se hayan falsificado.

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Si se demuestran, estos actos tan aberrantes lesionan a los miles de estudiantes increíbles que luchan y prosperan pese a su necesidad auténtica de concesiones. También es un insulto a los esfuerzos heroicos de los atletas-estudiantes, incluidos aquellos que reciben concesiones, quienes llevan una carga académica completa y además dedican varias horas —después de la escuela y los fines de semana— a entrenar y competir.

Las denuncias penales de este caso consisten en soborno, fraude cibernético, fraude postal y perjuicios intangibles . Esta última acusación suena particularmente irónica, dado que los actos de estos administradores, entrenadores y padres de familia no solo consisten en hacerle trampa a otros estudiantes y a sus familias, sino que les causaron un perjuicio intangible.

Aunque algunos de estos muchachos no fueron cómplices, todos estaban bajo la influencia de sus padres y de los adultos que presuntamente participaron en estas tramas corruptas. Si se demuestran las acusaciones contra sus padres, su propia integridad quedará en duda para siempre.

Como sociedad y como país, no debemos ceder a la tentación de disculpar a estos padres por haber actuado mal con base en su intención de buscar un futuro mejor para sus hijos. Hasta cierto punto, sus actitudes corruptas existen en todos nosotros.

El hecho de que estos actos se hayan perpetrado de común acuerdo entre los padres de familia, los administradores de exámenes de admisión, los entrenadores y tal vez los administradores de las universidades, refleja un problema fundamental en nuestra sociedad. Esa actitud de "ganar es más importante que todo" crea una falta de carácter en nuestros hijos y perpetúa un sistema de valores fundado en los ídolos falsos del privilegio y el elitismo.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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