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Nuestras Historias

OPINIÓN: El año que vivimos en peligro

Los excesos del sexenio 1976-1982 ocasionaron la gran crisis de nuestro tiempo, dice Charles H. Oppenheim.
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Charles H. Oppenheim fue editor de Expansión de 1982 a 1994.

Nota del editor: Esta columna se publicó originalmente en la edición 1252 de la revista Expansión, ’ 50 años, los negocios en México son nuestra historia. Especial 1969-2019', correspondiente a abril de 2019.

(Expansión) - El año que me nombraron editor, el último del sexenio de José López Portillo, acabó en la más grave crisis económica desde la Revolución. En febrero de ese año, dos semanas después de afirmar que defendería el peso “como un perro”, lo devaluó. El fatídico 1 de septiembre, en su último informe de gobierno, estatizó la banca y con el grito de “¡No nos volverán a saquear!”, decretó el control de cambios para castigar a los “sacadólares”.

Una de las portadas de Expansión que mejor refleja ese entorno fue una caricatura de Palomo en blanco y negro que muestra el “fin de la fiesta” de la economía petrolizada: un salón “patas arriba”.

En primer plano, en la parte inferior derecha, se ve una charola y una cuenta con la cifra de “$80’000,000” de dólares en rojo (el monto de la deuda externa al final del gobierno de JLP).

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Una caricatura de Palomo protagonizó la portada de la revista.

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México venía de un largo periodo de crecimiento sostenido basado en un modelo de “desarrollo estabilizador” (1940-1970), con tipo de cambio fijo e inflación baja, basado en la sustitución de importaciones y en la intervención proteccionista del Estado en la economía.

Lee: Los 4 temas que llevan cinco décadas en las páginas de la revista

El agotamiento de ese modelo quedó patente en la llamada “docena trágica” (1970-1982), con un populismo exacerbado, un crecimiento a base de endeudamiento externo, la creciente participación del Estado en la economía y, por ende, la explosión del sector burocrático. El sexenio “tercermundista” de Luis Echeverría concluyó con una devaluación que acabó con el “milagro mexicano”.

López Portillo petrolizó la economía y administró una “abundancia” que acabó en despilfarro, con una corrupción rampante que Alan Riding –en su libro Distant Neighbors (Vecinos distantes)– describió como el “aceite” que lubrica la maquinaria del sistema político mexicano y el “pegamento” que lo mantiene unido.

Aquel año de 1982 fue un parteaguas: el fin del “nacionalismo revolucionario” y el inicio de un modelo dizque “neoliberal” (de apertura económica, fomento a la inversión extranjera, tratados de libre comercio, desregulación, descentralización, privatización de empresas estatales y modelo dizque “neoliberal” (de apertura económica, fomento a la inversión extranjera, tratados de libre comercio, desregulación, descentralización, privatización de empresas estatales y reprivatización de los bancos), regido por Planes Nacionales de Desarrollo sexenales –al estilo del Gosplán soviético– instituidos por los “tecnócratas” de los gobiernos subsecuentes, que nunca se acabó de consolidar por las devaluaciones y recesiones recurrentes.

En ese contexto, pues, comenzó mi década al frente de Expansión. Todavía hoy, casi 40 años después, seguimos resintiendo sus efectos.

Charles H. Oppenheim fue editor de Expansión de 1982 a 1994, y es el editor de la revista Pro Ópera desde 1997. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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