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Nuestras Historias

Ser madre en tiempos de COVID-19

El COVID-19 no solo impone enormes retos sanitarios y económicos, sino también enfatiza la desigualdad que vivimos las mujeres, opina Fátima Masse.
sáb 09 mayo 2020 07:00 AM

(Expansión) – Este 10 de mayo se cumplirán 50 días de cuarentena en México para reducir los contagios de coronavirus. Por ello, la celebración de las madres será muy diferente a lo habitual: no habrá reuniones familiares presenciales, ni festivales escolares.

Sin embargo, esta fecha bajo estas circunstancias nos ofrece una gran oportunidad para analizar las brechas de género que el confinamiento ha enfatizado, como plantea mi colega Fernanda Avendaño. A raíz de esto, ¿qué necesitan las madres para estar mejor?

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Sentirse seguras en casa

Quedarse en casa es un riesgo para muchas mujeres y niños víctimas de violencia, más en una época de tensión donde la salud y el ingreso peligran. En marzo de 2020, cuando inició la Jornada de Sana Distancia, el número de casos de violencia intrafamiliar se disparó a más de 20,000, la cifra más alta en los últimos cinco años, según datos Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Esto en parte se debe a que el aislamiento social llegó a un país donde, en 2016, casi el 44% de las mujeres reportó haber sufrido violencia por parte de su pareja. Sin conciencia pública ni centros de justicia robustos, estos delitos seguirán, incluso después de la pandemia.

Compartir la carga del hogar

Según el Inegi, en 2017, las mexicanas trabajamos 1.2 veces más a la semana que los mexicanos. De este tiempo, las mujeres dedicamos el 64% a tareas domésticas y de cuidado, mientras que los hombres solo el 24%. Aunque no hay cifras a 2020, se podría esperar que estas diferencias sean mayores durante la pandemia donde las mujeres, además de nuestras obligaciones diarias, debemos apoyar a los hijos con los programas de educación a distancia que manda la Secretaría de Educación Pública.

El estrés y agotamiento que esto genera debería sensibilizar a la sociedad sobre este tipo de patrones culturales y detonar iniciativas, como licencias de paternidad, que ayudarían a repartir mejor la carga dentro de los hogares.

Acceder a trabajos más flexibles

Un reciente estudio del Centro de Estudios Espinosa Yglesias muestra que trabajar desde casa es un lujo que máximo el 23% de los mexicanos ocupados puede darse. Esta modalidad laboral favorece en mayor proporción a los hombres más afluentes. En el décimo decil, tres de cada 10 hombres están ocupados en trabajos que pueden realizarse vía remota, mientras que sólo dos de cada 10 mujeres tienen esta posibilidad.

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Las diferencias entre sexos dejan de ser relevantes conforme cae el ingreso. En parte, esta tendencia se podría explicar porque la mayoría de las mujeres optan por empleos de baja productividad, como labores domésticas o comercio, que son más compatibles con las exigencias del hogar. Por ello, sin apoyos para los trabajadores no esenciales quedarse en casa es inalcanzable, y el costo será mayor para las mujeres por el tipo de empleos a los que acceden.

Obtener un mayor salario y protección social

La penalidad por maternidad y la falta de empleos flexibles impiden que el personal femenino consiga mejores condiciones laborales. En el último trimestre de 2019, las mujeres tuvieron un ingreso promedio por hora un 2% menor que los hombres. No obstante, al separar por ocupación se observan diferencias considerables. Por ejemplo, las empleadas del sector privado, público y social, así como las trabajadoras industriales registraron diferencias superiores al 21%.

LEE: Estados y capitales anuncian cierre de panteones durante el 10 de mayo

Más aún, la tasa de ocupación en el sector informal fue un 10% superior para las mujeres que para los hombres, lo que implica que muchas mujeres carecen de prestaciones y seguridad social. Si bien toda la población se beneficiaría de un mercado laboral más formal y mejor remunerado, para que las mujeres puedan alcanzar empleos de mayor calidad es necesario identificar y eliminar las barreras que les impiden llegar a ellos.

El COVID-19 no solo impone enormes retos sanitarios y económicos, sino también enfatiza la desigualdad que vivimos las mujeres. Por ello, es fundamental que las autoridades diseñen políticas públicas que eleven la calidad de vida de las mujeres, además de construir instituciones sólidas que las implementen.

Nota del editor: Fátima Masse es coordinadora de proyectos del IMCO. Síguela en Twitter como @Fatima_Masse . Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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