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Nuestras Historias

La discriminación disfrazada de humor sigue siendo discriminación

El enojo es una emoción que en muchos de nosotros tiene un efecto cegador y hace que reaccionemos de manera impulsiva y poco pensada, señala Adriana Castro.
jue 17 septiembre 2020 06:03 PM

(Expansión) – En el día a día hay muchas situaciones injustas que pueden pasar desapercibidas por los medios de comunicación y gracias a las redes sociales logran salir a la luz.

Se han vuelto una importante herramienta para dar voz a causas que requieren visibilidad. Gracias a su alcance exponencial, las denuncias sociales pueden volverse virales rápidamente, ayudando a resolver problemas con mayor eficacia.

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Algo así ocurrió con el caso de discriminación por parte de una persona argentina a una mexicana en días pasados. La indignación de la comunidad en redes sociales aceleró el proceso para que no sólo los medios de comunicación sino las autoridades vinculadas al caso dieran un seguimiento cercano y ágil. Hace unos días el Instituto Nacional de Migración comunicó que la persona argentina abandonó México por voluntad propia y le impuso una restricción para reingresar a nuestro país.

Me pareció interesante que los comentarios de quienes reprobaban el acto discriminatorio mostraban su enojo bajo argumentos muy diversos. Algunos establecían que las expresiones discriminatorias que empleó la persona argentina eran completamente injustas dado que atentaron contra el valor de la otra persona. También había quien mostraba su enojo empleando un humor sarcástico y discriminatorio hacia la agresora. Algunos se volcaron a estigmatizar a los extranjeros como personas violentas que en cuanto tienen oportunidad de hacer daño lo hacen.

La verdad es que el enojo es una emoción que en muchos de nosotros tiene un efecto cegador y hace que reaccionemos de manera impulsiva y poco pensada.

Me ha pasado muchas veces y sí, reconozco que cuando estoy muy enojada he llegado a emplear un humor sarcástico. Es como si mi enojo dijera “esta persona me lastimó, así que ahora yo tengo derecho a burlarme de ella”. Ese es el efecto que tiene el humor en este contexto. La linea es muy delgada y fácilmente podemos caer en aquello que repudiamos: la discriminación.

Los chistes y memes forman parte de nuestra manera de comunicarnos y la mayoría de las veces los asumimos de una manera normal, pero hay que estar conscientes del contexto en el que los empleamos para evitar convertirnos en aquello que atacamos y volvernos personas que discriminan a través de mensajes “humorísticos” que llegan a ser estigmatizantes, prejuiciosos y excluyentes.

Debemos tener claro que hoy existen temas muy sensibles y el de la discriminación es uno de ellos. De acuerdo con datos del COPRED (Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México) los grupos más evidentes discriminados son: Indígenas, gays, de piel morena, pobres, adultos mayores, con distinta lengua/idioma o forma de hablar, con VIH/SIDA, con discapacidad, lesbianas y de estatura baja.

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En el caso particular de la persona argentina, hubo quien se burló de su aspecto físico. También hubo quien asumió que su condición socioeconómica era la de una mesera o una trabajadora doméstica y la burla estuvo centrada en ello. Entonces me pregunto ¿qué habrá sentido una mesera o trabajadora doméstica al leer esa publicación?, ¿qué habrá sentido una persona con un aspecto físico que se aleja del “estereotipo de belleza que nos han impuesto” al ver esos memes?

No es que esté en contra del humor. De hecho, tengo una especialidad en terapia de la risa y creo firmemente en que es un gran amortiguador que ayuda a sobrellevar las adversidades cotidianas. Incluso una característica en común de las personas resilientes es su sentido del humor: cuando eres capaz de reírte de lo que te pasó es una buena señal de que lo estás asimilando.

Para quienes no estén familiarizados con este término, la resiliencia es un componente que genera felicidad y se refiere a la capacidad de no sólo adaptarse a la adversidad sino de ser una mejor persona a partir de ella. El sentido del humor aplicado a uno mismo suele tener un efecto curativo enorme.

También hay chistes que son inofensivos, como las anécdotas de la cotidianidad, o los juegos de palabras no ofensivos, pero burlarse de una persona o una minoría contribuye a generar un clima violento, degradante, vejatorio, que además refuerza los prejuicios y estigmas sociales que nada abonan a la construcción de la sociedad equitativa y libre de discriminación que muchos queremos.

En otras palabras, si empleas humor en tus publicaciones sugiero que tengas cuidado de no comprometer la dignidad de una minoría o de una persona porque por muy gracioso que te parezca sigue siendo discriminación.

Nota del editor: Adriana Castro tiene una especialidad en Psicología de la Creatividad por la Universidad Autónoma de Barcelona. Es fundadora de Call to Action: Empresas felices. Síguela en Facebook (adrianacastromx). Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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