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Nuestras Historias

¿Aún existe el cuarto poder?

En los últimos 20 años el equilibrio de poderes ha cambiado y al todavía llamado “cuarto poder” se ha unido otro: el de la ciudadanía, señala Mario Maraboto.
lun 28 septiembre 2020 07:02 PM

(Expansión) – Hace tiempo no escucho el término “cuarto poder” referido a la fuerza que suelen tener los medios de comunicación para influir en la vida pública. Lo que sí he escuchado recientemente es “amenaza a la libertad de expresión”, a partir del famoso desplegado “Esto Tiene que Parar” firmado por 650 intelectuales, académicos, periodistas y activistas sociales.

Tengo la impresión de que el concepto “cuarto poder”, que hasta hace algunos años era un lugar común ha sido relevado por el de “riesgo a la libertad de expresión”. Por ello me parece oportuno recordar cómo surgió este concepto y reflexionar un poco sobre el mismo.

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El concepto se atribuye al político británico Thomas Macaulay (1800-1859), quien en 1823 escribió que «La tribuna (en el Parlamento) ocupada por la prensa se ha convertido en el cuarto poder del reino». La frase obedeció a que los periodistas que cubrían las sesiones del parlamento británico incidían en la vida de los parlamentarios.

Dados los efectos de sus crónicas, los legisladores decidieron poner de su parte a los periodistas otorgándoles algunos privilegios que derivaron en un cierto nivel de poder. De ahí que después de los tres clásicos poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), el periodismo se erigía como el cuarto poder.

Los medios de comunicación en México han ejercido en mayor o menor medida ese poder aun cuando ha habido etapas en las que han sido presionados y cooptados para reducir su dominio e influencia. En el México de las décadas de los 60 y 70, la libertad de expresión –y con ello el cuarto poder- estaba fuertemente supeditada a dos factores emanados del Ejecutivo: el suministro de papel y la publicidad oficial.

El suministro de papel obedecía a la creación en 1935 de la Productora e Importadora de Papel SA, (PIPSA) con la que el Estado se constituyó en un monopolio para la compra de papel al exterior y para su producción y distribución específicamente a los medios. La publicidad oficial, por su lado se encausaban a través de las oficinas de prensa gubernamentales.

En 1976 el entonces presidente Luis Echeverría, quien tenía una endeble tolerancia a los medios críticos de su gobierno, orquestó un golpe de estado para destituir al periodista Julio Scherer de la Dirección uno de los diarios más reputados en México, y meses después le negó la venta de papel para evitar la publicación del primer número de la revista fundada por el mismo periodista.

José López Portillo eliminó las inserciones pagadas del gobierno en las revistas que censuraban sus políticas (“No pago para que me peguen”, exclamó públicamente), y el presidente Miguel de la Madrid, a quien inquietaban las notas sobre la inseguridad porque según sus estadísticas la delincuencia había disminuido, retiró publicidad a muchos medios y se dice que tenía un pacto informal según el cual se respetaba la libertad de expresión en tanto no se criticara al ejército ni se atacara directamente al presidente.

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¿Es posible hablar de un cuarto poder cuando está limitado por -o supeditado a- variables políticas y/o económicas, las cuales también pueden limitar la libertad de expresión?

Es curioso ver cómo el actual presidente está tomando actitudes similares a los presidentes de los años 70 y 80, reafirmando la sensación de que México va en reversa: presiona para cerrar revistas críticas a su régimen, condena a periodistas críticos, controla la publicidad hacia medios afines, aporta sus propios datos infundados sobre temas como la inseguridad o la evolución de la pandemia, y se dice que tiene un pacto con algunos medios de comunicación que se prestan a ser comparsa de sus “conferencias” matutinas.

No obstante, a pesar de los asedios del Poder Ejecutivo en contra de periódicos o periodistas que no le son afines, los medios de comunicación en la actualidad han demostrado tener el suficiente “poder” para exhibir, por ejemplo, la corrupción del actual régimen o la falsedad de los “otros datos” cuando se evidencian las masacres que se han vivido en México en los últimos meses.

Desde mi perspectiva, el poder, en cualquiera de sus formas, debe ser visto como “servicio”. En teoría, el Ejecutivo ejerce el poder para servir a los ciudadanos, el Judicial para impartir justicia, el legislativo para representarnos y “controlar” las acciones del gobierno, y los medios de comunicación para informar y presentar los hechos de manera objetiva.

En los últimos 20 años el equilibrio de poderes ha cambiado y al todavía llamado “cuarto poder” se ha unido otro: el de la ciudadanía. Lectores de diarios, radioescuchas, televidentes y cibernautas “profesionales” o novatos se han convertido en vigilantes y críticos de las acciones de gobierno y empresas.

El cuarto poder es real y está vigente. Si queremos que permanezca autónomo y se pueda ejercer libremente y con resultados sociales, debemos asumirlo responsablemente al igual que deben hacerlo los representantes de los otros tres poderes tradicionales.

Nota del editor: Mario Maraboto es Licenciado en Periodismo por la UNAM. Investigador Asociado en la Universidad de Carolina del Norte. Autor del libro "Periodismo y Negocios. Cómo vincular empresas con periodistas". Consultor en Comunicación, Relaciones Públicas y situaciones especiales/crisis desde 1991. Escríbele a su correo mmarabotom@gmail.com y síguelo en Twitter . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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