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Revocación de mandato: aprender en cabeza ajena

En los contextos populistas y demagogos, la explotación de la revocación de mandato conlleva al efecto contrario y pone en riesgo a los sistemas democráticos representativos, señala Antonio Michel.
vie 08 abril 2022 05:00 AM

(Expansión) - El presidente Andrés Manuel López Obrador ha orquestado la llamada “revocación de mandato” durante meses. Lo ha enarbolado como un acto emblemático que dotará de credibilidad a su gobierno al someter su continuidad en el puesto a la voluntad del pueblo. Sin embargo, no es una herramienta novedosa ni endémica.

En otros países existe el modelo. En los casos parecidos al mexicano, el resultado ha sido un fracaso rotundo. ¿Por qué habría de ser la votación del 10 de abril la excepción? Se dice que no se aprende en cabeza ajena, pero cuando la democracia y el valor de las instituciones están en juego, la experiencia universal debería sentar el precedente para no cometer los mismos errores.

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En 1848 se registró en Suiza el primer caso mundial de un ejercicio democrático de revocación de mandato. Antes de pensar que México empieza a parecerse a Suiza, cabe aclarar que aplicaba sólo para los órganos legislativos y a nivel de los cantones suizos, no nacional. Otras democracias desarrolladas como Estados Unidos y Canadá tienen herramientas de revocación de mandato.

En Estados Unidos, sólo se tiene contemplada en 18 de los 50 estados, mientras que en Canadá sólo aplica en una provincia. De nuevo, sólo a nivel estatal y local. Hay dos razones detrás: 1) la consulta es convocada por los propios ciudadanos; por lo tanto, 2) en un municipio es más sencillo reunir a un grupo de ciudadanos con esta intención, que juntar el mismo porcentaje a nivel nacional. De hecho, en 2021 el gobernador de California, Gavin Newsom, fue sometido a una consulta de este tipo, en la que sobrevivió con 64% de los votos.

El caso mexicano dista de parecerse a los modelos suizo, estadounidense y canadiense. Se acerca mucho más al latinoamericano: una decisión populista que hace pensar al pueblo que tiene el poder de destituir a su gobernante, cuando en realidad es sólo una manera de reafirmar su gobierno y validar el ego de quienes lo proponen.

Sólo en cuatro países se realiza una revocación de mandato para Jefes de Estado y/o de Gobierno; todos en América Latina y bajo líderes populistas: Bolivia (Evo Morales), Ecuador (Rafael Correa), Venezuela (Hugo Chávez) y, ahora, México se une a ese grupo. El caso ecuatoriano es atípico, pues está prohibido que sea el mandatario quien convoque, además de sancionar la propaganda que haga el gobierno. No es sorpresa que nunca se haya llevado a cabo en ese país.

Los casos de Argentina, donde no abarca la esfera nacional, y Cuba, donde sólo se realiza para legisladores, se salen de la siguiente categoría. Entonces, realmente habría que comparar a México con Bolivia y Venezuela, al ser prácticamente paralelos.

Bolivia

Desde el inicio de su gobierno, Evo Morales anunció la revocación de mandato. En 2009 lo elevó a rango constitucional. El primer ejercicio lo arrojó como ganador con 67% de los votos en favor de su permanencia, con una participación del 83% de los ciudadanos. En 2016 realizó otro referendo, el cual perdió, pero Morales argumentó que no se cumplió uno de los requisitos para que sea vinculante: el número y porcentaje de votos válidos en favor de la revocación son superiores a aquéllos con los que fue elegida la autoridad.

Venezuela

En 1999 el gobierno de Hugo Chávez incorporó esta medida bajo una reforma constitucional. En 2004 se llevó a cabo el ejercicio tras tres años de gobierno (continúan las similitudes). En esa votación, Chávez logró la aprobación del 59% de los participantes, con casi el 70% del padrón electoral en las urnas.

En 2016, Nicolás Maduro realizó otro referendo de este tipo, pero lo paralizó al ver que la tendencia no le favorecía. Además, en Venezuela existe el mismo candado que en Bolivia en cuanto al porcentaje y el número de votos, por lo que difícilmente lo alcanzarán.

Convergencias con México

Estos dos países usan la revocación de mandato como un instrumento para abatir el impacto negativo de líderes deslegitimados. El proceso y el resultado en los casos mencionados han fortalecido la posición del líder en cuestión, lo cual reafirma su control y endurece sus políticas radicales.

Esta herramienta empezó a popularizarse en América Latina desde la década de los 90, como un esfuerzo de autovalidación de liderazgos populistas que, ante un clima de descontento y apatía en la ciudadanía, buscan reforzar su gobierno apelando a su base y al voto duro, como un respaldo de aprobación.

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En México, el 10 de abril no veremos un ejercicio democrático. Los recursos empleados en propaganda, las gestiones de campaña que han hecho los funcionarios públicos, las declaraciones del propio presidente y la formulación de la pregunta desvirtúan este mecanismo. La realidad es que, en los contextos populistas y demagogos, la explotación de la revocación de mandato conlleva al efecto contrario y pone en riesgo a los sistemas democráticos representativos.

Cuando es el mismo líder quien abusa de este ejercicio como parte de su estrategia discursiva, nosotros los ciudadanos debemos preguntarnos si la consulta famosa realmente tiene el fin de culminar en una revocación o si es solamente un recrudecimiento de su poder bajo el disfraz de una pregunta.

Dos frases célebres convergen en la conclusión de esta reflexión: 1) quien no conoce su historia está condenado a repetirla; y 2) el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Conozcamos la historia de quienes han vivido cosas similares en países hermanos para evitar repetirla en casa.

Si creemos en nuestras instituciones y en un gobierno democrático, no seamos partícipes de un ejercicio que nos remonta a tropiezos donde la única perdedora de la revocación fue la misma democracia.

Nota del editor: Antonio Michel estudió Relaciones Internacionales en el ITAM, donde es profesor, y tiene una Maestría en Administración Pública por la Universidad de Maxwell. Trabajó casi 7 años en la Administración Pública Federal, en las secretarías de Relaciones Exteriores, Desarrollo Social, Energía y Gobernación. Su pasión son los asuntos internacionales, los asuntos políticos y la administración pública. Síguelo en Twitter y en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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