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Control de precios o el “canto de la Sirena”

Las disrupciones en la dinámica del sistema de precios modifican la conducta de consumidores o productores, señala Ángel Huerta.
vie 06 mayo 2022 12:00 AM
(El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador)
El presidente dijo que respeta la autonomía del Banco de México pero espera que las tasas suban menos.

(Expansión) - Actualmente el mundo se enfrenta a una inflación no vista hace mucho tiempo, en Estados Unidos (EU) son cifras máximas de 40 años, en México de 20 años, y en algunas economías ha marcado nuevos máximos históricos, como en la Eurozona.

Esta inflación, además de reflejar la recuperación de la actividad económica global tras el impacto de la pandemia, por ejemplo, en los rubros de servicios (menores restricciones sanitarias ante un menor ritmo de contagios, permiten una mayor demanda de servicios de todo tipo, como transporte y de esparcimiento, lo que presiona sus precios).

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También se ha visto alentada por el estímulo monetario que implementaron los bancos centrales para resarcir el impacto de la emergencia sanitaria, por algunas obstrucciones que aún prevalecen de la misma en las cadenas globales de producción y distribución, y más recientemente por la coyuntura actual, particularmente del conflicto geopolítico en Ucrania, que podría generar escasez de energéticos y materias primas agrícolas a nivel mundial.

Ante ello, los bancos centrales han comenzado a reaccionar endureciendo sus posturas monetarias, restringiendo el dinero en circulación y encareciendo los créditos. No obstante, para algunos, estas medidas no son lo suficientemente rápidas o efectivas para combatir la inflación, por lo que optan por otras alternativas que prometen mejores resultados y más rápidos para combatir la inflación, aunque al final pueden terminar aumentando el problema, por más nobles que sean sus intenciones… una de esas medidas es el control de precios.

Los precios son un complejo sistema de mercado que regula la interacción entre productores y consumidores, y determina la cantidad de algún bien que están dispuestos a consumir y producir, respectivamente. Dicho sistema es altamente sensible a intervenciones que interrumpan su funcionamiento genuino, y no porque los empresarios o consumidores sean malvados en cada caso, sino porque, sencillamente, los agentes económicos actúan por incentivos.

Así, si por algún control los precios de algunos bienes se ubican por debajo de su nivel natural, los productores prefieren abandonar la industria para buscar una mejor rentabilidad en otros mercados o sencillamente para evitar las pérdidas asociadas a la medida. Ningún oferente está dispuesto a vender algún producto a un precio menor del que le cuesta fabricarlo.

Por otro lado, ante un precio más bajo, los consumidores intentan acaparar el bien, lo que presiona su demanda, tal como ha pasado en países donde el precio de los energéticos es recortado por decisiones políticas, donde se observaban enormes filas de vehículos en las gasolinerías buscando llenar sus tanques a un menor precio.

Por esta razón, la consecuencia inmediata es que los recursos, tanto materiales (como el capital), como inmateriales (como el talento), de los empresarios, dejarían de estar disponibles, por lo que la producción de ese bien se vería truncada y generaría escasez, y presionando aún más los precios.

Cabe aclarar que los controles de precios no son necesariamente menores a los de mercado, sino también mayores. Por ejemplo, en EU y algunos países de Europa, cuando los gobiernos intentaron incrementar los ingresos agrícolas, compraban gran parte de la producción empujando al alza los precios. Acto seguido, los elevados precios inhibían a los consumidores a adquirir productos agrícolas e incitaba a más granjeros a aumentar su producción, generando así un exceso de oferta.

En cualquier caso, las disrupciones en la dinámica del sistema de precios modifican la conducta de consumidores o productores.

La historia brinda muchísimos ejemplos de las consecuencias de políticas de este tipo, uno particularmente irónico sucedió en Polonia, donde los precios de los televisores producidos ahí mismo estaban controlados y se mantenían artificialmente bajos, lo que naturalmente aumentó su demanda.

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Para adquirir un televisor, las personas hacían filas por varios días afuera de las tiendas. El economista David G. Tarr estima que el costo de todo el tiempo perdido de todas las personas en las filas de espera superó varias veces el valor de toda la producción de televisores.

Además de la escasez, los controles de precios también podrían incentivar mercados negros, como ocurrió en 1980, cuando el Ministerio de Finanzas de Japón reguló el sector de corretaje financiero. Al no poder competir en el mercado por los mayores clientes, las corporaciones recurrieron a actos de corrupción para captarlos.

Es cierto que la inflación es un problema para la mayoría de las personas, y aunque el control de precios es una medida que ofrece una solución rápida, debemos pensar en resistirnos al canto de la sirena, porque al paso del tiempo, el problema podría empeorar.

Nota del editor: Ángel Huerta es analista económico de Grupo Financiero Bx+. Es economista y aprendiz de matemático. Le gustan los tacos, la música clásica, y las discusiones académicas sobre crecimiento económico y desarrollo social. Tuitea, luego existe en @aiihmonzalvo . Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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