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Juventud, divino y desaprovechado tesoro

Las estadísticas en México muestran que una parte de las y los jóvenes no acceden al mercado laboral, a pesar de tener un mayor grado de escolaridad, señala Fátima Masse.
lun 15 agosto 2022 07:09 AM
(Fotografía temática de desempleo)
Las personas jóvenes alcanzan cada vez mayores niveles educativos, pero pareciera haber una desconexión entre lo que aprenden las y los estudiantes en la escuela y lo que necesitan las organizaciones productivas, considera Fátima Masse.

(Expansión) - La juventud es una etapa clave en la vida de una persona. Desde la perspectiva laboral, son los años en los que se toman decisiones para adquirir conocimientos y desarrollar habilidades que pueden ser determinantes para el futuro profesional.

Desafortunadamente, las estadísticas en México muestran que una parte de las y los jóvenes no acceden al mercado laboral, a pesar de tener un mayor grado de escolaridad.

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De acuerdo con un análisis reciente del IMCO , hay casi 2.7 millones de jóvenes que no trabajan, aunque quisieran hacerlo. Esto equivale a 12% de las personas de 15 a 24 años que viven en nuestro país.

De los 2.7 millones, 609,000 buscan activamente un empleo y no lo encuentran, lo que equivale a una tasa de desocupación de 6.4% que casi duplica la tasa promedio para todas las edades (3.5%). El resto son jóvenes que quisieran trabajar, pero ya no buscan un empleo, en su mayoría, porque no creen tener la esperanza de conseguirlo.

Yo tengo dos hipótesis para explicar por qué hay tanto talento joven desaprovechado. La primera es por falta de experiencia. Es común leer en vacantes “se busca personal recién egresado y con experiencia”, lo que se percibe incluso como un absurdo que deriva en un desafío enorme para las y los jóvenes. El tiempo es un recurso limitado, entonces una persona que invierte su tiempo en estudiar tendrá menos tiempo disponible, en el mejor de los casos, para acumular experiencia laboral.

Esto a su vez, podría ser un factor que orilla a la mayoría de las personas jóvenes que sí consiguen empleos (67%) a aceptarlos bajo condiciones de informalidad, o sea sin un contrato o sin acceso a seguridad social. Esto es preocupante, puesto que podría limitar la posibilidad de que brinquen a la formalidad y consigan mayores ingresos en un futuro.

Mi segunda hipótesis se relaciona con la primera, y es que las personas jóvenes alcanzan cada vez mayores niveles educativos, pero pareciera haber una desconexión entre lo que aprenden las y los estudiantes en la escuela y lo que necesitan las organizaciones productivas.

La juventud de hoy está mejor preparada que la de antes. Mientras que seis de cada 10 jóvenes han concluido el bachillerato, solo cuatro de cada de 10 personas de la generación anterior (40-49 años) han alcanzado este nivel educativo. A pesar de ello, México es uno de los países con mayor dificultad para llenar vacantes especializadas en Latinoamérica. ¿Por qué? Probablemente, porque los servicios educativos no son de calidad ni los programas responden a lo que requieren los reclutadores a la hora de contratar.

Este panorama es un llamado de alerta para todos los actores, pero es aún más fuerte para las autoridades educativas, federales y estatales. Ante las exigencias de la economía actual, no es suficiente con apostar por un mayor grado de escolaridad. Se necesita invertir en mejores programas de estudio, los cuales estén basados en las necesidades del sector productivo y que faciliten la posibilidad de desarrollar experiencia que es tan valorada en el mercado laboral.

Urgen acciones integrales para aprovechar el talento joven y lograr que tengan un futuro profesional con mayores oportunidades.

Nota del editor: Fátima Masse es Directora de Sociedad incluyente del IMCO. Síguela en Twitter como @Fatima_Masse . Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

 
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