Como punto de partida, convengamos que hacer estrategia es alinear a la empresa con su entorno de negocios, e incluso crear nuevos entornos para generar valor a sus diferentes públicos. En este sentido, ser estratega es un estado mental de permanente orientación al futuro, mientras que ser líder es mover a la organización hacia los objetivos definidos en el proceso estratégico.
La transformación digital que viven hoy las organizaciones ha disminuido sensiblemente sus costos de transacción, tanto los internos como los externos –entre organizaciones y con su entorno—. Una manifestación de ello es la facilidad y rapidez de acceso a la información –que es el insumo clave para hacer estrategia—, y la disminución de las barreras de comunicación, al menos las físicas, entre los diversos niveles organizacionales.
Esta mayor conectividad permite entender de forma más ágil los requerimientos del mercado, así como los factores de atracción de nuevos clientes para no perder relevancia, uno de los propósitos clave de hacer estrategia. También facilita el trabajo de los proveedores como socios estratégicos en la cadena de valor.
Sin duda, la tecnología es un aliado estratégico para generar valor sostenible. Esta premisa es válida tanto para las personas y las organizaciones como para la comunidad y el planeta. Así, las personas somos y seguiremos siendo el centro de la actividad económica. Como integrantes de una organización debemos aprender permanentemente y desarrollar competencias para seguir siendo relevantes, encontrando en la tecnología un medio para realizar un trabajo de mayor valor agregado.
De forma casi contraintuitiva, el desarrollo cada vez más acelerado de la tecnología y su aplicación en industrias actuales y emergentes nos debe llevar a tener organizaciones más humanas. Esto significa que el trabajo será cada vez más intelectual, proporcionará tiempo para una mayor reflexión, permitirá más interacción entre las personas y una mejor toma de decisiones.
En estas organizaciones, la tarea del líder es ser formador de otros líderes y un facilitador del trabajo de los equipos. Las estructuras jerárquicas rígidas ya no son adecuadas en contextos cada vez más volátiles. El trabajo ahora es más por proyectos y la función de liderazgo estará en relación con las competencias requeridas para el logro de los objetivos particulares de cada actividad a desarrollar.