Con este enfoque no sólo habría que considerar cómo las operaciones, productos y decisiones de las empresas afectan al medio ambiente (por hablar, a manera de ejemplo, de uno de los ejes de la sostenibilidad), sino también cómo estos temas repercuten financiera y operativamente en el negocio a corto, mediano y largo plazos ya que hoy en día enfrentamos lo que los expertos han denominado como una triple crisis ambiental por la interrelación de tres grandes retos que enfrentamos como humanidad.
En primer lugar tenemos el cambio climático y los efectos que ocasiona, como el aumento de las temperaturas promedio en todo el mundo, los cambios en los patrones de precipitación, el derretimiento de los polos y el incremento del nivel del mar, las alteraciones a los ecosistemas terrestres y acuáticos, y el aumento en la frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos, por mencionar algunos.
El segundo gran reto ambiental se refiere a la pérdida acelerada de biodiversidad en todo el planeta, derivada de la deforestación, la sobreexplotación de recursos naturales y la contaminación, lo cual contribuye a la extinción de especies y a la degradación de los ecosistemas, comprometiendo su estabilidad y equilibrio.
Finalmente, a estos retos se une la contaminación, pero no sólo del aire, sino también del agua y del suelo, por la generación masiva de residuos, la cual contribuye también a la degradación ambiental y la pérdida de biodiversidad.
Para enfrentar esta triple crisis ambiental se requieren acciones integrales y coordinadas, ya que los tres temas están interconectados y se refuerzan mutuamente. Ante esta situación, las empresas deben tener un papel de corresponsabilidad con el sector público y las organizaciones de la sociedad civil, para que desde su ámbito y de manera complementaria se puedan abordar estos tres temas de manera urgente y a gran escala.
A manera de ejemplo, las empresas pueden establecer objetivos y metas ambiciosos basados en ciencia para la reducción de sus emisiones de gases de efecto invernadero, apostar por la transición y eficiencia energéticas, invertir en investigación y desarrollo de tecnologías bajas en carbono, adoptar modelos de economía circular para el diseño, producción y comercialización de sus productos, implementar esquemas de sostenibilidad en sus cadenas de suministro, reducir los insumos naturales y favorecer el reciclaje y reúso de materiales posconsumo, y tomar medidas para evitar la deforestación y la sobrexplotación agrícola, pecuaria y pesquera, entre muchas otras acciones de sostenibilidad que reduzcan y/o compensen sus impactos negativo hacia el medio ambiente.