Se trata de un costoso y doloroso rescate. Hoy es urgente la necesidad de optimizar procesos y dar el mejor uso a recursos naturales que pertenecen a la nación, haciendo frente a los abultados compromisos, sin olvidar que resulta inaplazable poner fin al dispendio. El oro negro conservará su color, pero no su condición de materia indispensable para el desarrollo, por el contrario, será negro insumo para países sumidos en el subdesarrollo.
Hoy, la cantidad de adeudos acumulados deja claro que Pemex, lejos de ser una locomotora que disminuye la velocidad, es aeronave a la que se han ido apagando las turbinas. La diferencia es sustancial, la primera simplemente afronta la posible inmovilidad, en tanto que la segunda, presenta el riesgo de un súbito desplome.
El Gobierno Federal, y particularmente, las instancias de combate a la corrupción y fiscalización deben tomar inmediatas medidas contra la rapiña y la canibalización que, lastimosamente, ya saltan a la vista. En tanto que la cadena de provisión y suministro de bienes y servicios afronta sus más oscuros tiempos, opera impunemente una perversa industria paralela que no se basa sino en el tráfico de influencias y en el velo de opacidad que tiende el apabullante volumen de transacciones, el cual, hace compleja su revisión.
Son cada vez más perceptibles anclajes internos, que perversamente tienden lazos hacia el exterior, en aras de hacer un lucrativo negocio, ello, a partir de la infortunada condición en que se encuentra la petrolera. Sí; se trata de paladines en el medrar.
Buitres, coyotes y demás fauna con “influencia”, han dicho a proveedores y contratistas que, en estos casos, el primero que cobra es el único que cobra, y, por tanto, que todo porcentaje a sacrificar de las facturas pendientes de pago es sacrificable, teniendo como única opción el perderlo todo.
Es de todos bien sabido que Pemex ha creado las condiciones para que operen enormes negocios que nada tienen que ver con su giro, ni mucho menos, con el beneficio de esa entidad pública ni del interés nacional. Hace ya dos décadas que los encargados de las finanzas de la empresa vieron, en el pago de facturas y la contratación de seguros, una fuente inagotable de recursos fácilmente extraíbles del patrimonio institucional.
De forma que, el destructivo y nocivo factoraje, formal o informal, que surgió hace ya 20 años, produjo grandes caudales en favor de “empresarios” que no producen, ni aportan nada a la cadena de valor industrial, quienes viven opíparamente sólo por tener la gracia de quienes controlan los tiempos y movimientos en los pagos.
Así es, simplemente, cerrando la llave de los pagos y armando una estructura de “facilitadores”, la entidad pública creo uno de los más rentables, pero opacos negocios, los cuales, hoy, lejos de ver mermada su capacidad, tienen ante la perniciosa posibilidad de expandirse y la expectativa de acopiar utilidades jamás antes vistas.
En efecto, mediante cesiones de derechos o factoraje formal, hubo quienes aprovecharon su cercanía con los responsables de las finanzas de la desvencijada petrolera, gestando fortunas, repartidas en lo oscurito, a partir del manipulado y sesgado incumplimiento de obligaciones relacionadas con la procura. Un -estira y afloja- bien concertado entre funcionarios y gestores, hizo anidar la más grotesca fórmula para enriquecerse, primero, cobrando abusivas tasas de descuento a las víctimas, y luego, obteniendo enormes financiamientos bancarios.
El control de la pagaduría se volvió, para muchos bancos, un activo intangible, que respaldó la recepción de enormes fortunas acopiadas para seguir “comprando” facturas. Las empresas cercanas a los manipuladores del poder son bien conocidas por todos. La escandalosa formación de enormes caudales de la noche a la mañana llenó primeras planas en los sexenios de Calderón y Peña Nieto. Aunque cayeron un par de tunantes, la danza de los miles de millones no paró el sexenio pasado, y lo que es peor, está en ciernes la época dorada del “derecho de cobro”.
Durante años, el coyotaje vino desmantelando a la industria de procura, haciendo obligados socios a los oficiosos cobradores, quienes no ponían, ni ponen nada, más allá de la capacidad de ser recibidos con bombo y platillo en las oficinas de la negra torre. Se hicieron ricos, pero poco a poco, las indispensables empresas proveedoras y contratistas fueron quebrando, achicándose, o de plano, entregándose a la perniciosa práctica. Ello provocó que la calidad de los productos y la eficiencia pasaran a ser un tema secundario, sí, lo importante era tener al gestor correcto, de preferencia en el área de finanzas, o ya, de perdida, en la legal.