En este escenario, la economía mexicana experimenta dos choques adversos. El primero es externo y es generado por la severa recesión económica de los Estados Unidos. El segundo es interno y es producido por la depresión de la demanda causada por el ajuste de políticas necesario para enfrentar el choque. El volumen de exportaciones del país es el principal canal de transmisión de la recesión estadounidense a la economía mexicana. La menor demanda de productos mexicanos reduce el flujo de ingresos externos hacia el país, imponiendo restricciones a la balanza comercial y en consecuencia afectando el desempeño económico. La caída de la economía mexicana se ve acompañada de un aumento en la tasa de desempleo, mientras que los salarios reales se ven afectados por la caída del empleo y el deterioro del poder adquisitivo causado por la mayor inflación resultante.
Así mismo, los mercados financieros mexicanos sufren un fuerte periodo de volatilidad y estrés generado por la aversión al riesgo y la incertidumbre. La economía reproduce el tradicional ciclo de sobrerreacción en el tipo de cambio, la inflación y las tasas de interés, acompañado de una severa corrección en el mercado de valores. El peso experimenta un fuerte sobresalto, resultado de inversionistas buscando refugio en activos denominados en dólares, aumentando con ello la demanda de la divisa y desencadenando salidas de capital. Esta sobrerreacción cambiaria toma al menos un par de trimestres, generando un traspaso a la inflación, deteriorando las expectativas y provocando una respuesta de política económica.
Ante esta situación, el Banco de México reacciona frente al repunte inflacionario y deterioro de expectativas, para contener las salidas de capital y hacer frente a la turbulencia financiera. Las autoridades de política económica se ven obligadas a actuar endureciendo las condiciones a corto plazo para restaurar la estabilidad de los mercados. La tasa de interés de referencia se incrementa en los primeros trimestres, ante la sobrerreacción del peso y la inflación. Las tasas de los bonos del gobierno responden aún más agresivamente debido a la creciente aversión al riesgo, ampliando así sus diferenciales y elevando los costos de financiamiento para la deuda gubernamental, lo cual impone presiones adicionales sobre las cuentas fiscales. Las tasas de interés se ajustan a la baja más adelante cuando la volatilidad disminuye y los mercados regresan a cierta estabilidad.