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Cómo la adicción a las bebidas azucaradas está empeorando una crisis de salud

Pocos predijeron que unirse a la "economía moderna" transformaría nuestra dieta, aunque el daño está hecho, este puede revertirse.
sáb 29 marzo 2025 06:59 AM
Cómo la adicción a las bebidas azucaradas está empeorando una crisis de salud
La crisis de enfermedades crónicas de México exige acción ahora, antes de que otra generación crezca creyendo que el refresco es más seguro que el agua, apunta Antonio Merchant.

“En mi pueblo, cuando era niño, bebíamos agua del pozo”. Hoy esta frase ha sido sustituida por niños que sorben botellas de bebidas azucaradas antes de poder hablar. Están en todas partes y nos están matando.

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Los mexicanos tenemos un paladar dulce y una genética particular que alimentan nuestra epidemia de diabetes e hipertensión. Por si fuera poco, el TLCAN llegó en 1994 como un caballo de Troya. Adentro: alimentos procesados, tiendas de conveniencia y un alud de jarabe de maíz de alta fructosa que sustituyó al azúcar tradicional. El resultado no ocurrió por accidente, fue manufacturado, embotellado y comercializado con la bendición del libre comercio. Pocos predijeron que unirse a la "economía moderna" transformaría nuestra dieta, aunque el daño está hecho, este puede revertirse.

Las estadísticas son demoledoras. En 1980, sólo el 7% de los mexicanos eran obesos. Hoy, ese número supera el 75%. La diabetes cobra 80,000 vidas mexicanas al año. Según el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) , en 2023, el 18.4% de los adultos en México tenían diabetes, pero solo un tercio había sido diagnosticado. En las áreas rurales, las bebidas azucaradas son más accesibles que el agua limpia. Los niños crecen de la mano de estas bebidas con jarabe de fructosa en los comedores escolares, bebiendo lealtad a las marcas antes de entender la adicción.

Vemos las consecuencias todos los días.

Las consecuencias están a la vista de todos y son parte de la cotidianidad. Los pacientes llegan con diabetes avanzada, sin saber que el refresco consumido desde la niñez los ha dañado internamente. Muchos llegan demasiado tarde. Nuestro sistema de salud pública, sobrecargado y sin fondos, donde la mayoría no puede permitirse un seguro privado, se tambalea ante enfermedades prevenibles.

Un estudio reciente de Nature Medicine publicado en enero, confirma de lo que hemos sido testigos: uno de cada cuatro nuevos casos de diabetes en América Latina proviene de las bebidas azucaradas.

Esto no sólo son estadísticas. Es María, quien perdió la vista a los 42 años. Es Carlos, que no puede trabajar porque la diálisis consume tres días de su semana. Son niños celebrando cumpleaños con botellas de refresco de dos litros, desenvolviendo su futura enfermedad.

Las iniciativas de salud de la presidenta Sheinbaum prometen campañas de prevención y reducción de la obesidad. Pero ya hemos escuchado estas promesas antes. Oaxaca "prohibió" la venta de bebidas azucaradas a los niños en 2020, pero la ley sigue sin aplicarse. ¿Por qué? El poder del dinero. La influencia de las corporaciones llega a oficinas gubernamentales, estadios deportivos y cada tiendita en los barrios más pobres.

Mientras tanto, el costo sigue aumentando. La crisis exige más que promesas del gobierno que se disuelven como azúcar en agua. Se requieren soluciones prácticas e inmediatas mientras luchamos la batalla cultural más grande.

Primero, necesitamos alternativas accesibles a los hospitales saturados. Las clínicas cercanas a farmacias que ofrecen consultas de 40 pesos ya están llenando este vacío, proporcionando intervenciones tempranas que previenen complicaciones graves. En algunos casos, detectan la diabetes antes de una insuficiencia renal o la hipertensión antes de un derrame cerebral.

Segundo, la tecnología debe servir a quienes no tienen acceso a atención médica. El monitoreo de salud basado en teléfonos inteligentes, ya ampliamente extendidos en México, puede alertar a los usuarios sobre patrones preocupantes antes de que se conviertan en emergencias. La democratización de los datos de salud permite a quienes viven en comunidades remotas comprender mejor su cuerpo.

Tercero, la telemedicina debe expandirse más allá de los centros urbanos. Cuando la atención especializada requiere un día de viaje, muchos eligen sufrir antes que recibir tratamiento. Las consultas virtuales eliminan la geografía como barrera para la atención. El seguimiento de la telemedicina con herramientas de inteligencia artificial disminuye consultas y viajes, optimizando la atención médica, tiempo y dinero.

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Estas soluciones no son teóricas; vemos su impacto diariamente. Necesitamos responsabilidad corporativa, regulación estricta de las bebidas azucaradas y un reconocimiento honesto de cómo las políticas comerciales han moldeado nuestra crisis de salud. Debemos enfocarnos más en nosotros y menos en el gobierno corporativo. La innovación privada a través de la tecnología es la pieza que falta en el rompecabezas de la salud.

La industria afirmará que no obligan al consumo, que han reducido el contenido de azúcar y que generan empleos. Lo que no admitirán es cómo han reemplazado sistemáticamente nuestra agua por su producto, cómo comercializan agresivamente hacia los niños y cómo han transformado los hábitos alimenticios de los mexicanos.

El camino hacia adelante requiere valentía para confrontar intereses poderosos. Basta de promesas. La crisis de enfermedades crónicas de México exige acción ahora, antes de que otra generación crezca creyendo que el refresco es más seguro que el agua.

Nuestra salud no está en venta. Ya no más.

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Nota del editor: Antonio Merchant Preciado es Director Médico en Medsi. Lidera proyectos innovadores que transforman la salud en México. Síguelo en Facebook . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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