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México 2050. Una visión compartida para ser potencia turística con bienestar real

El turismo del futuro se diseña con datos, se acuerda entre actores y se sostiene con continuidad.
jue 05 marzo 2026 06:01 AM
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Más visitantes, sí, pero sobre todo más bienestar tangible en comunidades receptoras. México puede mantener su liderazgo mundial si alinea visión nacional, inversión, digitalización, reglas claras y corresponsabilidad, considera José Ángel Díaz Rebolledo. (Foto: ALFREDO ESTRELLA/AFP)

Cuando presentamos en FITUR la Gran Visión del Turismo en México al 2050 lo hicimos con una convicción: México necesita una ruta de Estado con prioridades, métricas y continuidad. El liderazgo turístico solo vale si se traduce en derrama y beneficios reales para la población.

En 2025 México fue el sexto destino más visitado del mundo, con más de 47.7 millones de visitantes internacionales. Ese año, los ingresos por turismo internacional rondaron los 34.9 mil millones de dólares y el sector aportó cerca de 8.6% del PIB. Las cifras confirman capacidad, pero obligan a preguntar: ¿cómo crecer sin concentrar beneficios ni cargar a servicios y comunidades?

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El estudio identifica tres cambios clave hacia 2050. El primero es territorial: 25.9% del territorio nacional (508,611 km²) está directamente vinculado con la actividad turística. El turismo implica infraestructura, conectividad, agua, residuos, seguridad, movilidad, cultura, patrimonio y economía local. Por eso la estrategia debe ser transversal y sostenida.

El segundo cambio es económico y de distribución. De 2,469 municipios, 1,439 participan en el PIB turístico, que asciende a 1.93 billones de pesos (alrededor de 100,000 millones de dólares). Pero el valor se concentra: 56 municipios turísticos consolidados generan 64% del PIB turístico, mientras 208 municipios en desarrollo aportan el 36% restante. Si buscamos bienestar más amplio, debemos consolidar más destinos con capacidades, servicios y gestión.

El tercero es de mercado. Hacia 2050 disminuye el peso relativo del sol y playa como motivo principal. Nuestras costas seguirán siendo una ventaja, pero el crecimiento vendrá de una mezcla: cultura, ciudades, gastronomía, naturaleza, turismo rural y comunitario, entretenimiento y negocios. Esto exige pasar de la promoción general a la construcción de producto turístico diversificado, con gestión profesional del destino.

Con escenarios cuantitativos, hacia 2050 las llegadas internacionales podrían llegar a 91.0 millones, y el gasto medio oscilar entre 1,076.0 y 1,373.6 dólares por visitante. La lectura es directa: el futuro no se gana solo con volumen; se gana con valor por visitante y con una oferta que eleve confianza y calidad. En la misma lógica, la aportación del turismo al PIB se proyecta entre 8.2% y 10.0: la brecha entre inercia y estrategia.

¿En qué consiste crecer por estrategia? En cinco decisiones que deben tomarse hoy, con corresponsabilidad entre gobierno, sector privado, academia y comunidades:

1. Talento: escolaridad, capacitación, certificación y profesionalización para elevar estándares y salarios. No hay turismo de alto nivel con empleo precario.

2. Seguridad: coordinación intersecretarial, diagnósticos por destino, tecnología y protocolos para empresas y comunidades.

3. Conectividad para redistribuir: infraestructura y modernización terrestre y aérea, más acceso a internet, para llevar flujos al interior del país.

4. Institucionalidad: planeación como norma, sistema de información turística, coordinación multinivel, marco normativo de acuerdo los retos y oportunidades por destino, y promoción con respaldo técnico.

5. Digitalización con impacto: un punto adicional en el índice de digitalización aumenta 7.5% la probabilidad de consolidar un destino. Se requiere fortalecer el ecosistema de la economía digital e integrar eficazmente a MiPyMEs que compitan y capturen más valor para las comunidades.

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En este marco de redistribución de la derrama local y el bienestar de comunidades, el hospedaje es fundamental: define capacidad para recibir, distribuye gasto y activa el empleo local. La convivencia entre hotelería y plataformas digitales debe pasar de la polarización al ordenamiento y la complementariedad, con reglas diferenciadas basadas en evidencia, transparencia y corresponsabilidad, respetando a las comunidades.

Un ejemplo dimensiona el reto: la Ciudad de México registró en 2025 60.5 millones de visitantes y una derrama cercana a 157,000 millones de pesos. De ellos, 15.5 millones pernoctaron usando diversas alternativas de hospedaje: 49% en cuartos de hotel, 35% en casas de amigos y familiares y 15% en alojamientos temporales a través de plataformas digitales, de acuerdo con el “Perfil del Turista que visita la CDMX”, publicado por la Secretaría de Turismo local en 2024. Si la demanda es casi permanente; la gestión debe ser territorial para distribuir flujos y beneficios sin rebasar infraestructura.

Conclusión: más visitantes, sí, pero sobre todo más bienestar tangible en comunidades receptoras. México puede mantener su liderazgo mundial si alinea visión nacional, inversión, digitalización, reglas claras y corresponsabilidad. El turismo del futuro se diseña con datos, se acuerda entre actores y se sostiene con continuidad.

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Nota del editor: José Ángel Díaz Rebolledo es Director de la Facultad de Turismo y Gastronomía de la Universidad Anáhuac México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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