El estudio identifica tres cambios clave hacia 2050. El primero es territorial: 25.9% del territorio nacional (508,611 km²) está directamente vinculado con la actividad turística. El turismo implica infraestructura, conectividad, agua, residuos, seguridad, movilidad, cultura, patrimonio y economía local. Por eso la estrategia debe ser transversal y sostenida.
El segundo cambio es económico y de distribución. De 2,469 municipios, 1,439 participan en el PIB turístico, que asciende a 1.93 billones de pesos (alrededor de 100,000 millones de dólares). Pero el valor se concentra: 56 municipios turísticos consolidados generan 64% del PIB turístico, mientras 208 municipios en desarrollo aportan el 36% restante. Si buscamos bienestar más amplio, debemos consolidar más destinos con capacidades, servicios y gestión.
El tercero es de mercado. Hacia 2050 disminuye el peso relativo del sol y playa como motivo principal. Nuestras costas seguirán siendo una ventaja, pero el crecimiento vendrá de una mezcla: cultura, ciudades, gastronomía, naturaleza, turismo rural y comunitario, entretenimiento y negocios. Esto exige pasar de la promoción general a la construcción de producto turístico diversificado, con gestión profesional del destino.
Con escenarios cuantitativos, hacia 2050 las llegadas internacionales podrían llegar a 91.0 millones, y el gasto medio oscilar entre 1,076.0 y 1,373.6 dólares por visitante. La lectura es directa: el futuro no se gana solo con volumen; se gana con valor por visitante y con una oferta que eleve confianza y calidad. En la misma lógica, la aportación del turismo al PIB se proyecta entre 8.2% y 10.0: la brecha entre inercia y estrategia.
¿En qué consiste crecer por estrategia? En cinco decisiones que deben tomarse hoy, con corresponsabilidad entre gobierno, sector privado, academia y comunidades:
1. Talento: escolaridad, capacitación, certificación y profesionalización para elevar estándares y salarios. No hay turismo de alto nivel con empleo precario.
2. Seguridad: coordinación intersecretarial, diagnósticos por destino, tecnología y protocolos para empresas y comunidades.
3. Conectividad para redistribuir: infraestructura y modernización terrestre y aérea, más acceso a internet, para llevar flujos al interior del país.
4. Institucionalidad: planeación como norma, sistema de información turística, coordinación multinivel, marco normativo de acuerdo los retos y oportunidades por destino, y promoción con respaldo técnico.
5. Digitalización con impacto: un punto adicional en el índice de digitalización aumenta 7.5% la probabilidad de consolidar un destino. Se requiere fortalecer el ecosistema de la economía digital e integrar eficazmente a MiPyMEs que compitan y capturen más valor para las comunidades.