Cuando una persona puede trasladarse de forma segura, eficiente y asequible, mejora su calidad de vida y amplía su capacidad de participar en la economía, aprender y construir futuro. En cambio, cuando moverse es caro, lento, inseguro o imposible, las oportunidades se reducen y la desigualdad se profundiza.
México enfrenta todavía un rezago importante en esta materia. En muchas regiones faltan rutas, conectividad e infraestructura suficientes para responder a la demanda real. Hay zonas de la CDMX donde el crecimiento urbano avanzó más rápido que el transporte público y comunidades donde la distancia entre origen y destino se convierte en una barrera permanente. En la CDMX, puntualmente, existen corredores donde la oferta es insuficiente para el volumen de usuarios.
En muchos casos, el problema no es la ausencia total de transporte, sino la falta de integración, frecuencia, accesibilidad y calidad del servicio.
Ese rezago tiene un costo profundo: Personas que tardan dos o tres horas en llegar a sus empleos, familias que destinan una parte desproporcionada de su ingreso al transporte o estudiantes que abandonan oportunidades educativas porque no logran llegar a tiempo. La movilidad no es sólo una cuestión de desplazamient, lo es de igualdad de oportunidades.
No todos los proyectos de movilidad se justifican bajo la misma lógica financiera. Algunos pueden ser rentables en términos económicos, pero otros generan su principal valor en el retorno social: más acceso a empleo, menos tiempo perdido, mayor integración territorial, reducción de emisiones y mejor calidad de vida.
Ahí es donde el debate necesita madurar. Si seguimos evaluando todos los proyectos con una mirada exclusivamente financiera, gran parte de la infraestructura necesaria nunca verá la luz. Incorporar el valor social de la movilidad abre nuevas posibilidades para estructurar proyectos, atraer inversión y diseñar mecanismos de financiamiento más sofisticados.
México necesita modelos capaces de sostener proyectos que no siempre son financieramente viables por sí solos, pero que sí tienen un alto impacto social y económico.