Publicidad
Revista Digital
Publicidad

La movilidad no es un costo, es una inversión en la infraestructura invisible del bienestar y desarrollo

Si seguimos evaluando todos los proyectos con una mirada exclusivamente financiera, gran parte de la infraestructura necesaria nunca verá la luz.
mar 12 mayo 2026 06:03 AM
movilidad-del-valle
La movilidad es un problema de múltiples variables y su solución exige una respuesta integral. Se requiere infraestructura adecuada, financiamiento inteligente, redes conectadas, tecnología, datos para tomar mejores decisiones y coordinación entre gobierno, iniciativa privada y sociedad, apunta Gilberto Lozano Meade. (Mario Jasso)

Hablar de transporte y movilidad en México es hablar de desarrollo económico, inclusión social y combate a la pobreza.

Históricamente, la movilidad se ha tratado como un problema operativo o una carga presupuestal limitada al tráfico y la infraestructura. Hoy esa visión resulta insuficiente.

Moverse no es un lujo, sino una condición básica para acceder al trabajo, la educación, la salud y, en general, a las oportunidades que determinan el bienestar. Por ello, la movilidad debe entenderse como un derecho humano y una palanca del desarrollo económico.

Publicidad

Cuando una persona puede trasladarse de forma segura, eficiente y asequible, mejora su calidad de vida y amplía su capacidad de participar en la economía, aprender y construir futuro. En cambio, cuando moverse es caro, lento, inseguro o imposible, las oportunidades se reducen y la desigualdad se profundiza.

México enfrenta todavía un rezago importante en esta materia. En muchas regiones faltan rutas, conectividad e infraestructura suficientes para responder a la demanda real. Hay zonas de la CDMX donde el crecimiento urbano avanzó más rápido que el transporte público y comunidades donde la distancia entre origen y destino se convierte en una barrera permanente. En la CDMX, puntualmente, existen corredores donde la oferta es insuficiente para el volumen de usuarios.

En muchos casos, el problema no es la ausencia total de transporte, sino la falta de integración, frecuencia, accesibilidad y calidad del servicio.

Ese rezago tiene un costo profundo: Personas que tardan dos o tres horas en llegar a sus empleos, familias que destinan una parte desproporcionada de su ingreso al transporte o estudiantes que abandonan oportunidades educativas porque no logran llegar a tiempo. La movilidad no es sólo una cuestión de desplazamient, lo es de igualdad de oportunidades.

No todos los proyectos de movilidad se justifican bajo la misma lógica financiera. Algunos pueden ser rentables en términos económicos, pero otros generan su principal valor en el retorno social: más acceso a empleo, menos tiempo perdido, mayor integración territorial, reducción de emisiones y mejor calidad de vida.

Ahí es donde el debate necesita madurar. Si seguimos evaluando todos los proyectos con una mirada exclusivamente financiera, gran parte de la infraestructura necesaria nunca verá la luz. Incorporar el valor social de la movilidad abre nuevas posibilidades para estructurar proyectos, atraer inversión y diseñar mecanismos de financiamiento más sofisticados.

México necesita modelos capaces de sostener proyectos que no siempre son financieramente viables por sí solos, pero que sí tienen un alto impacto social y económico.

Publicidad

La solución no pasa únicamente por más gasto público, sino por mejores estructuras de inversión. Existen mecanismos que pueden ayudar a cerrar esa brecha: Inversiones mixtas, fondos de infraestructura, subsidios focalizados, esquemas de captura de valor y modelos híbridos que combinen recursos públicos, privados y multilaterales.

Lo que está en juego es un cambio de paradigma. La movilidad no debe verse como un costo que hay que minimizar, sino como un habilitador del desarrollo. Es la infraestructura invisible del bienestar pues permite que una persona llegue al hospital, que un niño asista a la escuela y que un trabajador acceda a una oportunidad laboral sin que el traslado se convierta en una barrera cotidiana.

La movilidad es un problema de múltiples variables y su solución exige una respuesta integral. Se requiere infraestructura adecuada, financiamiento inteligente, redes conectadas, tecnología, datos para tomar mejores decisiones y coordinación entre gobierno, iniciativa privada y sociedad.

Además, la planeación de largo plazo es indispensable, porque la movilidad no mejora con intervenciones aisladas.

Si la movilidad se coloca en el centro de la agenda de desarrollo en México, no sólo se resolverían problemas de transporte, también se ampliarían las capacidades del país. Un sistema de movilidad más eficiente reduce desigualdades, eleva la productividad y fortalece la cohesión social.

La discusión ya no debería centrarse en si la movilidad cuesta mucho, sino en cuánto le cuesta al país no invertir en ella. Cada hora perdida, cada ruta inexistente y cada conexión deficiente representan oportunidades desperdiciadas. En un país con las necesidades y el potencial de México, la movilidad no puede seguir viéndose como un gasto. Debe asumirse como una inversión estratégica en desarrollo, equidad y futuro.

_____

Nota del editor: Gilberto Lozano Meade es Senior advisor Roland Berger. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

Publicidad

Newsletter

Únete a nuestra comunidad. Te mandaremos una selección de nuestras historias.

Publicidad

Publicidad