Publicidad
Revista Digital
Publicidad

Estamos produciendo más marketing que nunca… y entendiendo menos al cliente

Las empresas que van a ganar en los próximos años no serán las que tengan más datos, sino las que tengan mejor capacidad de interpretación.
¿Cómo usar los datos para crear campañas de marketing de impacto?
El marketing actual se volvió una fábrica de reportes que justifican decisiones mediocres, donde todos nos sentimos seguros porque “eso dice el dato”. El problema es que medir más no es lo mismo que entender mejor, apunta Mario Fernández. (iStock)

Nunca en la historia habíamos tenido tanta información sobre nuestros clientes.Y, paradójicamente, nunca habíamos estado tan lejos de entenderlos.

Hoy las empresas tienen dashboards, CRM, analytics, heatmaps, IA que resume conversaciones y algoritmos que predicen comportamiento. Saben cuántas personas hicieron clic, cuánto tiempo permanecieron en una página y en qué punto abandonaron el proceso.

Publicidad

Pero cuando llega el momento crítico —cuando hay que tomar decisiones— la mayoría sigue sin poder responder una pregunta básica: ¿Por qué alguien realmente nos compra?

Lo que estamos viviendo no es una crisis de datos. Es una crisis de interpretación.

El problema no es la falta de información. Es el exceso irrelevante

El marketing actual se volvió una fábrica de reportes que justifican decisiones mediocres, donde todos nos sentimos seguros porque “eso dice el dato”.

El problema es que medir más no es lo mismo que entender mejor.

La mayoría de los equipos opera bajo una lógica peligrosa: si algo se puede medir, entonces es importante. Y eso ha llevado a que se optimicen métricas que no necesariamente tienen relación directa con el negocio.

Más clics.
Más leads.
Más tráfico.

Y, sin embargo, seguimos con las mismas preguntas:

- ¿Por qué unos clientes sí avanzan y otros no?
- ¿Por qué proyectos con demanda no se convierten en ventas?
- ¿Por qué campañas “exitosas” no se traducen en crecimiento real?

La respuesta es incómoda: porque estamos viendo el comportamiento, pero no estamos entendiendo la decisión.

Me es frustrante y al mismo tiempo preocupante la cantidad de veces que, hablando con mis consultantes, me presumen sus dashboards hipersofisticados que miden hasta el más ínfimo detalle, pero son incapaces de responderme ¿quién realmente es tu cliente? Sin encasillarlo en una palabrería demográfica, que poco o nada de impacto real genera en su estrategia de marketing.

Y eso lo digo porque estoy seguro que somos más que sector demográfico. Tenemos sueños, aspiraciones, motivadores, miedos, creencias y muchas más cosas que, como profesionales del marketing, estamos obligados a conocer de nuestros clientes si realmente buscamos diferenciarnos en estos tiempos.

Publicidad

Estamos analizando acciones, no motivaciones

El error estructural es este: el marketing moderno mide lo que las personas hacen, pero rara vez entiende por qué lo hacen.

En otras palabras: estamos sobreinterpretando señales superficiales y subestimando factores profundos como percepción de riesgo, confianza, claridad de valor o timing de compra.

Aquí, me encanta referenciar a Benito Gutiérrez Levy. El que, sin lugar a dudas, fue mi mejor profesor en la carrera. Recuerdo bien que en mi primer proyecto con él nos dijo: “ustedes van a trabajar en mi oficina este proyecto”.

Yo como estudiante, me emocioné al pensar en la oficina que tendría alguien como él. Su siguiente frase, me dejó helado y, siendo honesto, bastante desilusionado: “mi oficina es la calle”.

Hoy vuelvo a pensar eso y veo que es justo el problema del que pecamos todos. Estamos cómodos en nuestros escritorios viendo datos que nos dan la ilusión de control, pero que, al final, hacen que nos saltemos la parte más importante y que debería ser nuestra primera obligación; hablar con el cliente.

Entender al cliente es más incómodo que medirlo

Aquí está la razón real del problema: entender al cliente implica hacer preguntas incómodas.

Implica salir del dashboard y entrar en conversaciones reales.Implica cuestionar supuestos internos.Implica aceptar que muchas decisiones no son tan racionales como creemos.

Entender al cliente requiere:

- Hablar con quienes sí compraron y con quienes no
- Analizar procesos comerciales, no solo campañas
- Detectar fricciones reales, no solo caídas en métricas
- Identificar percepciones, no solo comportamientos

Pero eso no escala igual que un dashboard. No se automatiza tan fácil. Y no siempre confirma lo que queremos creer.

El verdadero diferencial ya no es tener datos. Es tener criterio

En un entorno donde todos tienen acceso a IA, la ventaja competitiva ya no está en recolectar información. Está en saber qué ignorar.

Las empresas que van a ganar en los próximos años no serán las que tengan más datos, sino las que tengan mejor capacidad de interpretación.

Las que entiendan que el marketing no se trata de optimizar métricas, sino de influir decisiones, dejen de obsesionarse con lo que es fácil de medir y empiecen a enfocarse en lo que realmente mueve el negocio.

Porque al final; el problema es que, entre tanto dato, hemos dejado de escuchar al cliente. Y la historia nos ha dado mil y un ejemplos que el que deja de escuchar a su cliente… es el primero que se muere.

La próxima vez que digas que la IA te va a quitar el trabajo, piensa si es eso o si más bien es que para ti, tu cliente, se volvió más un número que una persona.

____

Nota del editor: Mario Fernández es Director de Marketing en Apolo 25. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

Publicidad

Newsletter

Únete a nuestra comunidad. Te mandaremos una selección de nuestras historias.

Publicidad

Publicidad