Estamos analizando acciones, no motivaciones
El error estructural es este: el marketing moderno mide lo que las personas hacen, pero rara vez entiende por qué lo hacen.
En otras palabras: estamos sobreinterpretando señales superficiales y subestimando factores profundos como percepción de riesgo, confianza, claridad de valor o timing de compra.
Aquí, me encanta referenciar a Benito Gutiérrez Levy. El que, sin lugar a dudas, fue mi mejor profesor en la carrera. Recuerdo bien que en mi primer proyecto con él nos dijo: “ustedes van a trabajar en mi oficina este proyecto”.
Yo como estudiante, me emocioné al pensar en la oficina que tendría alguien como él. Su siguiente frase, me dejó helado y, siendo honesto, bastante desilusionado: “mi oficina es la calle”.
Hoy vuelvo a pensar eso y veo que es justo el problema del que pecamos todos. Estamos cómodos en nuestros escritorios viendo datos que nos dan la ilusión de control, pero que, al final, hacen que nos saltemos la parte más importante y que debería ser nuestra primera obligación; hablar con el cliente.
Entender al cliente es más incómodo que medirlo
Aquí está la razón real del problema: entender al cliente implica hacer preguntas incómodas.
Implica salir del dashboard y entrar en conversaciones reales.Implica cuestionar supuestos internos.Implica aceptar que muchas decisiones no son tan racionales como creemos.
Entender al cliente requiere:
- Hablar con quienes sí compraron y con quienes no
- Analizar procesos comerciales, no solo campañas
- Detectar fricciones reales, no solo caídas en métricas
- Identificar percepciones, no solo comportamientos
Pero eso no escala igual que un dashboard. No se automatiza tan fácil. Y no siempre confirma lo que queremos creer.
El verdadero diferencial ya no es tener datos. Es tener criterio
En un entorno donde todos tienen acceso a IA, la ventaja competitiva ya no está en recolectar información. Está en saber qué ignorar.
Las empresas que van a ganar en los próximos años no serán las que tengan más datos, sino las que tengan mejor capacidad de interpretación.
Las que entiendan que el marketing no se trata de optimizar métricas, sino de influir decisiones, dejen de obsesionarse con lo que es fácil de medir y empiecen a enfocarse en lo que realmente mueve el negocio.
Porque al final; el problema es que, entre tanto dato, hemos dejado de escuchar al cliente. Y la historia nos ha dado mil y un ejemplos que el que deja de escuchar a su cliente… es el primero que se muere.
La próxima vez que digas que la IA te va a quitar el trabajo, piensa si es eso o si más bien es que para ti, tu cliente, se volvió más un número que una persona.
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Nota del editor: Mario Fernández es Director de Marketing en Apolo 25. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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