Publicidad
Revista Digital
Publicidad

Antes de los beneficios, la factura: el reto financiero de la IA

La inteligencia artificial exige inversiones crecientes en infraestructura, energía, tecnología y talento antes de generar eficiencias, lo que pondrá a prueba la capacidad financiera de las empresas.
IA y Nearshoring
La IA está impulsando una de las mayores olas de inversión de los últimos años. (MikeMareen/Getty Images)

La inteligencia artificial (IA) se ha instalado en las salas de consejo como una de las prioridades estratégicas más importantes de la década. Sin embargo, en medio de las conversaciones sobre productividad, automatización y nuevas capacidades tecnológicas, existe una cuestión más inmediata para los líderes empresariales: ¿las empresas están preparadas para sostener la inversión necesaria antes de que los beneficios sean palpables?

Es una pregunta relevante porque la discusión pública sobre IA suele concentrarse en los resultados esperados y mucho menos en las condiciones que deben existir para alcanzarlos.

Publicidad

Las grandes revoluciones tecnológicas rara vez producen transformaciones inmediatas. Antes de que la productividad mejore de manera generalizada, las empresas deben desarrollar capacidades, adaptar sus operaciones y realizar inversiones complementarias. El análisis Four AI misconceptions that deserve greater scrutiny de EY señala que el impacto económico de la IA dependerá no solo de los avances tecnológicos, sino de la capacidad de las organizaciones para reorganizar procesos, invertir en infraestructura y desarrollar talento.

Esa realidad tiene implicaciones importantes para la asignación de capital. La IA está impulsando una de las mayores olas de inversión de los últimos años. El reporte destaca que la expansión de centros de datos, la demanda de electricidad, la infraestructura en la nube, los semiconductores y la ciberseguridad forman parte de un proceso de construcción de capacidades que debe ocurrir antes de que las ganancias de eficiencia se materialicen a gran escala. Incluso los cuatro mayores hyperscalers podrían invertir alrededor de 700 mil millones de dólares en 2026, una cifra superior en más de 300 mil millones de dólares respecto al año anterior, de acuerdo con el Bureau of Labor Statistics.

Para las empresas, esto significa que la IA no debe analizarse únicamente como una herramienta para reducir costos. En muchos casos, representa primero una decisión de inversión. De hecho, la transición hacia una economía más productiva podría estar acompañada inicialmente por mayores costos asociados con infraestructura, energía, tecnología y talento. Antes de reducir costos de producción, la IA requiere una expansión significativa de la capacidad productiva que la hace posible.

Esta perspectiva obliga a replantear expectativas pues cuando una organización incorpora una nueva tecnología, es natural esperar resultados visibles en horizontes relativamente cortos. Sin embargo, los costos de adaptación suelen aparecer antes que los rendimientos. La creación de valor depende de inversiones complementarias y de cambios organizacionales que toman tiempo.

Publicidad

Para los CEO, la conversación estratégica debería centrarse menos en la rapidez con la que puede desplegarse una herramienta y más en la capacidad financiera de la empresa para atravesar ese ciclo de maduración y, desde luego, preguntarse: ¿la organización cuenta con la flexibilidad necesaria para sostener inversiones continuas mientras las eficiencias se desarrollan gradualmente?

Las empresas que distingan entre los costos de inversión de corto plazo y las ganancias de eficiencia de largo plazo estarán mejor preparadas para capturar los rendimientos de la IA. Asimismo, aquellas que mantengan la disciplina financiera necesaria para acompañar ese proceso tendrán mayores posibilidades de transformar las promesas tecnológicas en resultados empresariales tangibles.

La IA tiene el potencial de redefinir industrias enteras, pero para muchos líderes, la decisión más importante será financiera porque antes de capturar los beneficios de la próxima transformación, las organizaciones deberán estar preparadas para financiarla.

_____

Nota del editor: Manuel Solano es Socio Director Regional de EY Latinoamérica y Director General de EY México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

Publicidad

Newsletter

Únete a nuestra comunidad. Te mandaremos una selección de nuestras historias.

Publicidad

Publicidad