Las grandes revoluciones tecnológicas rara vez producen transformaciones inmediatas. Antes de que la productividad mejore de manera generalizada, las empresas deben desarrollar capacidades, adaptar sus operaciones y realizar inversiones complementarias. El análisis Four AI misconceptions that deserve greater scrutiny de EY señala que el impacto económico de la IA dependerá no solo de los avances tecnológicos, sino de la capacidad de las organizaciones para reorganizar procesos, invertir en infraestructura y desarrollar talento.
Esa realidad tiene implicaciones importantes para la asignación de capital. La IA está impulsando una de las mayores olas de inversión de los últimos años. El reporte destaca que la expansión de centros de datos, la demanda de electricidad, la infraestructura en la nube, los semiconductores y la ciberseguridad forman parte de un proceso de construcción de capacidades que debe ocurrir antes de que las ganancias de eficiencia se materialicen a gran escala. Incluso los cuatro mayores hyperscalers podrían invertir alrededor de 700 mil millones de dólares en 2026, una cifra superior en más de 300 mil millones de dólares respecto al año anterior, de acuerdo con el Bureau of Labor Statistics.
Para las empresas, esto significa que la IA no debe analizarse únicamente como una herramienta para reducir costos. En muchos casos, representa primero una decisión de inversión. De hecho, la transición hacia una economía más productiva podría estar acompañada inicialmente por mayores costos asociados con infraestructura, energía, tecnología y talento. Antes de reducir costos de producción, la IA requiere una expansión significativa de la capacidad productiva que la hace posible.
Esta perspectiva obliga a replantear expectativas pues cuando una organización incorpora una nueva tecnología, es natural esperar resultados visibles en horizontes relativamente cortos. Sin embargo, los costos de adaptación suelen aparecer antes que los rendimientos. La creación de valor depende de inversiones complementarias y de cambios organizacionales que toman tiempo.