México se encuentra en una posición particularmente interesante dentro de este orden. Por un lado, la relocalización de cadenas productivas hacia el país, impulsada por la ubicación geográfica privilegiada, talento competitivo, incentivos fiscales, entre otros, representa una oportunidad histórica. Por otro, esta misma dinámica introduce presiones significativas en infraestructura, talento especializado y capacidad de ejecución. Es decir, hay oportunidades, pero su aprovechamiento no es automático, requiere una transformación deliberada de cómo las organizaciones piensan y gestionan el crecimiento.
En este contexto, la expansión ha dejado de ser el resultado natural de operar eficientemente. Hoy es la consecuencia de decisiones estratégicas más complejas, que deben integrar variables externas cambiantes y capacidades internas diferenciadoras. Las empresas que continúan operando bajo esquemas tradicionales corren el riesgo de reaccionar tarde, mientras que aquellas que logran anticipar y adaptarse de forma ágil pueden capturar ventajas altamente competitivas.
Al respecto, sirven de ejemplo aquellas empresas que ya integraron tecnología en sus procesos, entre ellos, para el cumplimiento fiscal, pues hoy ya obtienen múltiples beneficios reflejados en la eficiencia, procesos administrativos trazables y evitando multas.
Un elemento central en esta transformación, desde luego que es la IA. De acuerdo con los hallazgos de la encuesta, existe un consenso creciente entre líderes empresariales sobre su potencial como motor de crecimiento; sin embargo, la realidad operativa muestra una brecha significativa entre esa ambición y su ejecución efectiva.
En la práctica, muchas organizaciones han avanzado en la adopción de IA, pero principalmente desde una lógica de eficiencia: automatización de procesos, reducción de costos y mejora de productividad; de hecho, 63% de las empresas la utilizan principalmente con este enfoque, más que como motor directo de generación de ingresos. Si bien esto genera beneficios tangibles, representa solo una parte limitada del valor estratégico de estas tecnologías. El verdadero diferencial radica en utilizar la IA para impulsar ingresos: diseñar estrategias de pricing más sofisticadas, personalizar la experiencia del cliente a gran escala y acelerar la innovación, entre otros.
El desafío es que esta evolución no depende únicamente de tecnología. Es, fundamentalmente, un reto de capacidades organizacionales. Muchas empresas en México aún operan con arquitecturas tecnológicas fragmentadas y niveles de madurez analítica que limitan el uso avanzado de datos. Mientras las decisiones estratégicas continúen basándose principalmente en intuición o experiencia, el potencial de la IA como habilitador de crecimiento permanecerá subexplotado.