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Transformar realidades: cinco lecciones del emprendimiento en Latinoamérica

Los emprendedores de la región no operan en condiciones ideales; por el contrario, construyen en medio de crisis económicas, disrupciones regulatorias y realidades sociales complejas.
Transformar realidades: cinco lecciones del emprendimiento en Latinoamérica
Los emprendedores que destacan son aquellos capaces de reinventarse cuando surgen cambios regulatorios, tecnológicos o de mercado. No se trata solo de reaccionar, sino de rediseñar su negocio de manera estructural cuando es necesario, considera Manuel Solano. (Foto: Ramón Ruiz Sampaio)

Recientemente tuve la oportunidad de acompañar a la delegación de empresarios latinoamericanos en la edición del EY World Entrepreneur Of The Year 2026 en Mónaco, un evento que reunió a los más destacados emprendedores del mundo que buscan transformar su contexto, aportar a la sociedad y delinear el futuro de los negocios.

Latinoamérica ofrece una narrativa interesante, y profundamente reveladora lo cual fue palpable en esta contienda global. Los emprendedores de la región no operan en condiciones ideales; por el contrario, construyen en medio de crisis económicas, disrupciones regulatorias y realidades sociales complejas. Y es precisamente ahí donde surgen sus principales fortalezas.

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A partir de distintas historias empresariales en la región, destaco cinco aprendizajes que no solo explican su éxito, sino que también ofrecen lecciones valiosas para cualquier economía:

1. La adversidad no es un freno, es una ventaja competitiva. Desde quienes iniciaron en contextos de crisis económicas hasta quienes transformaron territorios marcados por la informalidad o la violencia, se observa un patrón claro: la dificultad obliga a desarrollar resiliencia, creatividad y una visión de largo plazo. Estos emprendedores no solo sobreviven a la incertidumbre; la convierten en parte de su ADN estratégico.

2. El negocio tradicional ha quedado atrás, hoy se construyen ecosistemas. Las empresas más relevantes no se limitan a ofrecer un producto o servicio, integran distintas capacidades, desde producción hasta distribución, tecnología o contenido para capturar mayor valor y tener control sobre su crecimiento. Este enfoque permite escalar sin perder coherencia estratégica, algo fundamental en mercados dinámicos y fragmentados.

3. El impacto social como estrategia de negocio. En Latinoamérica, las empresas más exitosas suelen resolver problemas estructurales: acceso al empleo formal, mejora educativa o transición hacia economías legales. Lejos de ser iniciativas periféricas, estos elementos están integrados en el corazón del modelo de negocio. El resultado es una ventaja doble: sostenibilidad financiera y legitimidad social.

4. Lo local tiene un enorme potencial global. Una constante en estos casos es la capacidad de transformar identidad en valor exportable. Ya sea a través de la cultura, los productos o la experiencia, las empresas logran escalar más allá de sus fronteras sin perder su esencia. Esto rompe con la idea de que competir globalmente implica estandarizarse; por el contrario, demuestra que la autenticidad puede ser un diferenciador potente.

5. La adaptabilidad supera a la planificación perfecta. En entornos cambiantes, los modelos rígidos fracasan. Los emprendedores que destacan son aquellos capaces de reinventarse cuando surgen cambios regulatorios, tecnológicos o de mercado. No se trata solo de reaccionar, sino de rediseñar su negocio de manera estructural cuando es necesario. Esta flexibilidad estratégica es, en última instancia, una de las capacidades más críticas en la región.

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En conjunto, estas lecciones apuntan a una conclusión más profunda: el emprendimiento latinoamericano no solo busca crecimiento, sino que responde a realidades complejas con soluciones igualmente innovadoras.

En ese proceso, desarrolla modelos más resilientes, integrados y humanos. Sin duda, en contextos donde nada está garantizado, emprender deja de ser solo una oportunidad y se convierte en una forma de transformar realidades. Como ejecutivos y empresarios, nos corresponde difundir sus historias, colaborar para impulsar su crecimiento y crear un ecosistema que siga moviendo a la economía de la región.

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Nota del editor: Manuel Solano es Socio Director para EY México y Socio Director Regional para EY Latinoamérica. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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