La respuesta honesta es sí. La inteligencia artificial (IA) podría contribuir a nuestra extinción. El Informe Internacional de Seguridad de la IA 2026 contempla esa posibilidad, aunque reconoce incertidumbres y desacuerdos. Pero reconocer un peligro no significa aceptar una sentencia. Significa comprender qué podemos hacer para evitarla.
El peligro central no es solamente su potencial latente, sino la falta de un Propósito claro y digno. ¿Un genio dentro de una botella es bueno o malo? Depende de quién lo usa, para qué y por qué. También, de nuestra capacidad para mantenerlo bajo control.
En la historia de la civilización humana podemos reconocer un patrón recurrente: se descubre una fuente de poder inédita; surge una fijación por poseerla y llevarla al máximo posible. La nueva potencia transforma al individuo y las estructuras sociales. El cambio genera tensión, que se libera gradual o repentinamente, de maneras pacíficas o violentas. La lucha redefine las jerarquías; aparecen ganadores, se consolida un nuevo orden y el ciclo comienza de nuevo.