Las empresas han desarrollado mecanismos para gestionar distintos tipos de incertidumbre. Algunas están preparadas para enfrentar cambios regulatorios; otras cuentan con estrategias para responder a interrupciones en las cadenas de suministro o a condiciones climáticas adversas. Sin embargo, el entorno plantea un desafío diferente para los tomadores de decisiones: cada vez es menos frecuente que los riesgos aparezcan de forma aislada. Es necesario repensarlos como fuerzas que interactúan y convergen en un mismo escenario.
Los acontecimientos observados en distintas regiones del mundo apuntan en esa dirección. El fortalecimiento del fenómeno de El Niño, las transiciones políticas en economías relevantes, la aceleración de las inversiones vinculadas con inteligencia artificial y el crecimiento del gasto en defensa forman parte de tendencias distintas, pero con un impacto acumulativo sobre las operaciones, los costos y las decisiones de inversión, de acuerdo con el análisis de geoestrategia de EY .