Durante las medidas de aislamiento por COVID-19, de parte de la Subsecretaría de Comunicaciones y Desarrollo Tecnológico se publicó una Guía de Ciberseguridad para el uso de redes y dispositivos de telecomunicaciones en apoyo al trabajo, documento que fue emitido en junio de este año, a tres meses de que la mayoría de las empresas habían adoptado este modelo de trabajo en sus organizaciones.
“Más allá de lo que ha tocado en el tema de si se impulsa o no una regulación, lo que se requiere de parte de las empresas es mayor transparencia y para esto, se deben empezar a generar criterios que se adopten de forma ética y las hagan más competitivas, sobre todo si se quiere seguir participando en acciones comerciales no sólo en México”, puntualizó Brian Weihs, director ejecutivo de Kroll México.
La ciberseguridad y COVID-19 tienen mucho en común
De acuerdo con un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Organización de los Estados Americanos (OEA) se estima que el costo anual en América Latina por cibercrimen asciende a 90,000 millones de dólares, lo que significa que la región sufre unos 3.7 millones de ataques por día. En México, sólo a la banca mexicana, el costo del cibercrimen ascendió a 107 millones de dólares en 2019, de acuerdo con la OEA.
Con respecto a otros países, México ha quedado rezagado en materia de ciberseguridad, de acuerdo con los expertos, y entre más vida digital existe en el país, más urgente es el tema de impulsar este tipo de iniciativas.
“En Colombia se tiene una regulación muy robusta, donde existe una agenda de ciberseguridad y un ente especial para tratar e investigar estos temas”, puntualizó Velázquez.
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El papel que tendrá la ENC, de acuerdo con ALAI, es elevar la competencia del personal, tener mejores mecanismos de colaboración, monitoreo, generación y comunicación de información para brindar transparencia, aspecto esencial a la hora de generar acuerdos mercantiles.
“Para aprovechar los beneficios de esta tecnología, es fundamental que los gobiernos emprendan reformas a los marcos regulatorios y de política pública para contar con normatividad armonizada en materia de privacidad y protección de datos, permitir el libre flujo transfronterizo de datos, ciberseguridad, regulación del mercado financiero, entre otros”, señaló la ALAI.