El sistema "está casi acabado", afirmó Luca Delle Monache, vicedirector del Centro Occidental de Extremos Meteorológicos e Hídricos (CW3E) de la Universidad de California San Diego.
"Estamos realizando los retoques finales", agregó. El científico reconoció que la IA no es una "solución milagrosa" para los Emiratos Árabes Unidos.
La siembra de nubes incrementa el tamaño de las gotículas presentes en las nubes, que luego caerán en forma de lluvia. Se estima que permite aumentar la precipitación en un 10% y 15%, explicó Delle Monache.
Pero solo funciona con un cierto tipo de nubes y, si no se aplica correctamente, incluso puede impedir la lluvia.
"Se debe hacer en el momento y el lugar adecuados. Por eso usamos inteligencia artificial", señaló.
El proyecto de tres años, financiado con 1.5 millones de dólares de Emiratos Árabes, alimenta con datos meteorológicos, de satélites y de radar, a un algoritmo que predice dónde se formarán nubes sembrables en las próximas seis horas.
Actualmente, un grupo de expertos estudiando imágenes de satélite se encargan de dirigir los cientos de vuelos de siembra de nubes que despegan cada año en el país.
En otros lugares se están haciendo cosas similares, por ejemplo, en México se han bombardeado nubes en Nuevo León y la Ciudad de México para enfrentar la temporada de sequía.
Pero este no es el único escenario en el que la IA se podría utilizar para generar soluciones medioambientales. El Programa para el medio ambiente de la Organización de las Naciones Unidas (PNUMA) apunta que hay “grandes esperanzas” de que esta tecnología pueda ayudar a abordar algunas de “las mayores emergencias ambientales del mundo”.
“La gran ventaja de la IA es que puede detectar patrones en los datos, como anomalías y similitudes, y utilizar el conocimiento histórico para predecir con precisión los resultados futuros”, señaló.
Entre los ejemplos en que la IA ya se utiliza está el Observatorio Internacional de Emisiones de Metano (IME) de PNUMA.
“El IMEO está en el centro del ecosistema mundial de datos de metano, al recopilar, sintetizar, y publicar datos de sus estudios científicos; desde satélites a través del Sistema de Alerta y Respuesta al Metano (MARS); a través de rigurosos informes de la industria mediante la Alianza para la Reducción de las Emisiones de Metano Provenientes de la Producción de Petróleo y Gas 2.0 (OGMP 2.0)”, explicó.
El Foro Económico Mundial apunta que otros usos donde la IA ya es de ayuda es en el monitoreo del derretimiento de los icebergs, pues esta tecnología ha sido entrenada para medir los cambios en estos cuerpos helados 10,000 veces más rápido de lo que podría hacerlo un humano.
Space Intelligence, una empresa con sede en Edimburgo, afirma que está mapeando más de un millón de hectáreas de terreno para obtener índices de deforestación en más de 30 países.
Este tipo de ejemplos siguen, así como las ideas de uso de esta tecnología en temas medioambientales, pero hay un lado negativo, PNUMA explicó que la proliferación de centros de datos que albergan servidores de IA producen desechos de equipos eléctricos y electrónicos altamente contaminantes, además consumen grandes cantidades de agua, dependen de minerales críticos y utilizan cantidades masivas de electricidad, lo que emite más gases de efecto invernadero.
“Todavía hay mucho que no sabemos sobre el impacto ambiental de la IA, pero algunos de los datos que tenemos son preocupantes”, afirmó Golestan (Sally) Radwan, directora de transformación digital de PNUMA. “Necesitamos asegurarnos de que el efecto neto de la IA en el planeta sea positivo antes de implementar la tecnología a gran escala”.