Las autoridades señalaron que el sospechoso huyó a pie después de provocar el incendio, mientras los agentes distribuían su descripción para tratar de ubicarlo. OpenAI confirmó después que, pese a la agresión, nadie resultó lesionado.
Aproximadamente una hora después del ataque, la policía respondió a otro reporte, esta vez en el bloque 1400 de Third Street, donde se encuentra la sede de OpenAI en San Francisco. Ahí, un hombre amenazaba con incendiar el edificio. Los oficiales que acudieron al sitio reconocieron al individuo por la descripción difundida tras el primer incidente y lo detuvieron de inmediato. El detenido es un hombre de 20 años, aunque las autoridades aún no revelaron públicamente su identidad.
La firma creadora de ChatGPT reaccionó con un mensaje de agradecimiento a la policía, mientras que medios como Wired reportaron que el equipo de seguridad corporativa de la empresa notificó internamente a empleados sobre el episodio y señaló que, poco después del ataque a la casa de Altman, una persona con características coincidentes fue localizada cerca de las instalaciones de la compañía en Mission Bay, donde emitió amenazas contra el edificio.
En los últimos dos años, OpenAI pasó de ser una firma seguida sobre todo por investigadores y desarrolladores a convertirse en una compañía bajo escrutinio político, empresarial y social, en medio de debates sobre regulación, empleo, seguridad y poder corporativo.
Cuando la figura del director ejecutivo se mezcla con la disputa tecnológica, la seguridad personal deja de ser un asunto privado y pasa a formar parte del riesgo operativo de la empresa. En este caso, esa frontera se borró en cuestión de minutos, desde la puerta de una casa hasta la entrada de unas oficinas corporativas.