El talento junior no desapareció, pero cuesta el triple colocarlo
Aleysha Serrato, business development and partnerships director de Generation México, una organización sin fines de lucro que a través de bootcamps intensivos de capacitación conecta a los egresados con empresas aliadas para asegurar un empleo formal, describe un mercado que ya no se parece al de la reactivación pospandemia, cuando bastaba una llamada para que una empresa pidiera 20 o 30 contrataciones junior en un mes. Ese ritmo, dice, se acabó y las compañías ya no absorben talento en tandas grandes, y quienes tienen mayor experiencia y roles de liderazgo son las personas que concentran la demanda en expansión.
Para sostener sus tasas de colocación, cercanas al 95% en los seis meses posteriores a la graduación, con una red de más de 300 empresas aliadas, Generation ha tenido que ajustar su propia operación matemática y antes de abrir un programa, mapea al menos tres veces más vacantes de las que planea cubrir. Este año, la meta es llegar a 1,000 personas en programas de tecnología, eso implica identificar cerca de 3,000 posiciones reales disponibles.
Ese esfuerzo adicional también explica por qué las generaciones de Generation se cuentan en cientos y no en miles, pues la organización prefiere sacrificar volumen antes que comprometer la empleabilidad garantizada de cada egresado.
Enrique Cano, director adjunto de Generation México, explica que uno de los principales retos para las aceleradoras de talento consiste en actualizar de manera constante sus programas de formación para responder a la velocidad con la que cambia la industria. Hoy, además de los conocimientos técnicos propios de cada especialidad, todos los participantes reciben capacitación en herramientas de inteligencia artificial generativa, “porque las empresas esperan que los nuevos colaboradores sepan utilizarlas desde el primer día”.
Esa capacidad de adaptación, asegura, marca una diferencia frente a los modelos educativos tradicionales. Mientras que una universidad puede tardar años en modificar un plan de estudios debido a procesos administrativos y regulatorios, un bootcamp puede incorporar en cuestión de semanas las tecnologías y habilidades que las empresas comienzan a demandar.