Los agentes de inteligencia artificial que las principales empresas tecnológicas desarrollan para ejecutar tareas de forma autónoma plantean un problema que va más allá de su capacidad para resolverlas: ¿qué ocurre cuando acceden a sistemas reales y actúan de formas que sus desarrolladores no anticiparon?
En las últimas semanas, OpenAI, Anthropic, y Meta han reportado incidentes en que sus modelos, durante evaluaciones de ciberseguridad, accedieron a sistemas externos o realizaron acciones fuera del alcance previsto. En algunos casos hubo errores de configuración en los entornos de prueba; en otros, los modelos encontraron por sí mismos rutas para ampliar su acceso.
El caso más reciente ocurrido en julio involucró a un cliente de Modal Labs. El agente de OpenAI que durante una evaluación accedió a la infraestructura de Hugging Face también accedió a la cuenta de uno de los clientes de la empresa, de acuerdo con Reuters.
Akshat Bubna, director de tecnología de Modal, aclaró que su plataforma no fue vulnerada, aunque sí mencionó que el agente aprovechó código vulnerable de uno de sus clientes, cuyo entorno tenía expuesto un punto de acceso sin autenticación que permitía ejecutar códigos en sus entornos aislados.
OpenAI reconoció que el agente había accedido a cuatro cuentas en cuatro servicios diferentes y, aunque no identificó públicamente cuáles, una fuente familiarizada con el caso confirmó a Reuters que una de ellas pertenecía a un cliente de Modal.
La tecnológica aseguró que desactivó y cifró el modelo utilizado en la prueba y restringió su acceso a la investigación relacionada con el incidente.