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Revista Digital
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Cómo monetiza la música

Aunque el streaming musical transformó la industria, el ecosistema digital nunca prometió éxito financiero para todos los artistas. La clave es saber aprovecharlo como vitrina de exposición.
Streaming música
Muchos pensaron que plataformas de streaming como Spotify salvaría los ingresos de los artistas, pero la realidad es que el porcentaje que puede vivir de sus canciones es bajo. (Jason Kempin/Getty Images)

Sofi Saar tiene claro su sueño. La principal exponente del ‘popteño’, una fusión entre los géneros musicales pop y norteño, quiere vender boletos para sus conciertos y vivir de su música. Sin embargo, también está consciente de que no alcanzará ese camino si basa su estrategia solo en las plataformas de streaming.

Desde el inicio de su carrera, Saar se dio cuenta de que eran una herramienta más, pero nunca, la clave de su éxito, porque la popularidad en el entorno digital no necesariamente se traduce en recintos llenos.

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“Puede que haya un artista que tenga muchos streams, pero no venda boletos”, comenta la también nominada al premio Mejor Nuevo Artista en los Latin Grammy 2024. “Si te aferras a tener tantos millones de streams pero te estás dando cuenta de que por ahí no es, debes buscar tu propio modelo de negocio”.

Spotify, la plataforma de streaming musical con más usuarios, demuestra este punto. En 2025, registró aproximadamente 13 millones de artistas y creadores en todo su catálogo. No obstante, solo 81,100 generaron más de 10,000 dólares como regalías de sus canciones; los que hicieron más de 50,000 dólares fueron 24,700; y los que superaron la barrera de los 100,000 dólares fueron apenas 13,800 músicos.

Si bien el streaming prometió una democratización absoluta del contenido, la realidad es que eso no se tradujo en que todos los creadores puedan vivir exclusivamente de sus canciones. Y así, la situación del mercado desmitifica las plataformas digitales.

“Mira los deportes profesionales. A mi hijo le encanta jugar futbol, pero eso no significa que vaya a llegar a un equipo profesional”, comenta Dustee Jenkins, Chief Public Affairs Officer de Spotify. “Si quieres dedicarte a esto en este nivel, habrá gente que gane y otros que no sean seleccionados para el equipo”.

Para entender los movimientos financieros de la industria del streaming musical es necesario revisar su objetivo primario. Estas plataformas nacieron como una barrera frente a la piratería de inicios de siglo, un tiempo en el que la música había perdido su valor comercial y en el que su propuesta fue estructurar un modelo basado en suscripciones y publicidad.

Más que una promesa incumplida, Jenkins sostiene que existe una brecha entre las expectativas de los creadores y la realidad del modelo de negocio de Spotify. Las críticas de que el sistema “no paga lo suficiente” o que “está roto” para los creadores independientes ignora que el modelo no prometió que quienes subieran su música tendrían éxito financiero. “Nunca hemos dicho que todos pueden ganar. Así no es el sistema”, afirma la ejecutiva.

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Rodrigo Vicentini, gerente general de Deezer Latinoamérica, lo resume a nivel geográfico. Antes del streaming, las carreras solían limitarse a la región donde el artista se encontraba, mientras que con este modelo, los artistas pueden llevar su trabajo a usuarios repartidos en todo el mundo. “Ese alcance potencia otras líneas de ingresos del artista, como boletos de conciertos y merchandising”, dice.

Sofi Saar
Sofi Saar, principal exponente del ‘popteño’, una fusión entre los géneros musicales pop y norteño, ha comprendido que las plataformas de streaming son una herramienta, pero no la clave del éxito. (ALEKANDRA LONDON/Getty Images)

En este terreno, el mánager musical José Lizama sostiene que confiar plenamente en las plataformas de streaming no es una buena decisión, especialmente, para los artistas en desarrollo. “Los artistas de nicho deberían saber que las plataformas no son negocio, a pesar de la exposición que te pueden dar”, afirma el especialista.

Lizama explica que el modelo más común de monetización se basa en reunir los ingresos en una sola bolsa. Después, se distribuye una parte a la plataforma para mantener su operación y su margen de ganancias, y la otra va para los intermediarios legales, es decir, disqueras o agregadores, que se encargan al final de distribuir los fondos a los artistas.

Para generar un ingreso de 20,000 pesos mensuales, un artista requiere que sus canciones acumulen entre 100,000 y 200,000 reproducciones de forma sostenida durante mínimo un año, ejemplifica Lizama. Sin embargo, a ese dinero hay que descontarle elementos como el porcentaje que toma la disquera o agregadora y, en caso de ser un artista independiente, también entra la parte de los impuestos. “Son muy pocos quienes lo logran en relación al universo de artistas que hay allá afuera”.

Ana Luisa Patiño, experta en distribución musical y fundadora de la plataforma de asesoría musical Mi Disquera, puntualiza que aquellos que distribuyen su música en plataformas abiertas donde se paga una anualidad, como Symphonic Starter, obtienen el 100% de las regalías, en la mayoría de los casos.

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No obstante, la cifra cambia cuando los artistas firman con servicios de sello, los cuales retienen una comisión del 15 al 30%, mientras que, si el artista trabaja con una disquera multinacional, el porcentaje puede variar desde un 70 hasta un 85%.

Asimismo, Patiño enfatiza que en ninguna de las plataformas existe un valor fijo por cada reproducción; más bien, depende de diversos factores, como la ubicación de los oyentes, el tipo de cuenta al que están suscritos (de pago o modelo gratuito), además de los ingresos mensuales de cada empresa en el caso de que se rijan por un modelo de reparto a partir de una misma bolsa.

A pesar de las duras métricas de entrada, el volumen total del negocio de la música grabada se expande a un ritmo acelerado. De acuerdo con los datos del reporte ‘Loud & Clear’, Spotify pagó en 2025 un total de 8,200 millones de pesos a la industria musical en México, una cifra que representa un crecimiento del 20% respecto al año anterior, aunque es la única cifra disponible. A nivel mundial, la empresa desembolsó a la industria musical más de 11,000 millones de dólares en 2025, un aumento del 10% interanual.

Frente a esta realidad, la diversificación comercial se vuelve obligatoria. “No creo que alguien esté conforme con que las plataformas sean su principal fuente de ingresos. Al contrario, es el lugar donde expones tu música sabiendo que no le vas a ganar y por eso volteas a hacer mercancías, asociaciones con marcas, vender vinilos o experiencias”, apunta por su parte Lizama.

El descubrimiento y la trampa del algoritmo

La promesa que sí cumplió el streaming es el acceso a todo el contenido. Sin embargo, Lizama señala que el mismo diseño de las experiencias en estas plataformas basadas en algoritmos aprovechan la comodidad y la pereza de los usuarios, pues estos se entregan a ellos y sus recomendaciones, lo cual no incentiva el descubrimiento de nuevos artistas.

“Estás jugando con el diablo y, si no le pones un alto, hará lo que quiera, te entregará lo que le parece mejor”, sentencia el mánager. “El algoritmo no busca arriesgar, no quiere proponer novedades, tiene claros sus objetivos, los públicos a los que quiere llegar. Te empuja a que escuches lo que quiere que escuches”.

Desde su análisis, el algoritmo hace lo que debe hacer: poner música sin parar. Por lo tanto, es un aliado de la industria musical, mas no de la experiencia de escuchar, ya que lleva a los usuarios a un loop donde no salen del mismo contenido. “La última de las preocupaciones de las plataformas es que descubras nueva música. Quieren que estés en la plataforma y, por eso, se basan en tus intereses”, detalla. “No es en pro de tu experiencia, sino en que te sientas cómodo con lo que te gusta y aquello que se le parezca”.

Para balancear esta inercia, el sector tecnológico recurre a la intervención humana. Como sucedía en la radio, los equipos de streaming tienen gente que se encarga de buscar nuevas propuestas e impulsarlas. Jenkins detalla que, en Spotify, este modelo se llama ‘algotorial’, un concepto que combina algoritmo y el criterio editorial humano para que el oyente encuentre música que no buscaría por sí mismo, basándose en gustos previos; mientras que el equipo editorial selecciona canciones que consideran que merecen estar en playlists globales para su descubrimiento.

Sofi Saar acepta que, al inicio, las plataformas fueron una gran forma de dar a conocer la música para quienes no podían llegar a la radio.

“Nos dieron una oportunidad de llegar a la gente en un nuevo formato, y, hoy por hoy, son una herramienta fundamental en el consumo de la música”, indica. Sin embargo, matiza que ahora “el playlisting es algo muy consolidado, es otro estilo de radio digital”.

Este impulso es el que ha permitido que géneros como el regional mexicano ganara tanta fuerza en los últimos años. En 2023, cuando reventó el fenómeno Ella Baila Sola, el regional mexicano fue el género más escuchado en Estados Unidos, que es de donde proviene el 27% de usuarios activos mensuales de Spotify.

Esto impactó directamente en los indicadores de la región. Según datos del ‘Informe de música de medio año 2026’, de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI), México incrementó sus ingresos un 13.3%, convirtiéndose en el décimo mercado de música grabada más grande del mundo. “Las plataformas de streaming eliminaron las limitaciones de los formatos físicos, como los CD y los casetes, lo que permitió que la música mexicana estuviera disponible en todas partes y de manera instantánea”, se lee en el reporte. “Más recientemente, las redes sociales, como TikTok, han potenciado el descubrimiento de nuevos artistas y han acelerado su crecimiento”.

A pesar de esas historias puntuales de éxito, Lizama advierte que el impulso de los curadores tiene limitaciones estructurales, pues el apoyo editorial a los artistas no determina su éxito. “En realidad, es el consumo, y por más que estés en listas editoriales, eso no asegura el éxito. Te apoya solo hasta cierto punto”, sostiene.

Patiño coincide y agrega que entrar a alguna lista no hace milagros. “Te expone a personas que pueden descubrir tu música, pero no seguirán contigo si no haces el trabajo de retenerlos por otros medios, si no tienes una estrategia integral de promoción, identidad artística, frecuencia regular de lanzamientos,

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