Disciplina de los hijos: un momento de ira puede acercar o alejar una relación

Los momentos después de la ira y el mal comportamiento pueden acercar o alejar una relación paterno filial o materno filial.
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David G. Allan

Nota del editor: David G. Allan es el director editorial de CNN Health, Wellness and Parenting. También escribe "The Wisdom Project" sobre cómo aplicar la filosofía a nuestras vidas diarias.

(CNN) – Sin pretenderlo, mi esposa y yo realizamos un experimento mientras criábamos a nuestros dos hijos, que tienen 4 años y medio de diferencia. En algún momento en ese ínterin, gracias a las sugerencias de los libros progresistas que leemos, abandonamos la popular técnica disciplinaria del “tiempo fuera” (conocida como “time-out”, tiempo de soledad o el rincón o silla para pensar), un método que existe probablemente desde el principio de los tiempos, cuando un padre Neanderthal gritó: "¡Ve a tu parte de la cueva hasta que te hayas calmado!"

Los argumentos para el tiempo fuera pueden resumirse en: 1. Es mejor que la nalgada. (Cierto) 2. Los padres quieren un poco de tiempo lejos del enervante comportamiento de un niño. (Sin duda.)

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El tiempo fuera fue muy popular por décadas y todavía es recomendado por algunos expertos en crianza. Pero es hora de que el tiempo fuera se quede en el pasado, junto con las añejas costumbres de gritar y pegar.

La falla fundamental del tiempo fuera es que equivale a abandonar a tu hijo cuando más te necesita. Si se está portando mal, puede ser para llamar tu atención. Si está molesto o enojado, quiere que te acerques a él (incluso si te rechaza). Tu presencia tranquila y a la escucha o un largo abrazo, no el aislamiento, es lo que necesita para reconectarse con su cerebro racional.

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¿Necesitas fundamentos de la ciencia social para convencerte? El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos realizó un estudio en 1982 (el método de tiempo fuera no ha cambiado desde entonces) que descubrió que los niños que tenían tiempo fuera (aislar y retirar el afecto) eran más mal portados, incluso cuando las madres hablaban con sus hijos después de esos minutos en soledad.

El especialista en crianza Alfie Kohn ha escrito extensamente acerca de los efectos negativos en el desarrollo moral y psicológico de un niño causados por el tiempo fuera y otras técnicas de retirada del afecto. Kohn cita al psicólogo infantil Bruno Bettelheim, quien concluyó que el tiempo fuera puede causar "profundos sentimientos de ansiedad".

Si crees que el tiempo fuera no es un castigo sino más bien una pausa muy necesaria para reflexionar y calmarse, deja que te pregunte: ¿Tu hijo piensa que es un castigo? Si es así, entonces lo es.

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Al describir el tiempo fuera o ‘time out’ en su libro "How to Talk so Kids Can Learn", Adele Faber y Elaine Mazlish escriben: "Como adulto puedes imaginar lo resentido y humillado que te sentirías si alguien te forzara al aislamiento por algo que dijiste o hiciste".

¿Cuál es la alternativa?

Apuesto que la mayoría de los padres que usan el tiempo fuera (que parece funcionar a corto plazo, tal vez porque desencadena el temor al abandono de un niño, según la psicóloga del desarrollo Aletha Solter), lo hacen porque es un recurso práctico. Si tuviéramos una alternativa que funcionara más eficazmente y con la misma rapidez, con gusto la usaríamos.

La respuesta son los "time-ins", un tiempo de conexión con tu hijo, no de aislamiento. Suena demasiado lindo como para ser un consejo real, pero tal vez lo recuerdes cuando te domine el enojo y no pienses con claridad. Lucha contra el impulso de alejar a tu hijo problemático y esfuérzate mejor por acercarte a él.

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Cuando eliminas la opción de la distancia y la soledad, no tienes más remedio que involucrarte. Ese paso, por cierto, es a menudo todo lo que se necesita para detener el comportamiento. Pero también puedes ayudarlos a calmarse; unas pocas respiraciones profundas son muy efectivas.

Y luego ambos pueden encontrar una solución juntos como un equipo en lugar de ser oponentes. Escuche con paciencia su versión de la historia. Y habla sobre los factores atenuantes. ¿Está el niño hambriento, enojado, solo, cansado, estresado o enfermo?

A veces no hay soluciones. Todos necesitamos ser escuchados algunas veces. Después de que entiendas sus motivos, intenta reflejar esos sentimientos en ellos. "Te entristece que el juego tenga que terminar". "Es tan frustrante cuando un plan no funciona como esperábamos".

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Los tiempos de conexión le demuestran que te importa, incluso en los momentos difíciles. Transmite el mensaje de que sus emociones "malas" (que son realmente difíciles, pero perfectamente naturales) son tan aceptables como sus emociones placenteras y felices. Los tiempos de conexión también les enseñan a los niños a prestar más atención a sus sentimientos y necesidades, y a mejorar en la búsqueda de soluciones a sus problemas. Esos momentos, cuando un tiempo fuera parece ser la ruta más fácil, son excelentes oportunidades para conectarse (amar) y enseñar habilidades para la vida.

A veces, especialmente con niños mayores, es posible que realmente quieran que los dejes solos. Pero mantente cerca. Tal vez abstente de hablar. Y si sales de la habitación, regresa después de un rato.

Algunas veces mi esposa y yo nos damos tiempos fuera cuando necesitamos un descanso. Pero es distinto con los niños. Si quieres alejarte, explica tu estado emocional antes de hacerlo. Estás dando ejemplo del hecho de que todos necesitan de vez en cuando una pausa (ya sea 30 segundos o 30 minutos).

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Experimento: renuncia por un mes al tiempo fuera

Supongo que no estarás convencido de que los tiempos de conexión o “time-ins” son más efectivos que los tiempos fuera o “time-outs” a menos que lo intentes. Ve lo que sucede cuando no das tiempos fuera por un mes. Puede ser un desastre al principio, pero estoy convencido de que verás algunos resultados significativos en un mes.

Nuestro experimento doméstico tuvo resultados similares al estudio del Instituto Nacional de Salud Mental. Si el “time-out” fuera efectivo, nuestro hijo menor (con quien nunca usamos el tiempo fuera) sería un terror. Y nuestra hija mayor se hubiera portado peor cuando dejamos de implementarlo. Pero no pasó ninguna de esas dos cosas. De hecho, casi eliminamos los castigos por completo. El resultado ha sido menos confrontación, más cohesión, más soluciones.

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Nuestra primogénita tiene 10 años y recientemente comenzó el rito de iniciación de la adolescencia de encerrarse en su habitación. A veces, agrega el portazo para ser más enfática. Es un tiempo fuera de otro cariz, uno que se impone a sí misma. Pero mi esposa o yo nos asomamos después de unos minutos y vemos si quiere hablar. A veces, me disculpo si fui yo quien hizo que se molestara. Pero si todavía quiere estar sola, lo respetamos. Ella sabe que estamos cerca, siempre listos para cuando necesite un “time-in”, un tiempo de conexión.

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