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El arte, ¿placer o política?

El mundo del arte siempre ha debatido sobre dónde se encuentra el espectro entre el placer y la política.
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El mundo del arte La pintura es un ejemplo obvio de cómo la estética y la protesta no son mutuamente excluyentes. (Foto: Cortesía del Museo Reina Sofía, Madrid)

Nota del editor: Michael Govan es director y CEO del Museo de Arte del Condado de Los Ángeles (LACMA). El 28 de marzo, presidirá la discusión ‘Intelligence Squared’ con cuatro artistas contemporáneos en torno al tema ¿El arte es placer o política? Las opiniones en este artículo pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) – Henri Matisse declaró que soñaba con un arte "libre de temas problemáticos o deprimentes... que ejerza sobre la mente una influencia calmante y tranquilizante, algo así como un buen sillón". Su amigo íntimo Picasso, que con frecuencia se complacía en los aspectos más oscuros de la emoción humana, tampoco era especialmente político en su arte.

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No obstante, a mediados de la década de 1930, durante una fiebre de creatividad, Picasso pintó una dramática protesta contra el bombardeo de Guernica en los tonos blancos y negros de un periódico. La claridad política de su "Guernica" pudo haber sido inspirada por la actitud revolucionaria de su amigo mexicano Diego Rivera, o las pinturas de carga política de la famosa serie “Los desastres de la guerra” de su compatriota Francisco Goya.

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La pintura es un ejemplo obvio de cómo la estética y la protesta no son mutuamente excluyentes. Picasso mostró que el pintor y la pintura podrían ser ambos.

El mundo del arte siempre ha debatido sobre dónde se encuentra el espectro entre el placer y la política. ¿Realmente queremos que el arte nos desafíe con los conflictos y amenazas que encontramos todos los días en las noticias?

nullSi lo hace, el arte político contemporáneo corre el riesgo de predicar a una audiencia compuesta por una pequeña élite liberal y bien educada que ya está alineada con su mensaje. Podría decirse que este arte se convertirá entonces en cómplice de comer de la misma mano que muerde, el mercado y las estructuras de poder que critica.

¿Es desafortunado que unas pocas imágenes transgresoras puedan arruinar el apetito de un gobierno por el arte que podría describirse como simplemente bello, inspirador o educativo? Tal vez sí, tal vez no. ¿Son las provocaciones artísticas de Ai Weiwei una amenaza, o más bien un tábano socrático que importuna y espolea al Estado para despertarlo y volverlo cada vez mejor?

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Las responsabilidades del arte

En LACMA (el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, donde trabajo como director), encontrarás muchos ejemplos de artistas contemporáneos que abordan los temas más apremiantes de nuestra era política: la nueva y hermosa instalación de realidad virtual de Alejandro González Iñárritu que genera empatía por la difícil situación de los inmigrantes; una pintura enorme y seductora de Mark Bradford que denuncia las injusticias perpetradas por la policía estadounidense contra los afroamericanos; o un espectacular mural de Barbara Kruger que, si bien no es estrictamente arte de protesta, sin duda clama por una mayor conciencia de las repercusiones de una cultura capitalista de consumo.

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Habiendo dicho esto, muchos de nosotros gravitamos hacia el arte o los museos de arte, no por motivos políticos o de protesta, sino por el tipo de calma que buscaba Matisse. Incluso podemos usar el arte para encontrar consuelo en un mundo inestable y a veces amenazante. Las personas que esperaban en fila fuera de cada museo que ha expuesto la reciente retrospectiva itinerante de Yayoi Kusama estaban buscando (más allá de los instantes de Instagram) el placer y la maravilla en entornos de colores brillantes, literalmente resplandecientes e inmersivos. ¿Y por qué no?

Carne y arena (2017)
De Alejandro González Iñárritu.

Pensemos también, sin embargo, que la búsqueda de la belleza pura puede ser más política de lo que creemos. Los artistas son siempre ciudadanos de algún lugar. También son humanos y, por lo tanto, tienen la misma responsabilidad que sugieren la mayoría de nuestras políticas, religiones y filosofías: que debemos mejorar, no disminuir, nuestras vidas y el mundo que habitamos.

Los principios de la estética no están en conflicto con la responsabilidad social y política. Para usar otro ejemplo del museo LACMA, la brillante e icónica escultura "Urban Light" de Chris Burden en la entrada del recinto puede haber inspirado más imágenes lúdicas en las redes sociales que cualquier otra obra de arte importante en el mundo, pero tiene su propia política. El mismo artista vio su composición de 202 farolas, hecha hace una década, como una declaración sobre lo que constituye una sociedad sofisticada: "a salvo después de la oscuridad y hermosa para la vista", en sus propias palabras.

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Un debate continuo

El mundo del arte está lejos de un consenso sobre la relación entre el arte y la política. De hecho, la lista de artistas que discuten este tema en un evento auspiciado por Intelligence Squared en Hong Kong esta semana ejemplifica la diversidad de opiniones sobre cómo, o incluso si, los dos deberían interactuar.

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Urban Light (2008)
De Chris Burden.

La artista china de 33 años Lu Yang mezcla los medios e Internet en una audaz sopa de tópicos, hurgando en las costumbres sociales mientras declara que su trabajo no tiene nada que ver con la política. La simulación por computadora del artista irlandés John Gerard de una bandera hecha de humo negro en un campo petrolero abandonado (popular entre los museos y en YouTube) parece capturar el espíritu de nuestra preocupación por la política y el medio ambiente.

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Del mismo modo, el artista islandés-danés Olafur Eliasson, además de numerosas instalaciones que abordan el cambio climático, fundó un proyecto que produce y comercializa luces de bajo costo alimentadas por energía solar para el mundo en desarrollo, fomentando la concientización y actuando al mismo tiempo.

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Y la artista iraní Shirazeh Houshiary hace un trabajo que es sutil en su política. En más de una de sus obras de arte, ha combinado el aliento humano, a través de la voz (del budismo, el cristianismo, el judaísmo y el sufismo) insistiendo poéticamente en que somos una sola humanidad y un todo espiritual.

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El gran arte se ha hecho a través del tiempo de muchas formas. Ha sido hecho como protesta y como propaganda, ha sido hecho para perturbar y calmar, para cuestionar y expresar. Nuestro mundo cada vez más globalizado por los medios nos acerca a las luchas de muchas personas; también nos trae historias y belleza de todas partes.

El panel de Intelligence Squared que debatirá "El arte es para el placer, no para la política. El arte contemporáneo no influye en la discusión política" se llevará a cabo en el Centro de Convenciones y Exhibiciones de Hong Kong el 28 de marzo de 2018.

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