Detrás de ese diseño hay más de una docena de versiones probadas en laboratorios en Alemania y en centros de entrenamiento de altitud en Kenia y Etiopía, según Patrick Nava, director general de running de Adidas.
Cómo las zapatillas devuelven energía en cada paso del maratón
La suela tiene la forma de una mecedora: una espuma ultraligera que envuelve una placa de carbono curva. Caminar con ellas resulta incómodo; correr 42 kilómetros, no.
El funcionamiento es sencillo en idea, pero complejo en ejecución. Cuando el pie toca el suelo, la espuma se comprime y la placa de carbono se dobla, almacenando energía. Al despegar, esa energía se libera y empuja al corredor hacia adelante.
"Es como tener un resorte adherido al pie", explica Daniel Lieberman, profesor de biología en Harvard y maratonista amateur. "El zapato almacena energía elástica y luego la devuelve, impulsando al corredor al aire."
El efecto es medible: según estimaciones de Lieberman, esta generación de zapatillas permite gastar entre 4 y 6% menos de energía por zancada.
En un maratón, esa diferencia se acumula. Un corredor de élite da cerca de 40,000 pasos para completar los 42.195 kilómetros. Llegar al final con entre 4 y 6% más de energía en cada uno equivale, en términos prácticos, a correr los últimos kilómetros con una ventaja que antes no existía.
Por qué estas zapatillas obligan a correr distinto
La curvatura de la suela no es un detalle estético. Está diseñada para mantener al corredor sobre la parte delantera del pie y evitar el contacto con el talón.
"Te coloca más hacia adelante", explica Brad Wilkins, director del Performance Research Laboratory de la Universidad de Oregon. Algunos modelos, añade, ni siquiera incluyen suela en el talón, porque el diseño asume que no se va a utilizar.
La razón es física. Cuando el talón golpea primero, genera un impulso hacia atrás que el cuerpo debe compensar para seguir avanzando. Al eliminar ese impacto, también desaparece esa pérdida de energía.