El BID y la SEP desarrollan programa para que más mujeres estudien carreras STEM

La iniciativa, aún en fase piloto, ha demostrado que incrementa el número de alumnas que optan por estudiar ciencias.
Romper la brecha.  Según datos del BID, solo 36% de los trabajadores en las 20 ocupaciones con mejores salarios del país son mujeres.  (Foto: iStock)
Puri Lucena /
CIUDAD DE MÉXICO (Expansión) -

Son cada vez más en las aulas, pero su representación en el mercado laboral continúa rezagada. El número de mujeres que estudian una carrera ya es prácticamente igual que el de hombres (49.3% son chicas, según cifras del Inegi) y mayor en los posgrados, pero la brecha salarial sigue alta: en la población con más de 14 años de escolaridad, la diferencia entre el salario de ellas y el de ellos es de 28%.

Además, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en la población de entre 25 a 40 años, solo 36% de los trabajadores de las 20 ocupaciones mejor remuneradas son mujeres, mientras que en las 10 con menor salario representan 64 por ciento.

Pero no es el único problema que tiene el sistema educativo y su relación con el mercado laboral. En México, 38% de los jóvenes descubre, a mitad de sus estudios, que se equivocó de carrera universitaria, lo que provoca que muchos cambien de programa o deserten. Y solo uno de cada cuatro acaba trabajando en alguna posición relacionada con sus estudios, explica Claudia Piras, economista principal en la División de Género y Diversidad del BID.

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Por esto, el BID y la Subsecretaría de Educación Media Superior de la Secretaría de Educación Pública (SEP) han desarrollado un programa que busca promover que los estudiantes tomen decisiones más informadas sobre su carrera y reducir la brecha de género en el mercado laboral.

El programa, que aún se encuentra en fase piloto, se implementó en una primera fase en 38 planteles de la zona metropolitana de la Ciudad de México.

Más de 5,000 jóvenes de sexto semestre de bachillerato participaron en una sesión de 45 minutos en la que, a través de una plataforma electrónica, se les presentó información relevante para decidir qué carrera estudiar: desde las razones para seguir estudiando, hasta un test vocacional en línea o información sobre estudios nuevos de alto contenido tecnológico que aún son poco conocidos, detalla Montserrat Bustelo, especialista senior de la División de Género y Diversidad del BID y responsable, junto a Piras, del desarrollo del programa.

Además, la iniciativa incluyó un buscador de carreras por áreas de formación y por estado.

“El objetivo era ver si esta información, otorgada justo antes de analizar qué carrera tomar, influía en las decisiones, si los jóvenes modificaban su elección al recibir esta información y si cambiaban a carreras con mejores perspectivas de salario y empleo”, sostiene Piras. Para verificar la eficacia, en abril de 2016, antes de la sesión, se realizó una encuesta sobre preferencia de estudios, que se repitió en junio para comprobar los posibles modificaciones.

Bustelo señala que los resultados, pese a tratarse de una intervención muy corta, fueron promisorios. En comparación con un grupo de control, que no participó en el programa, 16% más mujeres cambió su decisión sobre qué carrera estudiar entre la primera y la segunda encuesta.

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“La pregunta importante también es si este cambio es hacia carreras con alto prospecto de crecimiento. Y las estudiantes expuestas al programa cambiaron 38% más su elección que aquellas que no participaron en la iniciativa hacia estudios que hoy tienen mayor proporción de hombres en el mercado laboral”, apunta Piras.

Además, mientras que en el grupo de control 7% de las chicas cambiaron a las carreras denominadas STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés), en el de participantes el porcentaje subió a 11%. “Es decir, el programa aumentó en 52% el porcentaje de alumnas que cambian a carreras de ciencias”, agrega la economista del BID.

Tras estos resultados, la SEP está interesada en expandir este programa a las escuelas del país. “Lo primero que queremos probar es si podemos desarrollar una intervención institucionalizada para que se pueda replicar a nivel nacional”, afirma Piras.

En octubre comienza la segunda etapa de piloto en 100 planteles de la zona metropolitana de la Ciudad de México. En esta fase, la iniciativa será más profunda y abarcará todo el año escolar (5º y 6º semestre de bachillerato) y no solo incluye una sesión informativa frente a la computadora. “Si bien los resultados fueron positivos, con una intervención más intensiva podría lograrse más”, afirma la economista. Por ello, añadirán sesiones de discusión y dinámicas de trabajo, además se hará énfasis especial en las carreras STEM y la cuestión de género.

“Esta primera fase, dentro de todo, fue bastante neutra, pero se vio que las mujeres tenían más necesidad de información. Hay que hacer una acción al respecto. Están entrando más mujeres a este tipo de carreras, es la tendencia, pero con una intervención de este tipo se acelera el cambio”, asegura Piras.

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