OPINIÓN: ¿Quién es la verdadera Hillary Clinton?

Bill Clinton es el intelecto. Era y es un pensador conceptual. Hillary es más una persona de acción que sintetiza las ideas de los demás y las pone en práctica.
Hillary Clinton tiene un antecedente de sus años en el Senado de aprender a trabajar con los republicanos
¿Ventaja?  Hillary Clinton tiene un antecedente de sus años en el Senado de aprender a trabajar con los republicanos  (Foto: Cortesía)

Nota del editor: Convertidos ya en candidatos, Hillary Clinton y Donald Trump inician su duelo por las elecciones generales, por lo que CNN fue más allá de los titulares y habló con los autores de sus biografías más completas. Revisa aquí la de Donald Trump.

Exprimera dama, senadora y secretaria de Estado, Hillary Clinton ha vivido en el ojo público por varias décadas, irrumpiendo ahora como la primera mujer en ser la candidata presidencial de uno de los principales partidos de Estados Unidos. Para muchos, sin embargo, Clinton sigue siendo una figura inescrutable, icono feminista pionero en algunos ámbitos, ha sido durante mucho tiempo blanco de desprecio y sospecha de sus oponentes políticos.

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El libro de Carl Bernstein, A Woman in Charge: The Life of Hillary Rodham Clinton, es considerado como la exploración biográfica definitiva de la vida y la carrera de Hillary. Bernstein entrevistó a más de 200 personas para el libro, publicado en 2007 y 2008, y sus conclusiones parecen tan relevantes hoy como hace ocho años, cuando ella se lanzaba en su primera campaña por la Casa Blanca.

CNN.com conversó con Bernstein para recoger parte de su visión.

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Esta entrevista ha sido editada y condensada.

CNN: ¿Quién es la verdadera Hillary Clinton? ¿Y cómo surge la idea de escribir este libro?

Creo que ella es la mujer más interesante de nuestra era. En aquel momento ya era la mujer más famosa del mundo, más que la princesa Diana, más que Elizabeth Taylor. Y solemos olvidarlo - con Donald Trump recordamos que él es una celebridad y cómo son claves para él la fama y la cultura de la fama. Pero esa es también la clave, en muchos sentidos, de Hillary Clinton. Ella es, en gran medida, la mujer más célebre del mundo. Y tiene mucho que ver con su historia y la forma en que es juzgada, a menudo no en su contexto, sino en la forma en que se juzga a las superestrellas en la cultura popular: blanco y negro, genial o terrible.

Con respecto al impulso para escribir el libro, después del impeachment o juicio político (del presidente Bill Clinton) quedé fascinado con la historia de Hillary Clinton. Teníamos a esta persona que nunca antes se había postulado para un cargo público. Ella había sido la primera dama. Nunca había vivido en el estado de Nueva York, donde se postulaba para el Senado estadounidense. El legislador que ocupaba el cargo y estaba por retirarse, Daniel Patrick Moynihan, un gigante del Senado, no la quería y estaba molesto con ella porque, en sus palabras, "demonizaba" a los legisladores con demasiada frecuencia para su gusto, empezando por la experiencia de la reforma sanitaria. Así que pensé, "Esta es una gran historia. Pero en el fondo, hay toda una historia de la que no sabemos nada". Y en realidad no conocíamos la vida de Hillary Clinton, que es lo que descubrí redactando este libro. Sobre todo cuando me remonté a su infancia. Ella ha estado en el foco público desde hace más de 40 años. Es una figura familiar. Ha estado en esta burbuja, que también la configura, la burbuja política, la burbuja de Washington y la burbuja de los medios desde hace 40 años.

Por tanto, el grado en que está fuera de contacto con las cosas, como se ha evidenciado en esta campaña, no es fortuito. No ha conducido un coche en más de un cuarto de siglo, pero es alguien que ha vivido su vida como adulto siendo juzgada. Y eso ha afectado en gran medida la persona que es.

Estamos hablando aquí de un gran drama humano. Y creo que esa es otra cosa que se nos olvida con Hillary Clinton, en las caricaturas facilonas que hacemos: es una figura humana. E inmensamente sujeta a las heridas y sufrimientos que sentimos el resto. Ella podría dar la impresión de imperturbabilidad y simplemente mirar todo a través del cristal de la política, pero no. Ella también es esposa.

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En tu libro escribiste sobre tres pilares que describen la vida de Hillary Clinton. ¿Cuáles son?

La familia, la religión y el servicio público. Y esos compromisos son reales. No hay nada falso en ellos. Y configuran todo lo que hace y ha hecho. Te daré un rápido ejemplo. Cuando estaba en la Casa Blanca y era vilipendiada por republicanos particularmente conservadores, iba a desayunos de oración con las esposas de muchos de esos republicanos conservadores de extrema derecha. Y nunca divulgó que iba a esos desayunos de oración. Lo mismo cuando se volvió senadora. Iba a los desayunos de oración con muchos de los senadores republicanos que votaron para condenar a su marido. Su metodismo es absolutamente esencial para entenderla, lleva una Biblia con ella y la lee en los autos y en los aviones. Ella subraya pasajes, busca las parábolas.

Pero casi al final del libro afirmo, "Desde sus años de Arkansas, Hillary Rodham Clinton ha tenido una difícil relación con la verdad... De una crisis a otra en una vida surcada por las dificultades personales y públicas y las batallas privadas... un feroz deseo de privacidad y reserva parece proyectar una sombra cada vez más grande sobre la persona que es".

¿Qué sabemos sobre la infancia de Hillary? ¿Cómo influyó su educación en la clase de mujer y la clase de líder que llegaría a ser?

El padre de Hillary era un hombre difícil, amargado, dado a la exageración y a los pronunciamientos fantásticos sobre su propia vida. Era un misántropo, no le gustaba la gente y trató de aislarse de otras personas fuera de su familia. La vida en la casa era difícil, él era huraño, estricto, autoritario, iracundo. Había sido sargento instructor en la Segunda Guerra Mundial y dirigía su casa como un sargento, como un campo de adiestramiento. Si uno de los niños, Hillary o sus dos hermanos, dejaba sin tapar la pasta de dientes, la arrojaba a la nieve, en el invierno de Chicago, y les ordenaba salir a buscarla.

Pero el peor rasgo, para Hillary, así como para su madre, era la forma en que trataba a su esposa. El abuso verbal, la desvalorización, el menosprecio que en muchos aspectos mostró por la madre de Hillary. Y realmente era extremo. Era difícil que Hillary llevara amigos a casa. Se sentaban en la mesa, Hillary, su padre, sus hermanos y su madre. Su padre, de nuevo en su papel de sargento, planteaba un tema de conversación en la mesa y pedía a todos sus opiniones. Hasta que tocaba el turno de la madre de Hillary, y entonces él decía: "¿Qué sabrás tú? No tienes nada que contribuir". Y seguía minusvalorándola, y ella se alteraba y dejaba la mesa. Y él entonces decía: "Adelante, no dejes que la puerta te dé por detrás al salir".

Eso sucedió en numerosas ocasiones. Muy pronto, cuando investigaba para el libro, pude sostener largas conversaciones con Betsey Johnson Ebeling, que nunca había hablado con ningún periodista y que fue la mejor amiga de Hillary en su niñez. Y ella describió la atmósfera en ese hogar y los abusos que sufría Dorothy Rodham, madre de Hillary.

La verdadera pregunta, que Betsy y otros se formularon, es "¿Por qué su madre no dejó a su padre?" Según Betsy, Dorothy nunca dijo basta. Eso es, por supuesto, el sueño de un psiquiatra, pero yo no escribía una psicobiografía. Sin embargo, creo que al presentar la historia de la infancia de Hillary, como hice yo, puedes ver a esta chica extraordinaria, lidiando con estas cosas en su casa. Su madre le enseñó, "Mira, si los chicos te tumban, te levantas, te sacudes el polvo, y vuelves al bate". Su padre, a pesar de las dificultades, vio en Hillary una joven extraordinaria que no se vería limitada por el hecho de ser mujer. Pero era duro, y le impuso expectativas imposibles, si había un 9 en una boleta de calificaciones llena de dieces, le decía que podía haberlo hecho mucho mejor. En diversos momentos no quiso que ella obtuviera su licencia de conducir, le decía que mejor usara la bicicleta, y no quería que saliera con chicos a pesar de que sus amigas ya lo hacían. La frenaba en cierta forma.

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Hay una anécdota que citas en el libro, sobre Hillary y su madre Dorothy Rodham, que arroja algo de luz sobre las primeras lecciones que ayudaron a formar su carácter.

Dorothy Rodham le dio a Hillary el ejemplo de una herramienta de carpintero, el nivel de burbuja, y le mostró cómo funcionaba, y le dijo que así era como ella debía centrarse en su vida. Sostuvo el nivel, moviendo la burbuja hacia el centro para ilustrar la idea de corregir el rumbo cuando las cosas se salen de equilibrio y luego volver al centro para que puedas funcionar. Y eso, creo, es una especie de metáfora de la vida de Hillary. Es magnífica para restablecer la burbuja, para buscar ese punto medio e ignorar el ruido cuando tiene que hacerlo, y tratar de mantenerse en ese lugar nivelado mientras el mundo a su alrededor se desbalancea.

Dorothy Howell Rodham es la heroína y la inspiración de la vida de Hillary. La infancia de Dorothy fue una pesadilla de abandono por parte de sus propios padres, a la edad de 8. Su manera de seguir fue perseverar. Y, finalmente, crear un hogar para su familia en medio de la adversidad familiar. Al igual que Hillary, tenía una profunda vena de rebeldía y compartían un gran sentido del humor. Y era una demócrata en secreto; en cambio, el padre de Hillary se describía a sí mismo como un acérrimo republicano conservador que despreciaba a los sindicatos, se oponía a los programas gubernamentales de ayuda social, despotricaba contra el aumento de los impuestos y usaba epítetos para referirse a las personas negras.

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Cuando Hillary Rodham se graduó de Wellesley College en 1969, ya era claro que no era una estudiante común y corriente. ¿Qué sabemos de sus años de universidad?

Una de las cosas que es importante entender y recordar en términos de la dinámica entre Bill y Hillary Clinton es que ella era la más conocida y reconocida de los dos cuando se conocieron en la Escuela de Derecho de Yale en 1970. Ella había pronunciado un discurso de graduación en Wellesley College en el punto álgido del movimiento antibelicista que atrajo una gran atención nacional. El orador programado era el senador Edward Brooke de Massachusetts, el primer senador negro desde la Reconstrucción, un republicano con quien ella había trabajado como voluntaria de campaña. Al momento de su graduación, el movimiento antibelicista se había extendido por todos los campus del país. Martin Luther King había sido asesinado un año antes.

Los estudiantes habían tomado los campus y en Wellesley se decidió que el alumnado eligiera a un orador de entre sus filas. Eligieron a Hillary, que era presidenta de su clase. Brooke habló primero y fue condescendiente con el movimiento antibelicista y los jóvenes que estaban transformando el país y nuestra política; dio poca importancia al movimiento y respaldó la guerra sin pensar mucho en las consecuencias.

Así que Hillary desechó el discurso que llevaba preparado y le respondió a Brooke, afirmando que ella y su generación habían padecido por demasiado tiempo tal actitud paternalista, como había quedado expresado en su poco meditado discurso, y que su conciencia no le permitía quedarse callada y dejar pasar este momento sin decir lo que pensaba.

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Las palabras de Hillary captaron una tremenda respuesta y resonaron en la prensa, y la revista Life publicó un perfil suyo. Así que cuando Bill Clinton conoció a Hillary en la Escuela de Derecho de Yale, sabía quién era ella. Ella era famosa, y se rumoraba que iba a avanzar en el proceso político y tal vez incluso ser presidente de Estados Unidos algún día.

Referiste la importancia de la religión en la vida de Clinton, su metodismo. ¿Qué efecto tiene en su política, en ella misma?

Para empezar, cuando era una adolescente, un joven ministro de 26 años llegó a su congregación metodista en Park Ridge, Illinois. El reverendo Don Jones. Era una especie de ministro radical que predicaba no sólo los evangelios, también las enseñanzas de John Wesley, el fundador del metodismo, y su exhortación "haz todo el bien que puedas, por todos los medios que puedas, de todas las maneras que puedas en todos los lugares que puedas, en cualquier tiempo que puedas, a toda la gente que puedas, y tanto como tú puedas".

Para Jones, esto significaba, entre otras cosas, leer la poesía de T.S. Eliot y las canciones de Bob Dylan, y llevar a los jóvenes de su congregación a escuchar a Martin Luther King en Chicago. Hay una cosa que debes entender acerca de Hillary Clinton: el tema de la raza y su compromiso con evitar los horrores del racismo y comprender el papel de la raza en nuestra cultura (como lo hace Bill Clinton)… eso es ella. Y dirán lo que quieran sobre otros aspectos de su vida política o su carácter, pero esta es una constante que realmente la define.

Encontró un consuelo en la iglesia y en el ministerio de Jones. Los evangelios de Cristo, el servicio a Cristo y las enseñanzas de Cristo sobre los pobres, sobre ayudar al prójimo, ella las tomó muy, muy literalmente. Habrá quienes digan: "Bueno, lo utiliza como una excusa para hacer cosas que sus oponentes creen que son perjudiciales o desagradables." Pero esa es otra cuestión.

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Mucha gente cree que Hillary fue a Arkansas para engancharse al ascenso de Bill. Pero has descubierto algo que cambia por completo esa idea, y ocurre muy temprano en su vida en común.

Es otra cosa sorprendente, por qué y cómo decidió ir a Arkansas. Quiero decir, me quedé atónito cuando me enteré de esto: Ella había fallado el examen de abogacía en D.C.
Durante 25 años nunca había revelado que falló el examen de la barra de abogados. Tenía la intención de permanecer en Washington después de trabajar en la investigación del impeachment de Nixon del Comité Judicial de la Cámara y laborar para un importante bufete en D.C., y tal vez especializarse en derecho infantil, al que había dedicado su vida hasta ese momento. Es uno de los mejores aspectos de su carácter y su empatía. En parte por la experiencia de su madre y el abandono que sufrió.

¿Pero qué sucede? No pasó el examen de la barra. No es uno de los exámenes de abogacía más difíciles en el país. Estoy seguro de que se sintió humillada. Muchas personas no pasan el examen la primera vez que lo presentan. Tienen un mal día. Pero ella ocultó el hecho durante todos esos años, incluso a aquellos que la conocieron como la mejor, como Diane Blair, acaso su mejor amiga. Cuando le dije a Blair, "¿Sabías que Hillary suspendió el examen de la barra?" ella me miró como si yo estuviera loco.

Así las cosas, expliquemos lo que realmente sucedió en este periodo: Bill Clinton quería que ella fuera a Arkansas, pero ella no quería tomar esa dirección, apuntaba a un gran bufete de abogados en Washington y quería que Bill se reuniera con ella en la capital. Presentó el examen, lo reprobó. Y entonces se decidió: "Está bien, iré a Arkansas".

Sabemos cómo sintonizaron románticamente los Clinton, pero ¿cómo armonizaron ideológica y políticamente en aquellos primeros años?

En una carta al reverendo Jones de Wellesley, Hillary preguntaba si era posible ser "un conservador de mente y un liberal de corazón".
No hay descripción de Hillary Clinton - una mente conservadora y un corazón liberal - que la defina tan sucintamente como esta observación que hizo sobre sí misma a los 18 años.

Ella es muy conservadora en sus propias creencias acerca de cosas personales. Acerca de fidelidad, la lealtad y la familia. Sin embargo, parece casi incapaz de introspección. Y esto, desde luego, conduce a la pregunta sobre la ira, que tantos amigos y socios me señalaron como un componente esencial para entenderla. No es el guerrero feliz que es Bill Clinton. No obstante, en privado con sus amigos, es divertida y pícara y se suelta el pelo sin problemas. Otro rasgo: Es muy buena amiga, y abundan las historias sobre las notas que ha escrito (sin posible motivo ulterior o político) a amigos y extraños sobre sus problemas, tribulaciones y triunfos.

Bill Clinton es el intelecto. Era y es un pensador conceptual. Hillary es más una persona de acción que sintetiza las ideas de los demás y las pone en práctica. Ella es mucho más pragmática. Obviamente la ira de Hillary hacia su marido ha marcado su matrimonio. Y al mismo tiempo, es una gran historia de amor. Puede sonar extraño, pero cualquiera que los conozca lo entiende.

Durante casi medio siglo, cada uno ha visto al otro como la estrella más brillante en el universo del otro. Y así sigue siendo. Ha sido un diálogo ininterrumpido desde que se conocieron, sobre las ideas, sobre el mundo y las posibilidades políticas en nombre de los ideales que comparten.

Arkansas está muy lejos de Yale o Chicago. ¿Cómo se adaptó Hillary al estado natal de su marido?

Era un lugar atrasado en términos de lo que estaba ocurriendo en otras partes del país cuando ella se mudó allí. E inmediatamente puso manos a la obra para comenzar a construir un movimiento de mujeres en Arkansas, incluyendo el establecimiento de centros de crisis en casos de violación, oportunidades en la política para las mujeres y, algo desafiante, utilizó su nombre de soltera - "Demostraba que seguía siendo yo", dijo – hasta que Bill Clinton tuvo que presentarse a la reelección como gobernador y eso se volvió un problema.

Los asesores de él pensaron que podría costarle políticamente, así que ella volvió a usar su apellido de casada. Estaba furiosa con la prensa por presentarlo como un problema. Bill perdió, pensó que su carrera política había terminado y entró en una profunda depresión que duró meses, quedó tan herido que Hillary pensó que nunca se recuperaría. Chelsea tenía menos de un año de edad, y tuvieron que dejar la mansión del gobernador para instalarse en un pequeño departamento. En cuestión de días, Hillary tomó las riendas y nunca más soltó el destino político de Bill, se erigió en la arquitecta de su resurrección política, planificando la batalla para recuperar la gubernatura en dos años, persuadiendo a Bill de adoptar posturas más flexibles y pragmáticas en temas que habían provocado su derrota.

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En el segundo cumpleaños de Chelsea - el día en que Bill anunció que iba a competir para recuperar la gubernatura - Hillary le obsequió una foto enmarcada con la imagen de los tres, con la frase "El segundo cumpleaños de Chelsea, la segunda oportunidad de Bill". Esa campaña se convirtió en el modelo para su futuro político, con Hillary asumiendo un papel dominante y pragmático en términos de política, estrategia, planificación y contratación de personal. Bill ganó, y ella comenzó a asumir carteras importantes en su gobierno: la reforma educativa, para empezar.

Y cuando fue a la Casa Blanca pronunció aquella ya famosa frase, "No voy a sentarme y hornear galletas todo el día". Su heroína era Eleanor Roosevelt, que había roto tantas barreras, como primera dama y también en términos de la obra que hizo, en derechos humanos, derechos civiles, derechos de la mujer. Así que eso también constituye a Hillary Clinton.

¿Cómo manejó Hillary los informes de la infidelidad de su marido mientras era primera dama de Arkansas?

Poco después de que Hillary llegó a Arkansas, antes de casarse, Bill decidió postularse para el Congreso - y tuvo un romance con una estudiante voluntaria en la campaña. Hillary, que asumió un papel estratégico en la contienda, corrió a la joven y la vetó de la oficina de campaña. Incluso entonces, los oponentes políticos de Bill instrumentaron una campaña de rumores acerca de sus amoríos, especialmente a medida que se acercaban las elecciones. (Bill perdió, por un 2% de los votos.) Los rumores (y algunos amoríos), amplificados porque se le consideraba un político prometedor que algún día podría contender por la presidencia, continuaron durante su periodo como gobernador.

En 1987, él y Hillary discutieron la posibilidad de que él buscara la presidencia en las elecciones de 1988; y cuando Gary Hart se vio obligado a abandonar la contienda debido a que le descubrieron un romance, Bill tentativamente decidió que competiría; Hillary y Bill convocaron a los amigos en Little Rock para el esperado anuncio de su candidatura. Pero después de hablar con los amigos en la víspera del anuncio y a instancias de su jefa de gabinete Betsey Wright, que repasó con él una lista de las mujeres que podrían "salir de la nada" durante la campaña, Bill decidió no postularse, arguyendo que necesitaba "un tiempo en familia, tiempo personal". Hillary parecía aliviada por un lado y enojada por el otro. Acaso no habría otra oportunidad tan clara para ganar potencialmente la Casa Blanca.

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Pero quizás el acontecimiento más amenazante para el futuro político de Bill se produjo en 1990, cuando decidió buscar un quinto mandato como gobernador en una contienda que parecía muy cerrada. Cuatro semanas antes de la elección, sus oponentes políticos iniciaron una demanda alegando que como gobernador había tenido una “caja negra” de la que extraía fondos para entretener a cinco mujeres con las que supuestamente tuvo relaciones sexuales. La demanda, evidentemente, no sólo pretendía perjudicar a Clinton en Arkansas, sino descarrilar cualquier carrera presidencial futura.

Y además nombraba a las cinco mujeres, entre ellas Gennifer Flowers. ¿Cómo respondió Hillary? Aquí encontramos quizás el patrón para lo que ocurriría después. De acuerdo con Betsey Wright y otros, ella y Hillary dispusieron que Webb Hubbell y Vince Foster - sus socios en el bufete Rose - fueran contratados por la campaña para representar a las mujeres y obtener sus declaraciones firmadas de que nunca habían tenido relaciones sexuales con Bill Clinton. Algunas de las mujeres fueron llevadas a una sala para ser interrogadas por Vince, Webb, y en una ocasión Hillary. Dos de las mujeres eran amigas de Bill y Hillary (ambas afroamericanas, aumentando así la naturaleza incendiaria de las acusaciones); y casi nadie familiarizado con el caso cree que fueran algo más que amigas. Actuando a través de otro abogado, Wright dijo que Hillary consiguió que Gennifer Flowers firmara una declaración de que nunca había tenido una relación sexual con Bill.

Ahora bien, hacia el final de su gubernatura, Bill Clinton se enamoró de otra mujer llamada Marilyn Jo Jenkins. Y el daño fue considerable dentro del matrimonio. Era una mujer que no se ajustaba a la etiqueta facilona de "ordinarias" que Hillary aplicaba a algunas de las otras mujeres, a quienes denigraba por su supuesta falta de realización o sofisticación. Jenkins era una exitosa mujer de negocios, con estudios, que Hillary reconoció como diferente. Y Bill no llevaba el amorío en secreto. Hillary se enteró y Bill Clinton decidió que quería dejar el matrimonio. Pero Hillary se negó. Bill le dijo a Betsey Wright que Hillary lucharía por mantener unido su matrimonio y su familia, que ella había invertido su corazón, mente y alma en esa sociedad. Y, finalmente, Bill decidió no abandonar el matrimonio.

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Hasta ese momento, Hillary Clinton nunca había contemplado seriamente postularse. Esta vez, ella y Bill jugaron momentáneamente con la idea de que ella se candidateara a la gubernatura en lugar de él en 1990, mientras él trabajaba en el matrimonio y la relación con su familia. Al final, Dick Morris, su gurú en las votaciones, determinó que ella no tenía una identidad suficientemente separada de Bill para contender y ganar, lo que la enfureció.

Pero ella no se postuló, tampoco dejó a su marido. Lo siguió en la campaña y rumbo a la Casa Blanca. Y tú escribiste que ella salvó la contienda por la Casa Blanca gracias al control de daños que hizo cuando se conoció la historia de Gennifer Flowers.

Tienes que factorizar eso en lo que Hillary Clinton tenía en su cabeza como resultado de las relaciones de Bill con otras mujeres. Llegas a la campaña para presidente en 1992, y Gennifer Flowers vuelve a aparecer con una historia en el tabloide The Star diciendo que ella y Bill habían tenido una aventura que duró 12 años.

Parte de la respuesta de Hillary fue calificarla de “trailer trash” (ordinaria), un término que usaba en privado para describir a Flowers. En esa campaña Hillary también había querido exponer al presidente George Bush padre, por supuestamente haber tenido algunas aventuras con mujeres, sin saber si había algo de verdad. En el caso de Gennifer Flowers, el instinto inicial de Hillary, cuando Bill volvió a negar ese amorío, fue "contar (a la prensa) la verdad y pasar página". Entonces Flowers proporcionó detalles morbosos y aseguró tener grabaciones. "Si no le damos un giro positivo a esto, nos hundiremos", dijo Paul Begala, uno de los directores de la campaña. Él y otros convencieron a la pareja Clinton de que el camino para salvar la campaña era aparecer juntos en una emisión extraordinaria de "60 minutos" después del Super Bowl de 1992. Y funcionó, esta aparición en la televisión pareció cautivar a su vasta audiencia.

"¿Quién era Gennifer Flowers?" preguntó Steve Kroft. "¿Cómo describiría su relación?" "Muy limitada", dijo Bill. Él y Hillary hablaron de cuánto se amaban, lo mucho que se preocupaban por Chelsea y cómo se habían mantenido juntos a pesar de las "dificultades" que atraviesan la mayoría de los matrimonios.

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Desde el principio no había duda de que Hillary era la mayor defensora de Bill ante otras mujeres que causaban problemas. Como escribí en el libro: "Siempre era como si ella, mucho más que él, entendiera mejor el peligro - para él, para ella, para el futuro de Bill, y para su sueño. Ella nunca dudó que si las mujeres, y los enemigos que las usaban, vencían o se hacían demasiado visibles y creíbles, todo el edificio se vendría abajo, incluido su matrimonio". En "60 minutos", ella dijo: "No soy una mujercita al lado de mi hombre como Tammy Wynette. Estoy sentada aquí porque lo amo y lo respeto".

En el libro, planteas la idea de que la administración Clinton fue en muchos sentidos una co-presidencia. ¿Qué quieres decir con eso?

Fue una co-presidencia. Y creo que hay razones para pensar que de haber otra presidencia Clinton, también será una co-presidencia. Porque cada uno es la influencia dominante sobre el otro (y así fue durante la primera presidencia Clinton). Intelectualmente y en términos de sus áreas individuales de fortaleza y experiencia.

Ellos realmente están fusionados después de todos estos años. Mira la presidencia de Clinton en muchas áreas, mírala en términos de política económica, salud, derechos de la mujer, política exterior, tomarle el pulso al país. Pero también hay que verlo en términos de la relación de los Clinton con el establishment de Washington, que era muy distante. Desde el principio, Hillary no quería tener nada que ver con el establishment de Washington. Vemos algo parecido en la presidencia de Obama, en su renuencia a relacionarse con miembros del Congreso y otros agentes de poder en la ciudad.

Pero Hillary frenó a los Clinton en términos de su relación con la estructura tradicional de poder de la ciudad. Gran parte de la desventaja de los Clinton, tan pronto como llegaron a la presidencia, es que ella dibujó una línea diciendo: "Seremos outsiders, aunque seamos el presidente y la primera dama". Ella tuvo una secretaria social inteligente que quería llevarla justo en la dirección opuesta, que quería una verdadera integración en la que los Clinton se ganaran la buena voluntad de la clase empoderada de Washington. Nunca lo lograron, fue un gran problema y Hillary fue la que lo inició.

Ciertamente los republicanos del Congreso no apoyaron una copresidencia, y Hillary sufrió una dolorosa derrota cuando fracasó su defensa de la reforma sanitaria. ¿Qué tan importante fue ese descalabro?

Si nos fijamos en un evento histórico que cambió el rumbo del país y su política en la última década del siglo XX, es la elección al Congreso de Gingrich en 1994. Y la elección de aquel Congreso se puede atribuir en gran parte a la antipatía que despertaba Hillary en el electorado como resultado de sus acciones como primera dama durante la disputa sanitaria. El secretismo, el alejamiento de los amigos demócratas, la torpeza política. Ella se volvió un tema de peso en esas elecciones legislativas y, como consecuencia, fue exiliada de la propia Casa Blanca.

¿Quería Bill ese exilio? No. Pero no tenía elección. Ella se volvió un problema y tuvo que salir realmente de la Casa Blanca, no sólo soltar carteras, como la salud u otras áreas sustanciales de la presidencia de Clinton, también en detalles como el trato con sus ayudantes. La dejaron fuera. ¿Que hizo ella? Se reinventó, decidió que quería viajar por el mundo, hablar de asuntos de la mujer. Fue a China y dio un maravilloso discurso sobre los derechos de la mujer como derechos humanos fundamentales, y se convirtió en embajadora de las causas de las mujeres y las libertades civiles y los derechos civiles de las mujeres y las niñas. Fue un logro extraordinario. Y esto nos remonta a la lección de su madre sobre levantarse cuando alguien te derriba.

La exprimera dama acuñó la frase "gran conspiración de la derecha" para describir a sus oponentes. ¿Hubo realmente un esfuerzo concertado de la derecha para socavar a los Clinton?

Ella dijo que Monica Lewinsky tenía que ver con la gran conspiración de la derecha, y dijo lo mismo sobre el servidor de correo electrónico. Sí, la "gran conspiración de la derecha", de alguna manera, existe. La extrema derecha quiere acabar con los Clinton y destruir lo que ven como ‘clintonismo’. Pero eso es parte de la guerra cultural que libra el país. Los Clinton han estado en la mira de esa guerra cultural por unos 35 años. Sin embargo, hay una manera de separar a los enemigos de sus propias acciones autodestructivas.

Y lo que sucedió con el servidor de correo electrónico no es un producto de sus enemigos. Puede que sea una respuesta en su mente, "Tengo que protegerme de los enemigos, de la prensa, de la gran conspiración de la derecha", tanto en la configuración del servidor como en mentir al respecto. Pero eso no justifica las acciones que tomó.

Déjame ir al grano aquí. Creo que es muy importante que veamos a Bill y Hillary Clinton en términos de la guerra cultural en este país, en nuestra política y nuestros medios de los últimos 35 años. Ellos son, en cierta medida, los actores centrales en las guerras culturales. Son el Anticristo para el bando contrario, los republicanos son una oposición despiadada - lo hemos visto con lo que ha enfrentado Barack Obama. Parte es racista, parte no. Pero mira la clase de oposición que Obama ha enfrentado y también tienes que mirarlo como una extensión en cierta medida de lo que los Clinton han enfrentado. Y lo que exacerbó la guerra cultural, la aceleró e intensificó el fuego de la artillería, fueron los amoríos de Bill Clinton con las mujeres. Una vez que eso se convirtió en parte del debate político sobre Bill y Hillary Clinton, ya tienes un nuevo conjunto de circunstancias.

La derecha republicana siempre ha visto a los Clinton como demonios de la izquierda radical - ejemplares del ultraliberalismo que la derecha desprecia, a pesar de que Bill y Hillary Clinton son más de centro-izquierda en su política, difícilmente son radicales. Y sus enemigos se enfurecieron aún más después de que Bill sobrevivió al juicio político y Hillary pasó al Senado y luego a la candidatura presidencial. El legado presidencial de los Clinton, por los suelos después del impeachment, se recuperó después de que sus enemigos creyeran que el ‘clintonismo’ estaba muerto. Recuperado y redimido en gran medida gracias a Hillary.

La estrecha amistad de Hillary con Vince Foster surgió en el bufete Rose, años antes de que él se suicidara mientras trabajaba como consejero adjunto de la Casa Blanca. Se ha escrito mucho sobre la relación de Hillary con Foster, y sobre las circunstancias de su muerte. ¿Cuál es la verdad?

Bueno, en primer lugar, ella era socia de un importante bufete jurídico en Arkansas, lo que era inusual. Y se llevaba muy bien con dos personas en la firma, Webb Hubbell y Vince Foster. Y él se convirtió en su gran gran amigo. También era muy buen abogado. Y llegó a Washington para ser parte de la administración Clinton y para trabajar con Hillary en el tema sanitario.

Pero entonces surgió la controversia de la oficina de viajes de la Casa Blanca, en la cual un viejo amigo de los Clinton los convence de que dicha oficina, que maneja millones de dólares al año organizando vuelos para periodistas y personal ejecutivo que viaja con el presidente y la primera dama, estaba siendo mal administrada y debía ser investigada por el FBI por malversación y fraude. Mientras tanto, a petición de Hillary, algunos empleados de esa oficina fueron despedidos y una firma de Little Rock fue contratada para dirigirla, poniendo al frente a una prima de 25 años de Bill Clinton.

Vince Foster sabía lo que había ocurrido en la controversia de la oficina de viajes y que, como asesor legal, sería cuestionado sobre ello por el FBI y probablemente en investigaciones del Congreso instigadas por los republicanos. Él también había sido testigo de la mala gestión de Hillary en la asistencia sanitaria y estaba profundamente deprimido, en parte porque Hillary había sido muy dura con él en días previos, fustigándolo porque la defensa de ella y de su personal en la polémica de la oficina de viajes no había sido suficiente. Y él estaba a cargo de la organización de esa defensa.

Y, de hecho, en el asunto de la oficina de viajes, una vez más, ella no había sido del todo honesta. George Stephanopoulos, secretario de prensa de la Casa Blanca en aquel entonces, se refirió en privado a la práctica de Hillary de la "mentira jesuítica". Ella estuvo muy involucrada en todo el desbarajuste de la oficina de viajes y no quería admitirlo. Y fue durante ese tiempo que Vince Foster se suicidó. El suicidio de la persona que era más cercana a ella de todo el personal de la Casa Blanca la conmocionó profundamente, y culpó a la prensa por orillarlo al suicidio.

Donald Trump ha lanzado la absurda idea de que hubo un asesinato o que Vince Foster no se suicidó, una absoluta invención. Él se suicidó. Y cada investigación ha demostrado que así fue. Es Trump en su faceta más baja e irresponsable.

En tu libro dices que Bill Clinton confió a sus amigos que no creía que su presidencia sobreviviera a la primera semana del escándalo Lewinsky. ¿Qué hay de su matrimonio? ¿Cuál fue la respuesta de Hillary en esos primeros días?

Al día siguiente de que la historia de Lewinsky saliera a la luz, Bill Clinton le dijo a alguien que entrevisté, un importante demócrata de Washington, "No creo que dure esta semana en el cargo: Creo que el clamor por mi renuncia será tal que tendré que renunciar antes que termine la semana". Pero se las arregló para llegar al final de la semana, aunque no hubiera durado mucho sin la intervención de Hillary. Creo que ahora tenemos una idea bastante clara de eso, pues lo que ocurrió fue que Hillary, el lunes siguiente, fue al programa "Today" y dio credibilidad conyugal a sus negativas, salvando otra vez la presidencia de Bill Clinton.

Hillary Clinton, curiosamente, le había creído a Bill cuando éste le dijo que no había tenido relaciones sexuales "con esa mujer". No se lo dijo solamente al país, se lo dijo también a Hillary. Y ella le creyó muchos meses, hasta días antes de su testimonio ante el fiscal especial. E incluso entonces no fue con ella para decirle que era verdad, fueron los abogados de él los que fueron con Hillary unos días antes de que Bill testificara y le dijeron: "Sí, las acusaciones eran ciertas". Pero se había convencido a sí misma, a diferencia de sus hermanos, a diferencia de su mejor amiga Diane Blair, de que las acusaciones contra su marido no eran ciertas y que Monica Lewinsky era una acosadora. Así, una vez más, este patrón emerge: culpar a las otras mujeres, a la par que a los enemigos políticos.

Dices que ella salvó su presidencia. ¿Cómo lo hizo?

Vale la pena ver el video del programa "Today". Ella dijo allí, de nuevo, que no había nada cierto en las acusaciones, que era parte de una gran conspiración de la derecha, volviendo, de nueva cuenta, a lo que había afirmado antes (con Gennifer Flowers, y esas cinco mujeres en Arkansas), que los enemigos de los Clinton eran los responsables de las acusaciones. "Creo que esta es una batalla", dijo. "La gran historia aquí para cualquiera dispuesto a descubrirla y explicarla y escribir sobre ella es esta gran conspiración de la derecha que ha venido conspirando contra mi marido desde el día que buscó la presidencia".

Como me dijera uno de sus ayudantes: "Ella no ve su vida como una serie de crisis, sino más bien como una serie de batallas... prefiere ser una guerrera, ya sea contra las mujeres-florero, la prensa, el partido opositor, el candidato opositor, la derecha. Ella es más feliz cuando está peleando, cuando ha identificado al enemigo y entra en modo de ataque".

En su explicación sobre los problemas causados por su servidor de correo electrónico, hay muchas similitudes con lo que dijo en el programa "Today" hace 18 años, sobre todo respecto al fuego enemigo que ella y su marido han soportado en sus largas vidas políticas, y al enmarcar las acusaciones en el contexto de la agresión de sus enemigos.

Y era cierto que los enemigos estaban involucrados en la divulgación de las historias de otras mujeres. Los enemigos de los Clinton habían armado la demanda sobre las cinco mujeres. Y es cierto que en el caso de Lewinsky, sus enemigos, Lucianne Goldberg y otros, habían estado muy implicados en el intento de sacar esta historia a la luz pública. Pero lo que es más importante es que muchas de las acusaciones eran ciertas.

¿Cómo fue que una primera dama que nunca se había postulado para un cargo electivo decidió buscar el Senado del estado de Nueva York?

Parte de ello fue la redención, el rescate que ella operó. Mi libro arranca con la escena del día en que Bill Clinton está siendo juzgado en el Senado estadounidense. En su estudio de la Casa Blanca, Hillary se reúne con Harold Ickes, su gurú político, con mapas extendidos del estado de Nueva York, sopesando si es posible ganar el Senado, mientras que en ese exacto momento en la cámara del Senado su esposo está siendo juzgado y absuelto de graves crímenes y faltas.

Bien, es una escena bastante sorprendente cuando piensas en ella. Ella es la razón principal por la que Bill Clinton no fue condenado. Ella fue capaz de orquestar la defensa del juicio político – con fundamentos constitucionales - de tal manera que los demócratas se mantuvieran al lado de Bill.

Y en sus mentes parecía, en cierta medida, como una cacería política de brujas, nada que se aproximara al mismo nivel de crímenes y delitos como las transgresiones de Nixon. Y así fue como se postuló para el Senado, en busca de redención, la redención de su trayectoria política en conjunto, la redención de sus reputaciones, la redención de todas las cosas buenas que ocurrieron durante la presidencia de Clinton.

Fue una presidencia bastante exitosa en muchos aspectos. Mira la economía, el número de empleos creados, la situación económica, el déficit que se redujo, la política exterior que nos mantuvo fuera de la guerra, etc.

¿Se distinguió en el Senado? ¿Cómo recordará la historia a Hillary Clinton, la senadora?

No se distinguió en términos de un papel legislativo importante, pero sin duda recibió más atención en la prensa que cualquier otro senador. Y aprendió mucho, una buena estudiante como siempre. Lo primero que decidió fue "yo, Hillary Clinton, no seré un toro en una tienda de porcelana".

Piensa en ello, es bastante inusual para Hillary Clinton. Y decidió "seré muy cercana al senador Robert Byrd de Virginia Occidental, el líder demócrata. Y aprenderé las reglas y seguiré su consejo y me sentaré en silencio en mi escaño. Y también llegaré a conocer a mis enemigos republicanos". Ella tenía un poco de ventaja en este caso porque ya conocía a algunos de ellos a través de los grupos de oración. Pero también los trató con gran deferencia y respeto. Y en las leyes de pequeño calibre no relacionadas con las grandes cuestiones y asuntos nacionales, se les unió apoyando iniciativas. No era una senadora importante en términos del destino y la dirección del país, excepto en una cuestión: la mayor de todas, la guerra de Irak.

¿Qué tan importante es, para su legado legislativo, el voto de la guerra contra Iraq?

Fue el voto más trascendental que hizo. Fue el acto más trascendental de su senaduría. Y se colocó en el lado equivocado. Ella también es muy empática con los presidentes de los Estados Unidos y sus poderes, y que los presidentes deben tener las facultades inherentes para ir a la guerra. Pero no hizo su tarea, muy raro en ella. No leyó los informes que debería haber leído, que habrían demostrado que había poca información para respaldar las afirmaciones de George Bush sobre las armas de destrucción masiva.

Él y Dick Cheney aseguraban que esas acusaciones eran legítimas. No lo eran. De suerte que en el acto más trascendental de su senaduría, ella se equivocó, como apuntó Bernie Sanders. Y ella ha admitido que fue un error. Al mismo tiempo, no patrocinó ninguna legislación significativa en su paso por el Senado. Pero fue una excelente senadora por llevar recursos a su estado, sobre todo después del 9/11.

La ciudad de Nueva York y el estado de Nueva York necesitaban desesperadamente ayuda. Y ella la consiguió. Y es una de las razones por las que fue reelegida abrumadoramente. Ella tenía credibilidad con algunos de esos antiguos enemigos, así como con los demócratas que procedían de otras regiones del país, que de otro modo hubieran visto con recelo un tratamiento preferencial para Nueva York. Pero ella los convenció de que Nueva York lo necesitaba tras los ataques del 9/11. Es sin duda la mejor cosa que hizo como senadora, hay que darle crédito.
Pero mientras tanto, estaba contemplando lanzarse como candidata a la presidencia, como expuse.

Ella participó en la comisión legislativa de Servicios Armados, en parte para aprender, y en parte para reforzar sus cualificaciones para la presidencia y para superar la percepción de debilidad por ser mujer. Su voto para ir a la guerra en Iraq fue calculado en parte sabiendo que un voto contra George Bush podría dificultar su camino a la presidencia.

¿Fue difícil para Hillary Clinton enterrar el hacha de guerra y trabajar para su rival como secretaria de Estado?

No, lo vio como una oportunidad para hacer el trabajo importante para el cual estaba cualificada; y sabiendo eso, si tenía éxito (y casi inevitablemente, al ser secretaria de Estado se mantuvo en la primera línea de la imaginación nacional) bien podría convertirse en el principal aspirante para suceder a Obama como el candidato presidencial de su partido.

Tal vez la parte más difícil pudo haber sido el desgaste físico: el secretario de Estado de Estados Unidos viaja más que cualquier líder en el mundo. Ella acababa de terminar una precampaña presidencial y la perdió. Había pasado de ocho años en la Casa Blanca y el impeachment de su marido, a una campaña para el Senado y luego la reelección en el Senado. Nunca estuvo inactiva. Su energía es increíble.

¿Qué tipo de secretaria de Estado fue Hillary, y cómo se relaciona con ello la "cuestión del servidor"?

Esperaba ser, como secretaria de Estado, una ejecutora de estrategias que ayudarían a configurar la política de seguridad nacional y la política extranjera del presidente Obama. Pero resulta que fue excluida de la formulación de políticas y de tener una gran influencia sobre el presidente muy, muy temprano en su administración. ¿Entonces qué hizo? Se volvió embajadora, de verdad, y probablemente una embajadora excepcional de Estados Unidos, una especie de embajadora en misión especial por todo el mundo, como no habíamos visto en la era moderna. Y la buena voluntad que se ganó en todo el mundo -tanto para este país como para las políticas del presidente Obama- fue extraordinaria. Con los líderes de otros países y con sus gentes.

Hemos hablado en esta entrevista sobre el servidor, porque tiene que ver con lo que ella es tanto como la cuestión de ser una gran embajadora. Son dos lados o aspectos de su ser. ¿Debe darse la misma importancia a los dos lados? Tal vez en este punto debemos darle la misma importancia porque hemos visto repetidamente su capacidad para levantarse después de haber sido derribada, de poner la burbuja en el justo medio; pero también, al mismo tiempo la ha perseguido esta cuestión de la veracidad. Los últimos párrafos de A Woman In Charge comienzan "Desde sus días de Arkansas, Hillary Rodham Clinton ha tenido una difícil relación con la verdad".

Y esos dos aspectos existen lado a lado. No hay uno sin el otro, lo sabemos ahora. Y una de las cosas más interesantes de ver en esta elección es el enorme factor de desconfianza, producto en parte de esta "difícil relación con la verdad". Sus mentiras, sobre todo. Y no creo que haya ninguna otra manera de hablar de ciertas cosas que ella ha dicho, en particular en lo que se refiere al servidor de correo electrónico. A pesar del hecho de que Donald Trump, en comparación, miente incesantemente.

Seamos honestos. Hay razones reales para el "factor de desconfianza", entre comillas, sobre Hillary Clinton. Puedes hablar de sus enemigos y del daño que le han hecho, pero hay muchas heridas autoinfligidas que provienen de una falta de voluntad de ser veraz en varios momentos importantes. La gran conspiración de la derecha no le dijo que pusiera un servidor en su sótano ni mandó a Monica Lewinsky a la Oficina Oval.

Ahora podemos apreciar eso, consistentemente a lo largo de su vida en la escena pública. Como escribo al final del libro, “Ante los hechos... se pone de relieve la frecuencia con la que ha elegido confundir, omitir y eludir". Y puede ser la cuestión que en última instancia dé respuesta a si ella va a ser presidenta de Estados Unidos. Porque en este momento no compite solo contra Donald Trump o Bernie Sanders, compite contra sí misma y estos rasgos.

He hablado con muchos demócratas prominentes y numerosas personas que han adorado a Hillary Clinton y han pertenecido a su círculo por años, que ahora creen que lo peor que ha hecho ella es allanarle el camino a Donald Trump (el primer demagogo neofascista en nuestra historia en ser nominado por un partido importante) para convertirse en presidente de Estados Unidos, a través de su imprudencia.

¿Por qué no puede pasar página al tema del servidor de correo electrónico?
(Esta entrevista se realizó antes de que el director del FBI, James Comey, anunciara su decisión de no recomendar cargos.)

Hay un hilo desde el trabajo de Hillary en el impeachment de Nixon, a Whitewater y al servidor, un hilo que tiene que ver sobre todo con la secrecía y no revelar la verdad. Incluso mantener en secreto que falló el examen de abogacía. Negarse a publicar su tesis de grado en Wellesley. Resistirse ferozmente a la divulgación de las transcripciones de sus discursos pagados en Wall Street. Le di muchas vueltas a esto en los últimos meses, y creo que hay que conectar algunos puntos. Desde que salió a la luz el tema del servidor me han preguntado muchas veces "¿Hubo algo nixoniano sobre esto y sobre Hillary?" A lo que yo siempre he respondido: "No, el paralelismo no se sostiene".

Pero - y quiero ser muy cuidadoso en lo que digo - he cambiado de opinión acerca de ciertos aspectos de eso, aunque Hillary no es Richard Nixon ni nada que se le acerque. Hay, no obstante, algunas tendencias nixonianas que, creo, hemos visto en Hillary, en particular en la controversia del servidor. No sólo las mentiras. Verdadera paranoia, culpar a los enemigos por problemas creados por ella misma, e indicaciones reales de que ella y Bill Clinton no creen estar sujetos a las normas que deben esperarse de ellos; que debido a que los demás, especialmente los republicanos, han burlado las reglas y las normas políticas, los Clinton tienen derecho a hacerlo también. Todo en el gran esquema de "hacer el bien", algo en lo que se ven a sí mismos totalmente comprometidos.

Pero no creo que Hillary Clinton sea una criminal en el sentido de Nixon, o nada que se le parezca; ni Bill Clinton, a pesar de que sea indefendible su ceguera ética a los conflictos de interés que salpicaron a la Fundación Clinton y a su secretaría de Estado. Y el afán de dinero… sí, en algunos aspectos hay similitudes entre la Fundación Clinton y las bibliotecas presidenciales de los Bush, y dinastías familiares y donaciones extranjeras. No hay excusas. De Nixon se dijo, erróneamente, que el encubrimiento fue peor que el crimen. No es cierto en el caso de Nixon, porque Nixon era un presidente criminal desde el principio de su presidencia hasta que renunció. El encubrimiento de Watergate era inevitable - por la enormidad de sus crímenes como presidente - y por lo tanto el encubrimiento era casi el menor de sus crímenes. Y sabemos esto por las grabaciones, no sólo por los reportajes sobre Watergate, o por la comisión Watergate o la investigación del impeachment. Fue una presidencia criminal de cabo a rabo.

Pero en el caso de Hillary, el entrecomillado "encubrimiento" sobre el servidor y la falta de voluntad para ser veraz sobre él y sus orígenes y el propósito real, le ha causado muchas dificultades. Mira, este servidor se creó para evadir la rendición de cuentas, de suerte que sus emails no estuvieran sujetos a la Ley de Libertad de Información, y se ocultaran a la prensa, así como a miembros del Congreso que quisieran registrarlos. Y sé esto como un reportero que habla con la gente. Es indefendible.

Al comienzo de esta entrevista comentaste que Hillary Clinton es la mujer más famosa del mundo. Es exprimera dama, senadora y secretaria de Estado. Su vida es un libro abierto. ¿Pero conocemos a la verdadera Hillary Clinton?

Esa es la verdadera cuestión. ¿Quién es la verdadera Hillary Clinton? Por eso escribí el libro, es lo que he tratado de responder a través de mis investigaciones, de modo que la gente pueda llegar a sus propias conclusiones. Yo no ofrezco una, pero en las últimas tres páginas (que resultaron proféticas, según dicen otros que leyeron el libro) sí planteo la idea de que a menos que pueda lidiar con sus antecedentes en materia de credibilidad y honestidad, esa parte de la ecuación la definirá cada vez más y tal vez le cueste la elección.

Y la elección de la que hablaba en el libro era la del año 2008. Pero ahora resulta que esas páginas resuenan de una manera que no podía imaginar cuando las escribí. Así, ¿quién es hoy Hillary Clinton? Ella es la suma de todas las partes de este libro y de esta imagen. Sin embargo, en los años transcurridos desde que el libro fue publicado por primera vez y mientras estuvo en el Senado, y luego en la secretaría de Estado, se ha producido un cambio en el peso con el que predominan algunos aspectos de Hillary Clinton, al menos en términos de la forma en que es juzgada.

Hacia el final del libro, una de las más antiguas amistades de Hillary, una maravillosa mujer llamada Sara Ehrman dice (cuando Hillary se embarcó en su primera campaña para el Senado): "Yo diría que casi todas las personas en su vida son simplemente un medio para llegar a donde tiene que llegar... no estoy diciendo que sea una persona poco ética, porque no lo es, pero todo y todos son parte del paquete de llevarlos hasta allí, de llevarlos – a ella y al presidente – allí por el mayor bien". En aquel tiempo Sara temía que el progresivo optimismo cristiano de Hillary corriera el riesgo de caer en la arrogancia – “Decir ‘Dios está de mi lado’ puede ser arrogancia", dijo Sara. "Hillary todavía cree que va a configurar el mundo".

Lo que me ha sorprendido en estos últimos meses desde que anunció su candidatura es cómo muchos de sus viejos amigos - que todavía la apoyan - dicen que ya no están seguros, como antes, de quién es la verdadera Hillary Clinton. Ellos expresan las mismas preocupaciones de Sara Ehrman.

En tu opinión, ya que conoces tan bien a Hillary, ¿qué piensas que necesita hacer para convencer a Estados Unidos de que ella debería ser la próxima presidente?

En primer lugar, continuar con su mensaje de que Donald Trump no es apto para ser presidente de Estados Unidos por todas las razones que ella - y no pocos republicanos - han esgrimido. Él no es apto, y, por comparación, ella manifiestamente lo es, algo que debe demostrar con su vida, su trayectoria y las causas que ha defendido, cualesquiera que sean sus defectos.

En segundo lugar, mostrar contrición real sobre lo que ha sucedido con el servidor y los patrones subyacentes que han llevado a muchos estadounidenses a desconfiar de ella. La redención: eso es lo que tiene que buscar, una vez más. Pero esta vez para sí misma y no para la presidencia de su marido. Tiene muchas cualidades, ha demostrado que es una guerrera, y eso es admirable y útil en esta elección. Conoce como nadie la presidencia, entiende las necesidades de seguridad nacional del país. Y tiene un antecedente de sus años en el Senado de aprender a trabajar con los republicanos. Y gracias a Bernie Sanders ahora tiene una visión de las soluciones políticas nacionales donde se reconoce el descontento justificable y el desánimo de tantos estadounidenses atribulados que han sido ignorados por las "élites" y las políticas gubernamentales y han quedado a la zaga de la "nueva economía".

Probablemente juegue a su favor - o sea la desgracia de la nación si gana - que Donald Trump sea su oponente, porque dada la tendencia a la baja de su campaña desde que anunció su candidatura, mi conjetura es que su nave podría haberse hundido ya si tuviera un oponente republicano distinto. Tiene mucho trabajo por delante si quiere ganar.

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En el último párrafo del libro sostengo algo que tal vez sea válido aún para 2016: "Sin embargo, el jurado aún delibera. Ella todavía tiene tiempo para probar su caso, efectuar esas cosas que la hacen especial, no temerles o camuflarlas. A todos nos iría mejor porque lo que lleva dentro puede tener el potencial de cambiar el mundo, aunque sólo sea un poco".

Sí, la redención.

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