OPINIÓN: Donald Trump necesita una estrategia para los debates

A medida que se acerca la confrontación con Clinton, el candidato republicano debe estudiar el historial de su rival y controlar su temperamento.
¿El debate entre Clinton y Trump convencerá a los votantes latinos en EU?
Por LANHEE J. CHEN

Nota del editor: Lanhee J. Chen es un comentarista político de CNN e 'Investigador David y Diane Steffy' de la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Fue director de políticas de la campaña Romney-Ryan en 2012 y participó ampliamente en preparar a Romney para su actuación en los debates. Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad del autor.

(CNN) – Los próximos debates son la mejor oportunidad (y probablemente la última) de Donald Trump para influir en el curso de las elecciones presidenciales de este año. Los tres debates electorales generales previstos en los próximos dos meses son cruciales —en particular para el candidato rezagado— porque dan a los votantes la oportunidad de ver a ambos candidatos en sus propias palabras, libres de la influencia de los anuncios televisivos con guión o de los eventos de campaña montados. Una gran actuación del rezagado, como la que Mitt Romney mostró en el primer debate contra el presidente Barack Obama en 2012, puede obligar a los votantes a dar un segundo vistazo a un candidato que habían descartado, y volver competitiva la campaña en otoño.

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Debido a que estos debates tienen el potencial para afectar la carrera presidencial, los observadores justamente tienen curiosidad de lo que Trump ha hecho para prepararse para ellos. Después de todo, un proceso de preparación disciplinado y orientado para el debate fue lo que ayudó a Romney a ganar el primer duelo hace cuatro años, y podría ser lo mismo para Trump.

Por desgracia, “disciplinado” y “orientado” no son palabras que sean frecuentemente utilizadas para describir a Trump o a su campaña hasta la fecha. Si quiere que la campaña sea competitiva, Trump no tiene que igualar a Hillary Clinton palabra por palabra, y política por política en los próximos debates. Sin embargo, hay algunos objetivos en los que sí debe enfocar su preparación:

1. Fomentar la narrativa estratégica global de Clinton como no confiable y fuera de contacto. Trump debe entender que los debates electorales generales son, por encima de todo, una oportunidad para dibujar un marco poco favorecedor alrededor de su oponente. Cada declaración durante el debate, así como todos los intercambios de palabras, deben fomentar el argumento más fuerte de la campaña contra Clinton. Para Trump, el marco estratégico es bastante obvio: Clinton no es de confiar y no entiende las necesidades de los estadounidenses en todo el país. Para tener éxito, Trump debería tratar de revirar cada respuesta e intercambio contra esta premisa básica.

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2. Comprender el historial de Clinton y destacar solo los hechos. El largo historial de Clinton en el centro de la atención pública puede parecer una ventaja, pero Trump tiene que estar preparado para explotar las debilidades de su oponente de una manera que sea a la vez precisa y concisa. Trump tiene que dedicar su tiempo de preparación familiarizándose con los puntos que justifiquen su caracterización de la “deshonesta Hillary”. Sabiendo que su historial es clave porque hay muchas municiones que Trump puede utilizar para reforzar su argumento. Podría, por ejemplo, señalar la ahora desacreditada afirmación de Clinton de que ella no difundió información a través de su dirección de correo electrónico privado. El truco para él será evitar las teorías de conspiración (como las de la salud de Clinton) o simples declaraciones falsas. Claramente, Trump ha carecido de este tipo de disciplina hasta la fecha. Pero este tipo de errores no forzados durante el debate solamente darán a Clinton la capacidad para desacreditarlo o enturbiar las aguas con respecto a quién es más digno de confianza.

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3. Demostrar que tiene soluciones políticas para abordar los problemas que importan a los estadounidenses. Nadie espera que Trump se convierta en un nerd de la noche a la mañana, y el atractivo de su candidatura hasta la fecha ha tenido poco que ver con su experiencia en cuestiones de política. Pero los debates generales de la elección exigen que un candidato posea una comprensión de los desafíos de política que enfrenta Estados Unidos y una capacidad de articular soluciones para abordarlos. Un debate de uno-a-uno durante el transcurso de 90 minutos, en algún punto, requerirá que Trump participe en asuntos de política. No necesita ser el mayor experto del mundo en cualquier ámbito de la política, pero debe ser capaz de mostrar a los estadounidenses que tiene un plan y demostrar que su plan va a mejorar sus vidas. Este es particularmente el caso respecto a la política económica. La experiencia en los negocios de Trump será percibida por algunos votantes como una ventaja, mientras que la ansiedad económica que es resentida por muchos en todo el país coloca a Clinton —alguien que probablemente continúe las políticas económicas de Obama— en desventaja.

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4. Argumentar por qué las soluciones de Clinton no funcionarían. Del mismo modo en que Trump necesita estar familiarizado con sus propios planes, así también se beneficiaría de cierta familiaridad con cuáles son las propuestas de políticas de Clinton. Aquí, de nuevo, Trump no necesita comprender a detalle lo que Clinton está proponiendo. Solo debe poder argumentar por qué sus políticas podrían resultar en daños contra la economía o la posición de Estados Unidos en el mundo. Eso también significa caracterizarlas de una manera que obligue a Clinton a jugar a la defensiva en zonas donde no cuenta con experiencia y se supone que debe ser fuerte, como por ejemplo en la política exterior o en el cuidado de la salud.

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5. Mostrar que tiene el temperamento para ser presidente. Este es el más duro de los objetivos de preparación, y uno que presumiblemente Trump simplemente no podrá lograr. Un estudio reciente realizado por la Quinnipiac University encontró que el 71% de los posibles votantes cree que él no es “racional”. En contraste, el 62% de los posibles votantes creen que Clinton sí lo es. Eso encapsula el reto para Trump. Durante el primer debate, en particular, Clinton tratará de molestarlo y definitivamente demostrar que le falta el temperamento y el juicio para ser presidente. La tarea central de Trump es capear el temporal y hacer creer a los estadounidenses que puede ser un comandante en jefe que no siempre va a estar perdiendo la calma.

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Con el primer debate a menos de un mes de distancia, Trump tiene muchos preparativos que hacer si quiere tener éxito. Y hay buenas razones para ser escépticos acera de que este trabajo sea realizado. Pero la buena noticia para Trump y para su campaña es que un fuerte desempeño en el debate puede ayudar al público a imaginarlo como material presidencial y tal vez incluso a hacer esta elección competitiva de nuevo.

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