OPINIÓN: El 'gasolinazo', una señal de la crisis de fin de sexenio

Como prioridad de política económica, el próximo gobierno debe romper con los esquemas de privilegios de la industria petrolera e invertir en plantas de refinación de última generación.
Situación  Pemex solo cuenta con seis refinerías en México (Estados Unidos cuenta con 139 refinerías) y en ellas produce 41% de la demanda local de gasolina y el resto lo importa.  (Foto: Cuartoscuro)
IVÁN FRANCO

Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Síguelo en su cuenta de Twitter @IvanFranco555. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) – Para entender el 'gasolinazo' habría que remontarnos décadas atrás y analizar la desafortunada gestión de Petróleos Mexicanos (Pemex). El 'gasolinazo' tiene antecedentes y consecuencias que van más allá del discurso simplista sobre la libre competencia y la reforma energética, lo que sea que eso signifique.

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El 'gasolinazo' refleja la ineficiencia operativa y financiera de la industria petrolera, el cambio en el modelo de distribución de rentas petroleras y los viejos privilegios. Todo ello, cubierto con una envoltura de desinformación y engaño.

Por si esto fuera poco, el aumento al precio de los combustibles es una chispa que podrá desencadenar una crisis sexenal de esas que apenas comenzábamos a olvidar. El 'gasolinazo' viene en un mal momento económico y es como la gota que derrama el vaso de los excesos presupuestales de la presente administración.

Siendo una de las empresas petroleras líderes del mundo, Pemex solo cuenta con seis refinerías en México (Estados Unidos cuenta con 139 refinerías). En ellas produce 41% de la demanda local de gasolina y el resto lo importa.

Durante décadas, los dueños de la empresa que son, el gobierno, el PRI y la cúpula del sindicato, evitaron la inversión en refinerías para procesar el petróleo extraído en el país. En cambio, decidieron importar los combustibles en detrimento de las finanzas de Pemex.

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Con la liberalización del precio de la gasolina, parte del negocio de la importación cambia de manos. El gobierno ha decidido, con la venia de los otros partidos, ceder parte de la importación de gasolinas a empresas privadas. Un gravísimo error de administración y de visión estratégica de proporciones históricas.

El negocio de la gasolina es altamente rentable para el productor, más aún, cuando el productor es el dueño del insumo, en este caso del petróleo. En Estados Unidos el costo de refinación de un litro de gasolina es de sólo el 15% del costo total. Cualquier empresa del mundo soñaría con operar con el flujo de efectivo y con las utilidades que provee la industria petrolera de México.

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Con la liberalización de los precios de los combustibles, el gobierno se deshace del subsidio al consumidor, que equivale precisamente, al 'gasolinazo'. No obstante, el gobierno, con toda ventaja y deslealtad, sigue manteniendo intacto su porcentaje de impuestos IEPS e IVA a través de las más de 11,000 estaciones de todo el país.

En este mal llamado modelo de liberalización de precios, que en realidad es un nuevo modelo de distribución de rentas, los ganadores son: el gobierno, el grupo de empresas importadoras, los refinadores foráneos y uno que otro “intermediario”. Los perdedores son todos los consumidores, los empresarios de México y Pemex.

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Lo que resulta increíble es que, a pesar de la claridad del nuevo modelo de repartición de rentas del negocio de combustibles, el gobierno promueva un discurso falso.

¿Por qué el gasolinazo puede ser la chispa que encienda una crisis de fin de sexenio?

Los empresarios de México han declarado su disgusto con la liberalización de precios de los combustibles. Cuando los empresarios manifiestan sus expectativas sobre los precios tenemos que hacerles caso.

Precisamente porque en este proceso el control de la inflación comienza a aislarse del alcance de la política monetaria. Si los empresarios anuncian próximos aumentos de precios, significa que los márgenes de utilidad de las empresas están siendo lastimados por el aumento del costo de los insumos. Por ende, pueden esperarse incrementos de precios escalonados y encadenados a lo largo y ancho de las cadenas productivas. En otras palabras, aumentos desordenados y sorpresivos.

Hacer una previsión sobre el impacto del 'gasolinazo' en la inflación es complicado. La inflación de 2017 puede registrar un par de puntos arriba del objetivo, o incluso más. Esto ya no depende de un modelo de predicción de escritorio sino de los ajustes a miles de precios de la economía que se puedan realizar durante 2017. Decisiones a nivel individual. Si los empresarios cumplen, lo que sí podría esperarse es un rompimiento estructural de la tendencia de los precios en la economía. Porque la inflación pasará de ser un proceso de ajuste temporal a uno reajuste de expectativas variables.

Por otro lado, el precio del petróleo esperado para 2017 será de aproximadamente 51 dólares por barril, 18% superior al promedio de 2016. Con la política monetaria de Estados Unidos, el dólar promete fortalecerse con respecto al peso, algo que también impactará negativamente al precio de la gasolina importada. Solo en 2015, la pérdida cambiaria de Pemex fue de 154,000 millones de pesos.

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Pero la inflación no es todo el problema asociado con el 'gasolinazo'. En México, los fundamentales macroeconómicos se han deteriorado sensiblemente. La variable que amortigua tanto los choques externos como la volatilidad, el tipo de cambio, ya está pasando la factura a la economía real. Mayor inflación y tasas de interés, deterioro de la balanza de pagos, aumento de la deuda pública, calificaciones negativas, pérdida de confianza y deterioro del consumo, son algunas condiciones para detonar una crisis de fin de sexenio.

¿Y por qué de sexenio? Porque el daño a las variables ha ocurrido principalmente durante la presente administración. El chispazo ya está dándose con el 'gasolinazo' y el detonador puede venir en cualquier momento desde nuestro vecino del norte.

El costo de una crisis de fin de sexenio sería fatídico. Hay que evitarla. Una estrategia para proveer credibilidad y anclar las expectativas de inflación es renegociar los impuestos aplicables a la producción del combustible, en particular el elevado impuesto a la producción o IEPS. Revisar la composición de costos y utilidades que los nuevos importadores estarán generando por litro vendido, y en todo caso, trasladar parte de la carga impositiva a ellos.

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Como prioridad de política económica, el próximo gobierno debe romper con los esquemas de privilegios de la industria petrolera e invertir en plantas de refinación de última generación. Para que entonces sí podamos presumir que contamos con un mercado de combustibles más competitivo.

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