OPINIÓN: El que nunca se fue llegó a la Cancillería

Llevar a la Cancillería a un personaje que por sus antecedentes comparte el mismo desprestigio que su jefe político, se suma a las malas decisiones tomadas por el presidente de la República.
Luis Videgaray regresó el miércoles al gabinete de Peña Nieto, ahora como titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
El regreso  Luis Videgaray regresó el miércoles al gabinete de Peña Nieto, ahora como titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores.  (Foto: EFE)
Horacio Vives Segl / / Profesor del Departamento Académico de Ciencia Política del ITAM y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

Nota del editor: Horacio Vives Segl es Licenciado en Ciencia Política por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y doctor en Ciencia Política por la Universidad de Belgrano (Argentina). Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad del autor.

(Expansión) – Se confirmaron los rumores de los últimos días y el presidente de la República nombró a Luis Videgaray al frente de la Cancillería. Aquí un breve análisis.

No aprende de sus errores. El gobierno sigue sin tener ni un diagnóstico ni una estrategia clara para enfrentar a Donald Trump, que se convertirá en presidente de Estados Unidos el próximo 20 de enero.

El hecho de que el republicano haya ganado las elecciones de su país no cambia en nada la torpeza que significó haberlo invitado como candidato y rendirle entonces honores de jefe de Estado.

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El gobierno insiste en confundir ese hecho de colaboracionismo absurdo, como si se tratara de un acto visionario, y que el resultado electoral del 8 de noviembre en Estados Unidos terminó por darle la razón. Nada más equivocado.

Lealtades de hierro. Se equivocó quien pensaba que Videgaray había “caído en desgracia” tras su salida de Hacienda. Por el contrario, su nuevo nombramiento demuestra que se encuentra en el top five de los afectos del presidente.

Cuando se dieron en septiembre los anuncios sobre los relevos en el gabinete, el presidente no solo no dio una explicación pública sobre los motivos de la salida y de las futuras encomiendas, sino que le agradeció entusiasta su desempeño.

La historia política del canciller mexicano, Luis Videgaray Caso

Eso le permitió no hacerse responsable de la glosa del cuarto informe, de la presentación del paquete fiscal para 2017 (Presupuesto y Ley de Ingresos) y de los incrementos a las gasolinas, por mencionar algunos de los desafíos que tuvo que enfrentar su sucesor. Sin el desgaste de esos procesos, Enrique Peña lo regresa a su gabinete.

Cancillería económica. El mensaje más claro que se envió es que la Cancillería se va a avocar prioritaria, casi exclusivamente, a atender temas económicos. No es que eso esté necesariamente mal, al contrario.

Ante la amenaza de modificar los términos del TLCAN y de la parálisis en que se encuentran las negociaciones del TPP, es inminente que la agenda comercial se trata de una prioridad para México. Lo que no es adecuado es poner al frente al personaje que más se ha asociado a haber impulsado la visita de Trump de agosto pasado.

Considerando que Trump no ha modificado un ápice su abyecta plataforma contra México, es un error meter en la Cancillería a alguien cuya percepción pública es que dado ese antecedente, le va a hacer fácil la relación a Trump.

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Hubiera sido deseable que colocaran al frente de Relaciones Exteriores a alguien que se plantara desde un lugar distinto, de mayor arrojo por defender a los mexicanos y sus intereses, y que inclusive pudiera establecer vínculos con otros países como Alemania, Brasil y China, para enfrentar a esa amenaza común.

Pero no. Se optó por el que cree que tiene una cierta interlocución que puede dar algún resultado. En ese sentido, tal vez, hubiera sido mejor decisión dejar a Videgaray en un bajo perfil, haciendo mancuerna con José Antonio Meade para atender la problemática comercial.

Servicio Exterior. Suele ocurrir más allá de lo deseable que los titulares en los gabinetes presidenciales sean nombrados más por su cercanía con el presidente, que por capacidades técnicas en la secretaría respectiva u otros adecuados talentos políticos.

Este gobierno no se ha cansado de dar muestras del primer caso, siendo tal vez el más lamentable el de la Sedesol. Quitando los indiscutibles méritos que como servidor público tiene José Antonio Meade, al frente de la Cancillería se han designado a titulares cuyo denominador común es el desconocimiento de la Secretaría que llegan a asumir.

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Desde Patricia Espinosa, no ha estado al frente de la Cancillería un embajador de carrera. Afortunadamente, la fortaleza del servicio exterior reside en la capacidad y formación de los cuadros del servicio civil de carrera y va más allá de los vaivenes gubernamentales. Pero en nada ayuda a la dependencia un nombramiento como el de Videgaray.

En suma. En un momento que es crítico en la relación con Estados Unidos, donde se requieren liderazgos que se planten con mayor firmeza y menos colaboración ante la amenaza que representa Trump para defender a los mexicanos y sus intereses donde sea que se encuentren, llevar a la Cancillería a un personaje que por sus antecedentes comparte el mismo desprestigio que su jefe político, se suma a las malas decisiones tomadas por el presidente de la República.

Menos aún ayuda ante el complicadísimo principio de año 2017 que enfrenta México, de fuerte efervescencia social, en el que en los primeros días se han presentado por todo el país protestas por la escasez en la distribución y los incrementos en precios de las gasolinas, y el saqueo y cierre de tiendas y supermercados.

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Pareciera que quiere hacerse más empinada la cuesta —política— de enero.

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