OPINIÓN: Valor de remesas y depreciación del peso, dos hechos unidos por el mito

Los datos duros indican que no existe una correlación definida entre un mayor monto de remesas y debilidad de la moneda mexicana.
Dólar-peso  Dejar caer al peso no es una medida que pueda ser usada para incentivar el arribo de más remesas.  (Foto: iStock by Getty Images)
Alfredo Coutiño

Nota del editor: Alfredo Coutiño es director para América Latina en Moody’s Analytics. Las ideas expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) — Generalmente se argumenta que las remesas hacia el país aumentan cuando el peso se deprecia, esto porque las familias receptoras reciben más pesos por el mismo dólar. Sin embargo, ni la evidencia empírica ni el comportamiento de los inmigrantes validan dicha aseveración.

El valor de las remesas en dólares aumentó a lo largo del 2016 a una tasa superior a la de los últimos diez años, creciendo 8.8% en el año y solo superado por el avance de casi 18% registrado en 2006. El argumento más socorrido para explicarlo es que la depreciación del peso ––generada por la aversión al riesgo–– hizo que los mexicanos en el exterior enviaran más dólares a sus familiares en México. La realidad no confirma dicho argumento.

Es muy posible que ante la amenaza estadounidense de confiscar las remesas o de gravarlas, los mexicanos inmigrantes se anticiparan a enviar más dinero al país. Pero esto, poco o nada tuvo que ver con la debilidad del peso. Más bien la caída del peso fue una consecuencia de la amenaza trumpista.

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Existen dos argumentos sólidos para desechar al tipo de cambio como determinante de las remesas, además de la evidencia empírica que lo descarta. En primer lugar, la cantidad de dólares a enviar la determina el trabajador en el exterior en base a su empleo y salario, más no el receptor en México que recibe pesos. En segundo lugar, cuando el enviador determina la cantidad de dólares a mandar, ni se entera ni le preocupa la paridad del peso contra el dólar.

La realidad del mexicano en los Estados Unidos demuestra que lo más común es que siempre intenta mandar la misma cantidad de dólares cada mes, porque eso es lo que le permite su salario en dólares independientemente de la situación del peso. Incluso, el inmigrante más enterado, al saber que su familia recibirá más pesos, puede tomar la decisión de reducir la cantidad de dólares no aumentarla. Esto da una indicación de que la debilidad del peso no solo no es determinante del monto de remesas, sino incluso puede inducir a una reducción del monto del envío en dólares.

Por otro lado, los datos duros indican que no existe una correlación definida entre un mayor monto de remesas y debilidad del peso. Existen tres casos empíricos que demuestran la insignificancia del tipo de cambio en la determinación de las remesas, al menos en los últimos ocho años.

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Primero, durante la recesión del 2009, las remesas se desplomaron mientras el tipo de cambio sufrió una depreciación significativa, así demostrando que las remesas dependen más del empleo y salarios en los Estados Unidos y no del destino del peso (ver gráfica anexa). Segundo, del 2010 al 2014 la paridad cambiaria se mantuvo relativamente estable, mientras las remesas mostraron una tendencia al alza, nuevamente impulsadas por el avance económico estadounidense y nada que ver con el peso.

Tercero, en el 2015 y 2016 las remesas continuaron avanzando mientras el peso efectivamente perdió terreno. Sin embargo, el mayor avance de las remesas se dio en el 2016 cuando el fenómeno Trump empezó a ganar fuerza y con ello aumentó el riesgo para las remesas. Así, el avance en las remesas obedeció más a envíos anticipados ante la amenaza de confiscación, y no al debilitamiento del peso que fue más que nada una consecuencia de la victoria trumpista.

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Los datos de número de remesas y remesas promedio tampoco apoyan la relevancia del tipo de cambio. Por ejemplo, tomando como referencia el 2014 que fue un año de relativa estabilidad cambiaria, el número de transacciones aumentó 5%. Sin embargo, en el 2015 con una depreciación promedio de 16%, el número de remesas aumentó el mismo 5%, cuando debieron aumentar más bajo el argumento de depreciación cambiaria. Incluso, el hecho de que el monto promedio de dólares enviado por cada remesa disminuyó ligeramente en el 2015, indica que un peso depreciado no tuvo efecto significativo en el número de transacciones ni en el monto de dólares enviado por cada remesa.

Las implicación de política económica está en que dejar caer al peso no es una medida que pueda ser usada para incentivar el arribo de más remesas, como tampoco para neutralizar su reducción ante la amenaza de confiscación por parte del gobierno estadounidense.

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