OPINIÓN: La verdadera historia detrás de los problemas del CEO de Uber

Es poco probable que la mala conducta cambie si las empresas como Uber no adoptan un modelo de gobierno corporativo más estricto.
Control absoluto  La estructura de acciones de Uber no es del dominio público, pero Kalanick controla a Uber completamente, incluso al consejo de administración.  (Foto: EFE)
PETER SIMS

Nota del editor: Peter Sims fue inversionista en capitales de riesgo. Es empresario y autor de los libros Little Bets y True North. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Es triste decir que en el Silicon Valley de la actualidad, a nadie le sorprenden los acontecimientos recientes en Uber, entre ellos las acusaciones de acoso sexual o el video en el que se ve al cofundador y director ejecutivo de Uber reprendiendo a un conductor de la empresa.

Estos son tan solo los más recientes en una larga lista de incidentes en una empresa que ha preferido la disrupción por sobre la comunidad y que ha dado prioridad al dinero, el poder y el control, dejando a un lado la moralidad.

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La pregunta obligada es: ¿cómo puede una empresa como Uber salirse con la suya con una conducta tan atroz, una y otra vez? Uber es el ejemplo de esta era en Silicon Valley: mientras el negocio crezca, las empresas pueden ser amorales en el mejor de los casos e inmorales en el peor. Si las empresas como Uber no adoptan un modelo de gobierno corporativo más estricto, es poco probable que las cosas cambien.

Pero primero, algo de contexto.

Tengo experiencia personal con la empresa. Al igual que muchas personas, al principio me encantó el servicio de Uber. Luego, una noche en 2011, me encontraba a bordo de un uber en Nueva York cuando empecé a recibir mensajes de texto de una mujer a la que había visto una sola vez.

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Me iba mencionando mi ubicación exacta, calle por calle. Sobresaltado, miré a mi alrededor para ver si estaba en alguno de los autos cercanos. Resultó que estaba en un evento de presentación de las operaciones de Uber en Chicago y mi identidad estaba desplegada en una pantalla junto con la de otros "personajes notables del mundo de la tecnología", de acuerdo con su descripción.

Furioso por la violación a mi privacidad, dejé de usar Uber de inmediato. Más adelante, tras ver que Uber hizo una serie de cosas poco éticas, tales como crear y cancelar 5,550 viajes en Lyft, hice un artículo sobre mi experiencia y cuestioné la confiabilidad de Uber.

Cuando ese artículo se hizo viral, un editor me sugirió que me comunicara con Travis Kalanick, cofundador y director ejecutivo de Uber, para darle la oportunidad de responder. Lo hice, pero nunca respondió mis correos electrónicos.

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Todos saben que Kalanick, quien moldea activamente la cultura de Uber, es famoso por tratar a las personas como medios para alcanzar un fin. Los colegas de Kalanick me han dicho rutinariamente que la cultura de la empresa es "tóxica".

No podemos hacer más que imaginarnos lo que es ser mujer en Uber. Las demandas se acumularán tarde o temprano y tal vez eso sea lo único que cambie a Uber.

La verdadera historia de la conducta atroz en Uber comienza con un gobierno corporativo débil, especialmente en una época en la que algunos de los fundadores de las empresas de Silicon Valley tienen control casi total de sus empresas.

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Larry Page y Sergey Brin, fundadores de Google, popularizaron la "estructura de acciones de tres tipos", con la que sus acciones tienen 10 veces más poder de voto que las acciones comunes y las acciones de los empleados carecen de derecho al voto. Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, siguió el ejemplo, lo que le permitió mantener el control, al igual que Snap cuando se preparó para su oferta pública inicial.

Estas estructuras les quitan el poder a todos y lo concentran en los fundadores.

La estructura de acciones de Uber no es del dominio público, pero no se confundan: Kalanick controla a Uber completamente, incluso al consejo de administración. Tres de los miembros del consejo, entre ellos Kalanick, son parte de un círculo muy cerrado, incluido otro de los miembros del infame "A-team" (colegas varones que piensan como él).

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Otra de los miembros más recientes del consejo, Arianna Huffington, quiere abordar las acusaciones de acoso, pero según me dicen, su poder en el consejo se limita a su relación cercana con Kalanick. Ni siquiera estoy seguro de que el consejo de Uber, incluido el inversionista en capitales de riesgo Bill Gurley, de Benchmark, pueda despedir a Kalanick.

Pero eso es exactamente lo que tiene que pasar. Un pescado se pudre desde la cabeza y los problemas de Uber comienzan con Kalanick. Silicon Valley no es muy bueno para reflexionar sobre sus propios actos, pero los accionistas permiten que los fundadores y las empresas tóxicas se salgan con la suya.

El influyente inversionista benefactor Chris Sacca, de quien se dice que tuvo un desacuerdo personal con Kalanick hace algún tiempo, posee el 4% de Uber. A finales de febrero, Sacca le envió un tuit a Susan Fowler, cuyo blog sobre acoso mientras trabajaba en Uber desató la tormenta de relaciones públicas más reciente.

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"Esto es terrible. Lamento mucho que te haya pasado. No puedo imaginarme qué sentiste ni cómo te sientes ahora". Cuando en otro tuit le preguntaron qué pueden hacer de ahora en adelante los inversionistas de Uber (incluido él), Sacca respondió: "Bueno, como tal vez hayas leído, no tengo ninguna injerencia en el manejo de la empresa. Frustrante".

Qué evasión tan endeble. Sacca no dudó en usar un blog personal para opinar sobre Twitter, empresa en la que también invirtió. Desató una tormenta mediática al escribir un manifiesto de 8,500 palabras sobre lo que Twitter debería hacer. Se consideró una crítica directa a Dick Costolo, el entonces director ejecutivo de Twitter, quien renunció una semana más tarde.

Si Sacca se siente tan frustrado por la situación actual en Uber, ¿en dónde está el manifiesto al respecto? Quiero leerlo. La diferencia obvia entre lo que pasa hoy con Uber y lo que pasó con Twitter es que Twitter estaba en problemas, mientras que Uber sigue dando resultados.

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Quienes permiten que Uber se salga con la suya evidentemente están concentrados en recibir las ganancias algún día. Sus acciones muestran que, fuera de algunas raras excepciones, los inversionistas de Uber seguirán sin decir nada en público, sin importar lo atroz que sea el incidente. O que lo defenderán, como lo ha hecho Jason Calacanis, fundador de Inside.com e inversionista de Uber, al decir a CNBC que Kalanick "va a volverse uno de esos CEO legendarios que hemos visto, como Bill Gates… las personas no son perfectas, necesitan mejorar y creo que él va por ese camino".

En esta era, el dinero suele triunfar sobre cualquier cosa en Silicon Valley y en gran parte de Estados Unidos. Si solamente respetas tus principios cuando te beneficia económicamente, entonces no tienes principios.

Si tan solo Silicon Valley analizara mejor sus actos.

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Yo estaba presente cuando Uber comenzó. Una noche de 2009, en un pequeño bar de jazz en la calle Fillmore, en San Francisco, Garrett Camp, cofundador de Uber, un tipo muy creativo, me mostró el primer prototipo de la aplicación de Uber. En ese entonces, un simple par de puntos rojos titilantes representaban a dos autos negros en San Francisco. Esa noche, ninguno pudo imaginarse la gran oportunidad que se avecinaba.

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Así que para no desaprovechar esa oportunidad, este es el momento para que una nueva generación de líderes adultos tome las riendas con el fin de que se hagan los cambios necesarios. Creo que Uber puede cambiar, pero antes, Travis Kalanick tiene que marcharse. En la empresa hay personas y líderes impresionantes y muy talentosos. Si no pueden descubrirlos porque una sola persona controla todo, entonces todos deberíamos estar muy preocupados.

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