OPINIÓN: El presidente de Estados Unidos trafica con teorías de la conspiración

En este mundo tumultuoso, la gente siempre puede caer en la tentación de afirmar que una fuerza malévola está manipulando los acontecimientos.
Estrategia  Donald Trump ha llevado a las esferas más altas del poder el arte de culpar a las fuerzas oscuras de lo que pasa en nuestro mundo, afirman analistas.  (Foto: AFP)
JULIAN ZELIZER

Nota del editor: Julian Zelizer es profesor de Historia y Asuntos Públicos en la Universidad de Princeton, además de miembro numerario de New America. Escribió los libros Jimmy Carter y The Fierce Urgency of Now: Lyndon Johnson, Congress, and the Battle for the Great Society. También es conductor del podcast Politics & Polls. Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad del autor.

(CNN) — El presidente de Estados Unidos trafica con teorías de la conspiración. Donald Trump ha llevado a las esferas más altas del poder el arte de culpar a las fuerzas oscuras de lo que pasa en nuestro mundo.

El sábado 4 de marzo, mientras enfrentaba la crisis política que se desarrollaba como resultado del contacto de sus asesores con funcionarios rusos (en un punto en el que las agencias de recopilación de inteligencia coinciden en que los rusos intervinieron sistemáticamente en las elecciones presidenciales estadounidenses), encontró a alguien más a quien culpar. "Qué bajo cayó el presidente Obama al intervenir mis teléfonos durante el muy sagrado proceso electoral. Esto es como Nixon y Watergate. ¡Qué tipo tan malo (o enfermo)!", tuiteó.

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En otro tuit, escribió: "¡Apuesto que un buen abogado tendría muy buenos argumentos con el hecho de que el presidente Obama intervino mis teléfonos en octubre, justo antes de las elecciones!". Tal vez la fuente de sus acusaciones hayan sido las transmisiones radiofónicas de los conductores conservadores Mark Levin y Rush Limbaugh, así como un artículo que Joel Pollack publicó en Breitbart. No hay pruebas que respalden las acusaciones de intervención de comunicaciones y tanto el portavoz de Obama como los antiguos miembros de su administración lo han negado.

Las teorías de la conspiración siempre han sido parte de la política estadounidense. El historiador Richard Hofstadter se hizo famoso al contemplarlas como parte esencial del estudio de la política estadounidense. Capturó mejor esta teoría en el artículo The Paranoid Style in American Politics (El estilo paranoico de la política estadounidense), que publicó en la revista Harper's Magazine en 1964, en el que escribió sobre cómo varios movimientos políticos han usado las teorías de la conspiración a lo largo de la historia del país.

Hofstadter fue un historiador que escribió en pleno macartismo, en la década de 1950, y que atestiguó el auge de la derecha radical en la campaña presidencial del republicano Barry Goldwater. Le interesaba mucho esta parte subyacente del conservadurismo.

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"La política estadounidense suele ser una arena para las mentes iracundas", escribió Hofstadter al principio de su artículo. Escribió que "para el portavoz paranoico, el enemigo está delineado claramente: es un modelo perfecto de malicia, una especie de superhombre amoral: siniestro, omnipresente, poderoso, cruel, sensual y amante de los lujos".

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Así es como a Trump le gusta explicar el mundo. No sorprende que se haya hecho de un nombre en la política en 2011 y 2012 al ponerse a la vanguardia del movimiento Birther, que afirmaba falsamente que el presidente Obama en realidad no había nacido en Estados Unidos. No sabemos si Trump creía en esa causa o no. Tampoco sabemos si realmente cree que Obama intervino sus comunicaciones o si es realmente tan paranoico como parece. Pero lo que sabemos sin lugar a dudas es que usa la retórica de la conspiración para convencer al público de su argumento.

Toda la campaña presidencial de Trump giró alrededor de presuntas conspiraciones masivas diversas. "La torcida Hillary", como llamaba a su oponente, había usado su correo electrónico privado para hablar de información confidencial y se lo había ocultado al público.

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Dijo que todos los medios de comunicación estaban "amañados" y trató de echar a perder la campaña de los demócratas mientras disfrutaba de la atención y la cobertura interminable de los medios de comunicación para cada declaración que hacía.

Durante los últimos días de la campaña, transformó la crítica populista de Bernie Sanders (que se refiere a la forma en la que las políticas financieras y económicas afectan a los pobres) en un comercial de campaña con tintes antisemitas en los que se mostró el rostro de algunos funcionarios judíos prominentes, además de un discurso sobre la élite económica mundial.

Trump sigue usando a los medios como arma y ahora los culpa de difundir "noticias falsas" que opacan todos y cada uno de sus supuestos logros: la cantidad de personas que asistió a su toma de posesión; el resultado "real" de las elecciones, o su "éxito" político en los primeros 100 días de su mandato. Trump designó a Michael Flynn como asesor de Seguridad Nacional a pesar de que Flynn había retuiteado constantemente toda clase de teorías de la conspiración procedentes de comentaristas y articulistas chiflados.

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Trump afirmó que la prensa se había negado a cubrir algunos ataques terroristas. Habló de acontecimientos horribles en Suecia que nunca ocurrieron. Acusó a los refugiados de inundar las costas estadounidenses con la intención de perpetrar ataques terroristas masivos en el país.

A menudo se ha inspirado en las teorías de la conspiración de Alex Jones, un conductor de radio que opera en los límites de la política. Mientras los manifestantes encaran a los legisladores republicanos en las asambleas relativas a la ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio, Trump culpa a los "activistas liberales" de despertar la furia. Incluso dijo en el programa Fox and Friends que Obama tenía la culpa de las reacciones.

Trump ha dado su aprobación tácita a quienes proponen teorías de la conspiración, como cuando quitó las referencias a los judíos en su discurso del Día de Conmemoración del Holocausto, en contra de las recomendaciones del Departamento de Estado. Con ello, dio argumentos a quienes han afirmado que la comunidad judía inventó este genocidio.

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El que el presidente de Estados Unidos use las conspiraciones como parte central de su discurso es extraordinariamente peligroso. Al hacerlo, Trump da credibilidad y legitimidad a la clase de argumentos que generan ira y desconfianza, así como desinformación total… en este caso haciendo una acusación infundada en contra de un expresidente de Estados Unidos. Irónicamente, recurrió a una de las principales estrategias del macartismo al tiempo que acusó que es víctima de esa clase de tácticas.

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El que se concentre tanto en las conspiraciones también desvía su atención de los temas políticos graves a los que el país se enfrenta. Mientras saca provecho de la campaña, la clase media sufre económicamente y el país se enfrenta amenazas graves a la seguridad interna y a la de los aliados de Estados Unidos.

No obstante, Trump está tan ocupado exponiendo las historias "verdaderas" que se están ocultando (y explicando por qué el exgobernador Arnold Schwarzenegger saldrá del programa de televisión The Apprentice), que está dejando que el tiempo para que los republicanos logren algo con un gobierno unido se agote rápidamente.

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A lo largo de las pasadas dos semanas, y particularmente en lo que respecta al escándalo de la intervención rusa, ha habido más personalidades políticas dispuestas a denunciar a Trump y a su administración, así como a desafiar la forma en la que se conduce en la presidencia. Pero no será fácil combatir su enfoque. Como explicó Hofstadter, esta clase de discurso tiene raíces arraigadas en la historia estadounidense y ahora hay un presidente que acepta esta tradición en vez de rechazarla, con lo que a sus oponentes les cuesta entablar discusiones racionales y tratar de ganar debates políticos basados en hechos.

Claro que si hubiera habido intervención a las comunicaciones, las cosas probablemente serían peores para Trump. Como informó el diario estadounidense The New York Times, eso significaría que un juez federal habría llegado a la conclusión de que el Departamento de Justicia encontró pruebas suficientes de que había razones para creer que Trump podría ser culpable de un delito grave o de una violación a la seguridad nacional.

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En este mundo tumultuoso, la gente siempre puede caer en la tentación de afirmar que una fuerza malévola está manipulando los acontecimientos. Sin embargo, en este caso, la persona que está haciendo esas afirmaciones irresponsables es el líder del gobierno estadounidense. El presidente no le está diciendo la verdad al pueblo. En vista de esta realidad, la salud de la democracia estadounidense está en riesgo.

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